lunes, 8 de octubre de 2012

La maldición de Heráclito

Pensaba dedicar mi próxima entrada al premio Versatile Blogger que me concedieron amablemente las chicas de Envidien mi boda, pero me ha surgido otro tema de manera inesperada... Es el problema de funcionar a golpes de inspiración. 

En fin, vamos al tema. Si alguien a estas alturas no sabe que me gusta el heavy metal, es que no me conoce y es la primera vez que se encuentra este blog XD. Siguiendo la racha de revival que llevo últimamente, este fin de semana he visto The Decline of Western Civilization II: The Metal Years. "¿Ein? ¿Ezo qué é?" Pues es un documental que dirigió entre 1987 y 1988 Penelope Spheeris, la directora de Wayne's World, aquella película en la que, en tono de comedia americana boba pero graciosa (sobre todo para los que nos gusta el heavy metal, claro :P) se parodiaba sin hacer demasiada sangre el mundillo del heavy metal de finales de los 80. Supongo que sin pretenderlo, el documental que Spheeris dirigió justo antes y que retrata principalmente la escena glam metal de Los Ángeles en esos dos años, también resulta un poco paródico, aunque sea involuntariamente. Dejando aparte escenas inefables como un Chris Holmes (el guitarrista de siempre de los W.A.S.P.) poniéndose chuzo perdido de vodka en una piscina ante la mirada aterrorizada de su madre, que hace lo que puede por poner cara de póquer, o el fracasado intento de un pasadísimo Ozzy Osbourne (en su estado habitual, vamos) de freír unos huevos en una cocina que ni siquiera era la suya mientras comenta que la sobriedad es una p*** m*****, el documental no deja de ser bastante limitado en cuanto a que retrata sólo una parte muy concreta, por mucho éxito que tuviera en su momento, del mundo del heavy metal y no profundiza mucho más allá de los tópicos de siempre (las drogas son malas, todos quieren ser estrellas de rock pero no por el dinero sino porque su vida es el rock'n'roll, el ambiente metalero es muy machista...). Tal vez la única excepción es la breve pero relevante intervención de Dave Mustaine y su grupo, Megadeth, al final del documental, poniendo algunos puntos sobre las íes. No es que Dave Mustaine sea un modelo de modestia y contención, pero al menos en esta ocasión habla con bastante sentido común. El caso es que es de los pocos músicos que intervienen en el documental que al cabo del tiempo ha continuado una carrera bastante coherente y cuenta con una gran base de fans. 


Pero hay algo que, veinticinco años después, le da al documental una dimensión inesperada. No es más que eso, el paso del tiempo, pero es algo que nos afecta a todos, así que me ha dejado un regusto agridulce que necesitaba expresar. Además de entrevistar a músicos célebres como Steven Tyler y Joe Perry de Aerosmith, Paul Stanley y Gene Simmons de Kiss o Dios (es decir, Lemmy Kilmister de Motorhead), Spheeris también dedica una buena parte del documental a grupos emergentes como London, Seduce u Odin. De éstos sólo me sonaban los London como cantera de músicos que luego formaron parte de otros grupos que sí alcanzaron la fama, como Guns'n'Roses o L.A. Guns, pero en la vida había oído hablar de los otros dos. Obviamente, no debieron de conseguir su objetivo de hacerse mundialmente famosos. Desde esa perspectiva, resulta especialmente patética la entrevista al cantante de Odin. El pobre intenta dar una imagen tan guay de "nacido para ser una estrella" que da pena. Entre otras perlas, cuenta que se ha intentado suicidar alguna vez, y da a entender que si no consigue ser una estrella del rock ultrafamosa en un plazo de un par de años a lo sumo, probablemente vuelva a intentar quitarse la vida, porque no quiere ni puede hacer otra cosa. Casi prefiero no saber qué fue del pobre tipo.  Los miembros de otros grupos no son tan radicales, pero todos coinciden en su convencimiento de que ser estrellas del rock es su único objetivo vital y nada más merece la pena. Unos pocos lo consiguieron, como las Vixen, que aparecen brevemente y todavía hoy siguen en activo. Pero supongo que la mayoría habrán acabado viviendo de esos trabajos rutinarios que tanto aborrecían, y eso con suerte. Los pobres no se daban cuenta de que necesitaban algo más que muchos sprays de laca y su fe inquebrantable en que podían conseguir lo que quisieran si se lo proponían para triunfar. La mayoría eran pipiolos de veinte o veintipocos años que creían que serían eternamente jóvenes y cool y que seguirían divirtiéndose para siempre en fiestas glam repletas de alcohol, drogas y chicas fáciles. No tenían ni idea de que en un escaso par de años el grunge los arrasaría como una apisonadora.  

Tal vez a otros esa paradoja sólo les produzca risa. A mí me da un poco de lástima, porque me identifico en parte con ellos. Al fin y al cabo es algo universal; cuando somos jóvenes creemos que, una vez alcancemos ese estado ideal al que aspiramos en nuestros sueños adolescentes, permaneceremos en él felices para siempre. Seguramente todos o casi todos hemos soñado con prolongar eternamente una adolescencia perfecta en la que el grupo de amigos es inquebrantable, las fiestas y los fines de semana son eternos y podemos hacer por fin lo que queramos. Yo creía firmemente que seguiría llevando mis pintas heavies toda la vida, que pasaría todos los fines de semana en Canciller con mis  amigos y que podría ir al festival de Donington siempre que quisiera. Ay...

No es que me lamente de no haber conseguido mis sueños adolescentes. Lo que tengo ahora es distinto, pero no por ello es peor. Sólo siento cierta melancolía por aquella adolescente tan ingenua que fui, y por esos ídolos tan efímeros como mi juventud. ¿Qué me diría a mí misma si pudiera viajar al pasado? No lo sé. Lo único que ahora sé es que nada es inmutable, todo cambia, como dice el famoso axioma de Heráclito: "Nunca te bañarás dos veces en el mismo río". A los seres humanos nos cuesta aceptarlo, y la forma en que la vida nos lo enseña nos suele resultar dolorosa, pero una vez lo aceptas, supongo que lo mejor es responder con otro famoso lema: "Carpe diem". Lo cual no quita para que siga afirmando: ¡Larga vida al heavy metal!

4 comentarios:

  1. Los dorados años ochenta del Heavy Metal, anda que no salieron grupos en aquellos años y, aunque muchos de ellos, se hicieron grandes, en el camino se quedaron muchos más y también están aquellos que tuvieron éxito, lo dejaron, porque ya la moda había pasado y ahora, al cabo de los años vuelven, en muchos casos de una forma que da lástima de ver lo que fueron y lo que son, pero a pesar de todo el Heavy no ha muerto ni morirá. Larga vida al Metal!!

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    1. Tú lo has dicho, las modas llegarán y pasarán, pero el heavy no morirá ^^. ¡Larga vida!

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  2. Heavy rules!!
    Al menos mientras que Robert Downey Jr siga luciendo camisetas de Black Sabbath en Avengers, y los temas principales de Iron Man sean heavys.
    Sigue soñando, es gratis...por el momento, y quizás los sueños no sean realidad, pero ayudan a sobrellevarla.

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    1. Por supuesto, siempre hay que seguir teniendo sueños, es lo que nos impulsa :).

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