jueves, 19 de febrero de 2015

Entre las dos orillas

¡Buenas! Vuelvo a la carga en mi faceta de reseñista aficionada. Digo lo de aficionada porque ya sabéis que no es algo a lo que me dedique habitualmente y cuando lo hago es simplemente porque me ha gustado especialmente una obra que he leído y, en la pequeñísima medida de mis posibilidades, quiero difundirla para que los demás también podáis disfrutar con ella. 

Como sabéis, soy seguidora de las novelas de Virginia Pérez de la Puente. Ya comenté aquí en su momento El sueño de los muertos y Mi alma por mi rey, dos de las novelas (la segunda es una novela corta... al menos según los estándares de la autora :P) de su saga de Ridia. También leí en su momento La elegida de la muerte y Soñando con bosques, que forman parte de la misma saga. Si queréis más información, aquí tenéis la web de Virginia: Virginia Pérez de la Puente - página oficial y la web de la saga: El Segundo Ocaso.

Hace pocos días he terminado de leer la por ahora última novela de la saga, Entre las dos orillas. Si contamos sólo las novelas largas, sería la tercera de la saga, y la quinta si incluimos las dos novelas cortas. En su momento señalé que las anteriores novelas se pueden leer independientemente, y también se podría decir lo mismo de Entre las dos orillas, pero en este caso os aconsejaría que leyerais al menos las otras dos novelas largas, si no lo habéis hecho ya, porque os aportarán una visión de conjunto que os ayudará a disfrutar más de esta nueva novela. De hecho, los protagonistas de La elegida (la mercenaria Issi y su compañero Keyen) y El sueño (Kal y Dila), que no habían coincidido en las novelas anteriores, sí lo hacen en ésta; cada uno sigue su propia trama, pero según avanza la novela se va viendo cómo todas las tramas tienden a confluir en otra trama superior que implica a buena parte del continente de Ridia (y, suponemos, alcanzará al resto en las próximas novelas, porque ya la autora ha avisado de que le quedan otras tres. Con dos ovarios).

Esto tiene otra consecuencia: como los principales protagonistas y otros personajes que ya aparecían en las anteriores novelas y que cobran aún más importancia en ésta ya nos han sido presentados y también conocemos bastante sobre la geografía, la política y la historia del continente de Ridia, la acción comienza antes y con más fuerza que en los otros libros. Desde el principio se entra en materia, y el ritmo va acelerando en progresión constante hasta llegar a un clímax verdaderamente impactante. No es tanto una progresión tipo montaña rusa, sino más bien un aumento en la intensidad que, sin hacerse notar mucho, se acumula peligrosamente hasta estallar como una olla a presión. Y ya lo creo que estalla. Ya lo veréis, ya. 

