jueves, 22 de mayo de 2014

Vota, coño, vota

Ayer, después de mucho tiempo, leí "¡Indignaos!", de Stéphane Hessel. Diréis: "a buenas horas". Pues sí, a buenas horas XD. Lo tenía en casa desde hace bastante tiempo, pero entre otras lecturas pendientes y el poco tiempo que me deja Eric para leer, lo iba postergando, y no será porque no se lee rápido. De hecho, me lo ventilé ayer en el metro, mientras salía a arreglar papeleos varios y el niño se quedaba a cargo de mis suegros. Es curioso, mientras lo leía tenía la sensación de que todo lo que este hombre exponía en su ensayo era tan de sentido común y tan sencillo y evidente que no me explicaba por qué fue tal bombazo cuando se publicó. Pero después me di cuenta de que, al fin y al cabo, lo he leído muy a toro pasado, tres años después del 15 M, cuando todas sus tesis y otras cuantas más han sido debatidas hasta la saciedad. Ahora parece que todo el mundo cuestiona el sistema vigente, que se pone en duda la legitimidad de las instituciones más sacrosantas y se replantean ideas antes comúnmente aceptadas como verdades indiscutibles. 

Mucho más carisma que Cañete, dónde va a parar
Pero, pensándolo bien, antes de que la crisis sacara a la luz todas nuestras miserias y de que el señor Hessel y otros (al principio, pocos) llamaran la atención sobre la necesidad de replantearnos nuestra forma de vida, ¿quién reparaba en ello? ¿Cuándo se empezó a cuestionar en público y de forma masiva si era necesario mantener una institución como la monarquía? ¿Cuándo se empezaron a levantar voces contra el sistema electoral vigente y el bipartidismo que se sustenta en él? ¿Cuándo comenzó a decirse en voz alta que la Constitución de 1978 no es intocable? ¿Que el sistema capitalista especulativo actual es un callejón sin salida? ¿Que no es normal que tengas que endeudarte hasta la jubilación (si es que llegas a tenerla) para pagar tu casa, y que si no puedes pagarla la perderás pero deberás seguir pagando al banco? ¿Que el gobierno tiene que enterarse de una vez que España es un estado aconfesional y que por tanto no debería dar apoyo económico a la Iglesia católica ni a ninguna otra? ¿Que somos las mujeres las que tenemos que decidir qué hacer con nuestros propios cuerpos y no debería haber marcha atrás en este y otros derechos fundamentales?  ¿Que los servicios de la administración pública, la sanidad, la educación, etc., no deben ser valorados por su rentabilidad monetaria sino por el beneficio que representan para toda la sociedad? 

Un clásico que no pierde vigencia
Ya me gustaría poder votarle... 
Es verdad, llevamos ya varios años inmersos en estas discusiones. Y menos mal, porque antes ni se planteaban, y ya era hora. Pero precisamente porque no sólo no están resueltas sino que quieren que dejemos de discutir y nos quedemos calladitos, hay que votar (aparte de otras muchas cosas). Personalmente no votaré a ninguno de los partidos mayoritarios; eso es lo único que tengo claro, porque aún no sé a qué partido votar de los nuevos que han surgido en los últimos tiempos: es difícil desbrozar el populismo y la demagogia de las propuestas realmente nuevas y honestas. Pero votaré. Y más os valdría votar a todos vosotros también. A quien queráis. Incluso si queréis votar al PPSOE o a cualquiera de los partidos ya establecidos y con escaños, aunque no me parezca precisamente coherente si lo que queremos es salir del hoyo y no repetir los errores del pasado, pero no soy quién para deciros a quién tenéis que votar. Nadie lo es. Pero sí puedo deciros, porque como conciudadana vuestra las decisiones que toméis también me afectan a mí, que votéis. Porque si el día 25 vuelven a repartirse los escaños (europeos en este caso, pero eh, que las elecciones europeas sí importan, ¿o acaso no os habéis acordado de la familia de la señora Merkel unas cuantas  veces desde el 2008?) los mismos de siempre, bien sea porque no votéis, bien porque les votéis otra vez hagan lo que hagan, las consecuencias las sufriremos todos. 

Además, si hace bueno, luego os podéis ir de cañas. Ea.