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sábado, 4 de mayo de 2019

Sin orden ni conciertos

Aquí estoy otra vez. Si alguien aún me lee y se ha fijado, he cambiado el fondo y los colores del blog. Llevaba años con los mismos y ya me aburrían, así que tocaba un cambio. Espero que os guste, y que a mí me convenza y no me dé por cambiarlo dentro de dos días. Bueno, tampoco pasa nada si lo cambio otra vez, ¿no? El blog es mío :P.

Desde hace poco tiempo estoy volviendo a tener vida social, pero todavía ando un poco descoordinada. Hoy quería haber ido a ver a los Corvus Corax, que actúan en la fiesta medieval de El Álamo, pero se me ha cruzado un compromiso previo del que no me había enterado bien a qué hora lo tenía (típico caso de teléfono escacharrado) y no ha podido ser. Me da pena no verlos, pero bueno, otra vez será, y si no, más se perdió en la guerra. El caso es que me ha dado por pensar en otros conciertos a los que en su momento no pude ir por diversos motivos, así que se me ha ocurrido escribir sobre esos conciertos a los que me encantaría ir si pudiera viajar en el tiempo. Unos son conciertos históricos, otros no tanto pero sí me dolió perdérmelos, pero con todos habría deseado tener ese giratiempos tan útil que le prestaron a Hermione Granger en "El prisionero de Azkaban" (bueno, para ir a conciertos y para tantas otras cosas...). En fin, sin más preámbulos, ahí voy con los 

CONCIERTOS QUE ME PERDÍ 

1. Festival Monsters of Rock: Donington, 1987 y 1988.   

Ahora hay festivales de metal en todas partes, pero en los años 80 sólo había un festival para los amantes del heavy: el Monsters of Rock que se celebraba en Donington Park, un circuito automovilístico del Reino Unido. Todos los años que se celebró presentó carteles espectaculares, pero me habría hecho especial ilusión ir en esos dos años. Al lorito los grupos que se reunieron en esas ediciones:


El año 88 fue un poco nefasto. Se produjo una avalancha durante el concierto de Guns'n'Roses y dos chicos murieron, por lo que las autoridades locales prohibieron que al año siguiente se celebrara el festival, que volvió en 1990. Para entonces todo había cambiado, la gente empezó a preferir a nuevos grupos musicales con estilos diferentes y el último festival se celebró en 1996. Pero a pesar de todo, no me digáis que no molaría ver a Iron Maiden, Dio, Metallica, Helloween o Bon Jovi en la cumbre de sus carreras. Ays. A mí me pilló muy jovencita, aún era menor de edad y no tenía dinero (por no hablar de permiso paterno) para ir a conciertos. Pero soñaba con ir algún día a Donington. En fin.

2. Conciertos de Queen en el estadio de Wembley, 11 y 12 de julio de 1986.


Otros dos conciertos míticos donde los haya. Como sabéis, el año anterior Queen triunfaron en el Live Aid celebrado en el mismo estadio, tal como se refleja en "Bohemian Rhapsody", pero donde me gustaría haber estado de verdad es en estos dos conciertos, que fueron apoteósicos, como se puede ver en las grabaciones. Fue la última gira del grupo con Freddie Mercury. No habría podido ir a esos conciertos por el mismo motivo que no fui a los de Donington, qué le vamos a hacer.  Lo peor es que ya nunca será posible ver a Freddie en directo. Puta vida.

3. Todos los conciertos de Whitesnake en España.

En serio, creo que tengo una maldición con este grupo. Aunque ya esté muy cascadito y parezca una señora mayor, David Coverdale sigue siendo uno de mis cantantes favoritos, pero nunca he podido ir a ver un concierto suyo. La primera vez fue la que más me dolió: en agosto de 1990 los Whitesnake actuaron en el Rockódromo, pero mis padres me prohibieron ir. Y eso que yo había estado trabajando todo el verano cuidando a una niña por las mañanas, trabajo por el cual me pagaron una miseria, pero esa miseria me bastaba para pagarme la entrada. ¿Os he contado ya alguna vez cuánto daño hizo el subnormal de la base americana de Torrejón que apuñaló a un chaval en aquel concierto de los Scorpions en el Rayo? Pues eso. En 1990 mis padres todavía se negaban a que fuera a conciertos de heavy por si me pasaba lo mismo. Quiero mucho a mis padres, pero ésta se la guardaré siempre.