Como decía, si ya habéis leído las dos primeras novelas (más las dos novelas cortas), la mayoría de los personajes os serán conocidos. (Si no, no os preocupéis, la autora incluye un prefacio muy apañado en el que os pone en antecedentes sobre lo más importante que ha ocurrido hasta el momento.) Pero también hay personajes nuevos, y entre ambos grupos destacaría a dos personajes: uno que no conocíamos de antes salvo por alguna mención previa, Iven, y otro que ya nos había sido presentado, pero muy de soslayo, aunque en sólo dos breves apariciones ya nos había deslumbrado: el emperador niño de Monmor. La relevancia de Iven se debe sobre todo a que es el catalizador que desencadena la acción principal: es el primer hombre que regresa de entre los muertos (ya veréis por qué) y su condición será decisiva para el desarrollo de los acontecimientos y su resolución (y, por cierto, gracias a él podemos disfrutar al principio de la novela de un capítulo verdaderamente hilarante que demuestra que la fantasía y el humor no están reñidos en absoluto, aunque conforme va avanzando la historia su tono se va oscureciendo progresivamente de manera muy consecuente). Porque sí, amigos, en la novela hacen su aparición los no muertos. Pero, gracias a la pericia de la autora, esto no se convierte en una novela de zombies; de hecho, no tiene nada que ver con el subgénero zombi tan en boga en los últimos años. En este caso, los que regresan de entre los muertos no andan por ahí comiendo cerebros: sencillamente, la gente deja de morir por un motivo que ahora no os voy a explicar para no destripar la trama :P, y esto se traduce en que todo el sistema social ridiano se subvierte y corre peligro de venirse abajo. Los no muertos, después de volver a la vida, siguen existiendo: no comen, no beben, no duermen, ni siquiera respiran, pero siguen teniendo conciencia de sí mismos, recuerdan cómo eran y se mantienen tal como se encontraban en el momento de fallecer, en peor o mejor estado. De hecho, Iven es el único personaje que podría recordar más al zombi clásico porque en el momento de su "resurrección", después de llevar muerto más de dos años, se encuentra bastante deteriorado, pero ahí terminan todos los paralelismos. Las paradojas propias de esa especie de vida después de la muerte y la reacción de la sociedad en su conjunto, especialmente de los que ostentan el poder, hacia la situación de estos no muertos y su papel en una sociedad que no sabe muy bien cómo afrontar semejante problema, tiene consecuencias que, creo, pocas veces se han tratado en otras novelas y que por más lógicas que nos parezcan no dejan de ser un punto a favor de la autora, que ha sabido sacarle bastante jugo, y a las que nosotros también podemos sacarles muchas interpretaciones (¿os he dicho alguna vez que una de las cosas que más me gustan de la fantasía y la ciencia ficción es la aplicabilidad que tienen a la hora de analizar el mundo real? Pues aquí hay bastante materia para analizar).

Pero si hay otro importante catalizador de la acción en la novela, y, sobre todo, si hay un personaje que destaque por encima de los demás, es el emperador de Monmor. Oh, sí, amigos, aunque en conjunto es una historia bastante coral y no se puede decir que haya un protagonista claro al uso, ésta es su novela. Ya os comentaba que en sus breves apariciones anteriores se hacía evidente que el personaje prometía mucho. Pues lo que prometía lo cumple: descubrimos que el emperador niño no es tan niño, que de hecho tal vez nunca fue niño, y que su mente maquiavélica lleva urdiendo una fabulosa telaraña desde antes incluso de que comenzara la historia de la primera novela y que envuelve a toda Ridia, incluyendo Monmor, el imperio sobre el que reina, y que se nos presenta en esta novela en toda su complejidad. Ya veíamos venir los tiros, y a lo largo de la historia se va viendo cómo el personaje despliega su potencial. Pero cuando piensas "qué cabrón, cómo se está saliendo con la suya, pero bueno, sí da miedo pero a lo mejor no tanto, también es humano y tiene alguna debilidad".... JA. JA. JA. Y más JA. Os aseguro que su último golpe os dejará con la boca abierta. Y una vez que consigues cerrar la boca, entonces la vuelves a abrir para acordarte de la autora y toda su familia. Ya veréis, ya. Os aviso desde ya: la autora no tiene piedad. No lo digo sólo por este personaje, sino por las peripecias que sufren otros muchos. Agarraos que vienen cuervas.

Porque, ya digo, hay bastantes más personajes, unos conocidos, como el rey Adelfried de Thaledia, otros nuevos, como Osvan el mayordomo, todos con sus propias tramas dentro de la general, con los que empatizas o los odias con facilidad, gracias a la precisión con que se les retrata a través de sus acciones. Porque, como ya veíamos en las otras novelas, la autora maneja magistralmente la narración por medio de tempos meticulosamente medidos y de un estilo muy natural precisamente porque está muy trabajado (ya sabéis, esto es como el maquillaje, cuanto menos se nota mejor, pero no se nota precisamente porque la maquilladora se lo ha currado muchísimo :P). Ese estilo y los diálogos ágiles con múltiples registros siguen siendo la marca de la casa, y hacen muy agradable la lectura. La autora consigue aunar las ventajas del best seller (lectura liviana, tramas que enganchan) con una escritura elaborada y rica, lo que demuestra que un buen libro puede entretener sin por ello empobrecer su calidad. Y lo consigue en uno de los géneros más denostados por los críticos "sesudos", la fantasía. De paso, también rompe otro tópico: que las novelas autopublicadas en Amazon lo son porque no tienen la suficiente calidad como para que las saquen las editoriales tradicionales, como suelen decir las malas lenguas. Hay de todo, por supuesto, pero en este caso os puedo asegurar que ya quisieran muchas editoriales establecidas publicar algo con tanta calidad como esta novela. No sólo por la calidad de la historia en sí, sino porque la autora se ha currado la edición al máximo: la corrección (de Natalia Cervera, que ha corregido, entre otros, los libros de Canción de Hielo y Fuego para Gigamesh) y maquetación son impecables, la portada y los mapas han sido realizados por Fernando López Ayelo, un excelente ilustrador, y el resultado final no puede ser más profesional.

