jueves, 12 de diciembre de 2019

Soy una maruja

Esta tarde he vuelto a ver la que probablemente sea mi comedia romántica favorita: Jack y Sarah. Digo comedia por diferenciarla de película romántica a secas, porque en ese caso mi  favorita es Eternal Sunshine of the Spotless Mind (llamarla Olvídate de mí me parece un mal chiste). El caso es que Jack y Sarah es una comedia romántica un poco atípica. Tiene los puntos básicos argumentales y los tópicos necesarios para que se considere como comedia romántica, como el del señor viudo (el tópico de los señores viudos en las novelas y películas románticas da para tesis), la jovencita repentinamente desvalida que recurre al trabajo de niñera/institutriz para salir del paso, la aspirante a ligar con el señor viudo que se intenta interponer entre él y la protagonista, los familiares metomentodo, los amigos estrambóticos, el bebé/hijo/criaturita inocente catalizadora de la acción...  Pero luego tiene también elementos que se salen un poco de lo habitual. Por ejemplo, para empezar, que el actor que encarna a Jack, el protagonista, sea alguien a quien no te imaginarías jamás en ese papel porque tiene una carrera muy dispar y, sobre todo, un careto incómodo de ver: Richard E. Grant. Según veía la película me acordaba de que dentro de unos días lo veré haciendo de alto mando de la Primera Orden y la disonancia cognitiva me superaba por un momento. Y, sin embargo, te lo crees en este papel. Está a ratos histriónico, a ratos hostiable, a ratos simpático, a ratos trágico... Me parece que hace un gran papel, pero dudo que fuera del Reino Unido lo hubieran elegido para ese papel, por buen actor que sea. Porque en el Reino Unido son muy suyos, como su humor, del que esta película va sobrada; no llega a ser tan negro como Cuatro bodas y un funeral, que se estrenó un año antes (y me imagino que Jack y Sarah se rodó un poco a rebufo del éxito de la película de Mike Newell), pero tiene ese toque tan característico que rara vez encuentras en las comedias románticas americanas. Y el resto del reparto también se luce: ahí están nada menos que Judi Dench y nuestro adorado Ian McKellen, en un papel genial. Aunque vi esta película antes que las de El señor de los anillos, tardé muchos años en relacionar a Gandalf con aquel maravilloso pordiosero borracho tan polite 😂. 

Sí. Este señor, con este careto (bueno, más joven, vale), fue protagonista de una comedia romántica. Cómo se te queda el cuerpo.

Otra cosa que, al menos en la época en la que se rodó esta película, no era tan habitual, son las puyitas feministas que te mete de forma no invasiva pero sí en un goteo constante. El carácter de la protagonista ya va un poco por ahí, es una chica con ovarios y desparpajo, pero son sobre todo pequeños detalles: cuando Sarah, la mujer de Jack, le reprocha que en las fiestas que celebran en casa siempre le acaba tocando pringar mientras él se emborracha (como efectivamente acaba ocurriendo); cuando cada vez que Jack se queja de que sufre mucho como padre viudo su familia le recuerda que no es el único que está pasando por eso y que eso no es excusa para despreocuparse de sus responsabilidades (su suegra le mete un buen corte en una ocasión); o, sobre todo, cuando, a falta de niñera, se lleva a la pequeña Sarah al trabajo, consigue encalomársela a algunas de sus compañeras para que la cuiden mientras él atiende sus asuntos y Anna, su jefa y medio ligue, le dice: "Has convertido esto en una guardería. Le has echado cara y te has salido con la tuya. (...) No, no, entiéndeme, no me parece mal. Me resulta interesante. Pero una mujer no lo habría conseguido". Me da la impresión de que ese momento pasó desapercibido, más que nada porque lo menciona un personaje que está escrito para que le cojamos manía porque es la rival de Amy, la niñera (aunque luego tampoco es culpa de Anna que su relación con Jack no prospere porque es el mismo Jack el que se la carga solito por capullo), pero que hace ya casi 25 años el problema de la conciliación familiar se viera desde esa perspectiva creo que era una novedad.
Ay, cuando mete a la nena en la bolsa de papel con un calcetín por gorro. Ahí es justo cuando me explotan los ovarios por sobredosis de cuquez.
En fin, que para tratarse de una comedia romántica no se reduce a los tópicos del género y retrata de forma bastante acertada los problemas del día a día, al menos de una parte de la sociedad del momento en que se rodó la película, y también retrata de manera plural y nada plana a personajes en los que podemos reconocernos en muchos aspectos, tanto hombres como mujeres, que es lo que le da la calidad a la película, como diría Ángel Sanchidrián. Y a todas las grandes obras de la literatura, el cine y demás artes narrativas. Como esas novelas de una señora que a lo mejor os suena el nombre, Jane Austen. Yo soy muy fan de Jane Austen. Y, aunque no lo parezca si has leído hasta aquí, no soy especialmente fan de las novelas y películas románticas. Ya dije en otra entrada del blog que mi historia de amor de cine favorita no está en una película romántica, sino que es la de Espartaco y Varinia en la película de Kubrick. De hecho, tampoco diría que las novelas de Jane Austen son románticas, tal como entendemos ese género hoy en día. Lo que me gusta, más que nada, son las historias bien contadas. Y Jane Austen era la maestra absoluta a la hora de narrar una historia de forma que nos enganchara con las peripecias de personajes finamente perfilados y desarrollados con unas pocas pero certeras pinceladas que retrataban con precisión la sociedad de su época. Una entiende perfectamente que las protagonistas de sus novelas, lejos de ser unas damiselas pasivas que sólo quieren casarse porque quieren que las mantengan, son mujeres que luchan por salir adelante con los recursos de que disponen, que en su época eran francamente ridículos, así que son auténticas heroínas. Por eso me fastidió mucho cuando hace unos días cierta pava con ganas de llamar la atención, para ensalzar a George Eliot, no tuvo mejor idea que contraponerla a Jane Austen afirmando que esta última era una escritora para marujas en el sentido más peyorativo que le queráis dar. Pues bien, si ser una maruja es disfrutar con historias que hablan de sentimientos sin complejos, que reflejan con fidelidad pero sin obviedades la esencia de su tiempo, que retratan la complejidad humana y que además te transmiten alegría y optimismo, que buena falta nos hace, pues soy una maruja. Ea. Más marujas y sobre todo más buenas historias hacen falta en este mundo, coñoyá.

Maruja and proud.
 

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