El resto de ocasiones que han venido a España, no he podido ir a verlos por motivos laborales: buena parte de mi vida laboral se ha desarrollado en el turno de tarde. Bueno, el último, si no recuerdo mal, no pude asistir porque acababa de tener a mi hijo mayor y no tenía el chichi para farolillos, literalmente. Esa vez me dolió también especialmente porque venían en una gira con Def Leppard y Europe, otras dos bandas especialmente queridas para mí. Pero a mi hijo no le podía echar la culpa, pobrete. Así que no sé si alguna vez tendré oportunidad de poder ir a un concierto de Whitesnake... Este año hacen gira, pero no pasan por España. Y no tengo dinero ni para irme un finde a la playa, así que como para irme a otro país a ver un concierto... Snifffff.


4. Concierto de Gary Moore en la Casa de Campo: Madrid, 11 de mayo de 1987.

Todos los testimonios sobre aquella noche coinciden en que fue un conciertazo. Gary Moore, mi guitarrista favorito aún hoy día, tocó esa noche con Barón Rojo de teloneros, que también estaban todavía en su mejor momento. Bueno, también tocaron un par de canciones los Shy (que no era un mal grupo) antes de que la gente los echara porque el cantante iba pedo perdido y se enfrentó al público, que respondió con un auténtico bombardeo de litros de cerveza y otros objetos contundentes al escenario. Por suerte eso no impidió que los Barones primero y Gary después dieran sendos conciertos magistrales que quedaron para la posteridad. Por aquella época yo apenas acababa de descubrir el heavy, pero al poco tiempo me enteré de que había acontecido aquel evento y me dio mucha pena habérmelo perdido. Hoy me sigue dando pena porque ya nunca podremos volver a ver a Gary Moore en directo. Murió en 2011, precisamente cuando estaba de vacaciones en España. Pero nunca lo olvidaré y seguirá siendo mi guitarrista preferido.


5. Hedningarna, cualquier concierto en cualquier lugar.

Los descubrí en aquel maravilloso programa, Diálogos 3, que presentaba Ramón Trecet en Radio 3, cuando Radio 3 molaba, y flipé. Pero de nuevo me pilló con el pie cambiado y me enteré demasiado tarde de que daban un concierto en el 2003 en la sala Arena (donde sí he visto, en cambio, y dos veces además, a otro grupo que me encanta, los In Extremo). También han actuado en otras ocasiones en España, pero hace años que se separaron, así que deberé conformarme con sus discos y sus vídeos. Sniffff.



6. Héroes del Silencio, Sevilla, 2007.

Ay, otros que me quedé con las ganas... El de Sevilla fue uno de sus últimos conciertos y compañeros míos de trabajo pudieron ir y volvieron contando maravillas, pero yo no podía porque, para no variar, no me sobraba el dinero como para irme a Sevilla un finde y tampoco pude pillar entradas a tiempo. Los han parodiado y vilipendiado hasta la extenuación, y entiendo que su estilo no tiene por qué gustar a todo el mundo, pero para mí fueron y seguirán siendo un grupazo y Bunbury un pedazo de cantante, aunque en solitario se le haya ido aún más la pinza. 


7. Ramoncín en el Viña Rock, Villarrobledo, 2006.

Es coña, claro XD. Es que me estaba quedando la entrada demasiado tristona... Pero no diréis que no habría molado estar ahí tirándole huevos y minis XD XD XD. Sólo he encontrado un vídeo en Youtube de tan magno acontecimiento en el que no se ve una mierda, pero unas amigas mías que estuvieron ese año fueron testigos XD. 

En fin, espero que hayáis disfrutado de la entrada y, sobre todo, de los vídeos. Un besazo y hasta la próxima :).

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Made in heaven


Al cabo de un buen tiempo, por fin tengo un ratejo para escribir otra entrada... Y, como suele suceder, no es la que tenía en mente (queda pendiente para la siguiente entrada) sino otra que me han sugerido la inspiración y el momento. Han coincidido varias circunstancias: llevo un tiempo leyendo, los ratos que Eric me deja libres, la autoproclamada biografía definitiva (por lo menos bastante completa sí que es) de Freddie Mercury, escrita por la periodista musical Lesley-Ann Jones y publicada en España por Alianza Editorial, que le regalaron a Carlos pero que yo se la he cogido “prestada” porque me apetecía :P. Hace pocos días también, concretamente el 24 del mes pasado, fue el aniversario de la muerte de Freddie. Y el domingo fue el día mundial contra el sida. Así que llevo varios días escuchando a Queen y a Freddie en solitario, viendo vídeos suyos y empapándome de su espíritu. De modo que no me quedaba otra que dedicar esta entrada al que para mí es el mejor cantante de rock de todos los tiempos. Un hombre que llevó una vida tan complicada como su propio carácter, que oscilaba entre el carisma arrollador del cantante en el escenario, la educación british rayana en la timidez patológica del hombre fuera del escenario, los arranques de ira cuando algo no funcionaba del músico y compositor que aspiraba a la perfección y el desenfreno del hedonista en la vida privada que en el fondo ansiaba desesperadamente el amor absoluto que nunca consiguió.

En la biografía, aunque dan una cobertura bastante amplia a la vertiente musical de Freddie dentro de Queen y en solitario, se centran sobre todo en su vida privada. Por una parte es lógico; es una biografía, no una monografía musical, aunque a veces he echado de menos que la autora se explayara más en la descripción de cómo se produjeron los discos de Queen (hay un documental sobre la producción de “A Night at the Opera” que es apasionante, fueron unos auténticos pioneros en la grabación en múltiples pistas), pero la vida de Freddie es tan apasionante y está tan relacionada con su trabajo que es inevitable. Desde pequeño tuvo claro que quería ser una estrella, y se preparó para ello a conciencia. Curiosamente, cuando los demás componentes de Queen le conocieron, no fue la primera opción que tenían como cantante para su grupo y tardaron un poco en caerse del guindo... Afortunadamente para ellos por fin se dieron cuenta de su potencial. Fue una conjunción de cuatro talentos complementarios como no se ha dado posiblemente en toda la historia del rock, y eso se nota desde el primer disco, que ya contiene canciones geniales. 

Encima adoraba los gatos, ¿qué más se puede pedir?

A partir de ahí la progresión sólo podía ir para arriba, y Freddie no tardó en conseguir lo que deseaba: fama, fortuna, reconocimiento de su talento... Pero, como reza el tópico, tuvo que pagar su precio por ello. La autora de la biografía es muy diplomática, pero aun así se ve claramente que la vida íntima de Freddie fue muy complicada; no sólo porque fuera gay (lo que, aunque era un secreto a voces, nunca confesó publicamente por no disgustar a sus padres), a pesar de lo cual tuvo al menos dos relaciones importantes con mujeres, sino porque oscilaba continuamente entre el anhelo de encontrar la pareja perfecta con la que compartir su vida y la promiscuidad desenfrenada a la que se entregaba porque en el fondo sabía que lo que anhelaba era poco menos que imposible. Era consciente de que su condición de estrella del rock le impedía llevar una vida normal, aunque no era algo de lo que se quejara. Como él mismo dijo (cito de la página 16 del prólogo de la biografía): “Sabéis, eso es exactamente lo que no me deja dormir por la noche. (…) He creado un monstruo. El monstruo soy yo. No puedo echarle la culpa a nadie más. Es por lo que llevo trabajando desde que era niño. Habría matado por conseguir esto. Me ocurra lo que me ocurra, es todo culpa mía. Es lo que yo quería. Es lo que todos nos esforzamos por alcanzar. Éxito, fama, dinero, sexo, drogas, lo que uno quiera. Yo puedo tenerlo. Pero ahora estoy empezando a darme cuenta de que, de la misma forma que lo he creado, también quiero huir de ello. Empieza a preocuparme el hecho de que no puedo controlarlo, y que en realidad eso me controla a mí. (…) Intento separar mi vida privada del intérprete público, porque es una existencia esquizofrénica. Supongo que ése es el precio que tengo que pagar. No me malinterpretéis, no soy un pobrecito millonario. La música es lo que hace que me levante por la mañana. Tengo verdaderamente muchísima suerte.”

Pues sí, aunque parezca mentira no nació con bigote :P    




Aunque no hablara de ello públicamente (estas declaraciones las cita la autora como parte de una conversación que tuvo con ella en privado, no como parte de una entrevista, y no las reveló hasta que escribió esta biografía, escrita mucho después de la muerte de Freddie), en sus canciones sí expresaba sus sentimientos. Los cuatro miembros de Queen eran compositores activos y con mucho talento, pero las canciones de Freddie solían destacar no sólo por su creatividad, sino también por su emotividad. De él son algunos de los éxitos más memorables de la banda, como “Somebody to love”, que era por cierto la canción favorita de su madre y de él mismo:


Otra canción que destaca por esa emoción y porque resulta evidente en ella su amor por la ópera (la frase inicial toma la melodía de “Vesti la giubba”, el aria más famosa de Pagliacci, la ópera de Ruggero Leoncavallo), es “It's a Hard Life”. Un vídeo de lo más barroco, en el que aparecía buena parte del “séquito” de amigos y colaboradores de Freddie:




Y no puedo terminar sin incluir la canción más famosa de Queen, que es también composición de Freddie, y además tiene un significado especial para mí por motivos particulares, por lo que le tengo mucho cariño. Sobre su significado se ha especulado mucho (hay quien dice que expresaba de manera metafórica la “salida del armario” de Freddie, al menos en su círculo de amistades, pero Freddie siempre guardó un discreto e irónico silencio sobre el tema). En cualquier caso, es una obra maestra del rock, de la que, por su formato rompedor, muchos dudaron que tuviera éxito antes de ser publicada. Por supuesto, en cuestión de pocos días se aupó al número uno de las listas de éxitos y casi cuarenta años después (se dice pronto) sigue siendo un clásico de la historia del rock. Estoy hablando, por supuesto, de “Bohemian Rhapsody”.


Bohemian Rhapsody

(Lamentablemente tengo que poner un enlace en vez de poder subir directamente el vídeo porque el Youtube está tonto. Supongo que será cuestión de derechos de autor ¬¬).

Aunque el sida produjo en él un deterioro rápido y muy doloroso, siguió trabajando prácticamente hasta el final de sus días, y no había perdido un ápice de su talento. La prueba más clara es Innuendo, que fue publicado pocos meses antes de su muerte; sólo hay que escuchar “The Show Must Go On” para comprobarlo. ¿Qué habría sucedido de no haber muerto Freddie prematuramente? ¿Habría mantenido ese nivel? ¿Habría envejecido con dignidad, como lo ha conseguido su amigo David Bowie, o no habría podido evitar convertirse en una parodia de sí mismo? Creo que, aunque hubiera perdido facultades vocales (lo que es natural), el talento se habría mantenido intacto y su maestría a la hora de componer grandes canciones habría aumentado incluso con la experiencia. No parecía que estuviera precisamente falto de ideas. De todas formas, nunca lo sabremos. Da la impresión de que era una de esas personas que, como las supernovas, están destinadas a brillar tan intensamente que por fuerza se apagan demasiado pronto. Como otros grandes mitos, murió aún joven y en la cumbre del éxito. Aunque seguro que él habría preferido vivir más años y que le dieran por saco al mito, aun a riesgo de acabar anunciando lotería con su querida y admirada Montserrat Caballé :P. Pero, como reza otro tópico, siempre vivirá en sus canciones. Gracias, Freddie.