En fin, me reitero, por si no había quedado claro: me lo he pasado como una enana leyéndola. De verdad que engancha y deja con ganas de más: literalmente, porque el final, aunque lleva las tramas principales a una conclusión, no es cerrado, sino que deja todo preparado para que la acción continúe en la próxima novela, que espero que la autora no tarde mucho en escribir. Más le vale, porque si no conocerá mi ira ¬¬. En serio, merece la pena. Si al final la leéis, no creo que os defraude. Además, tanto ésta como las anteriores tienen el aliciente de que están muy bien de precio (de hecho, Soñando con bosques es una edición gratuita porque se sacó para promocionar El sueño de los muertos). Así que si os apetece leer una novela (o varias) de calidad con aventuras, fantasía y con historias que te entretienen y al mismo tiempo tienen un trasfondo con más miga de la que parece, ésta es mi recomendación.

Ah, y mucho ojito con Tije. Ya sabréis por qué lo digo.

martes, 10 de febrero de 2015

I am your father

Primer post de este año, y estamos casi a mediados de febrero.... En fin, ya sabéis que funciono a golpe de inspiración, y la cabrona es tacaña conmigo. Ahora, cuando estaba a punto de acostarme, se me ha encendido. Pero es por una buena causa :). En fin, allá voy:

En el Lado Oscuro hay galletas... y cereales
Cuenta la leyenda que los frikis no ligan. Especialmente los varones; cuenta también la leyenda que son mayoría, aunque ya sabemos lo poco fiables que suelen ser las leyendas. Esto lo he ido comprobando en los últimos años, y tengo pruebas empíricas que demuestran la falsedad de ambas afirmaciones. Para empezar, yo misma me puedo considerar friki, y tengo unas cuantas amigas que también lo son. También tengo bastantes amigos frikis. Y, cómo no, me he casado con un friki. A lo mejor no lo reconocerá en público y requerirá la presencia de su abogado si le preguntáis, pero lo es :P. (Na, es coña, no tiene complejos, ni con eso ni con muchas otras cosas, afortunadamente.)

El caso es que, como digo, los frikis sí ligan. A veces es cierto que les cuesta más que a los no frikis (para evitar la reiteración del término, con vuestro permiso a partir de ahora los llamaré muggles), pero ligan. De hecho, durante un tiempo circuló un texto especialmente entrañable sobre las bondades de salir con un chico friki: Sal con un friki, que suscribo íntegramente. Pero ahora, a las dos y cuarto de la mañana, cuando hace un rato que por fin mi marido ha conseguido dormir a nuestro pequeño vikingo, que hoy estaba especialmente reacio a caer en brazos de Morfeo, he querido centrarme en otro aspecto de la relación con un hombre friki: no sólo son buenos novios y/o maridos, cuando se da la ocasión son unos padrazos.

Ojo, no estoy diciendo que los muggles sean peores padres. La mayoría de muggles que conozco son padres excelentes, cariñosos y responsables. Por suerte, los padres de hoy en día no tienen miedo de ser cariñosos en público con sus hijos, ni de cambiarles los pañales, darles de comer, bañarles y cualquier otra cosa que contribuya al bienestar de un niño. Por otro lado, tanto entre muggles como entre frikis hay hombres que no quieren ser padres (igual que hay mujeres que no quieren ser madres) por motivos que son perfectamente respetables, razonables y de su exclusiva incumbencia. Pero los frikis que yo conozco que se han reproducido son verdaderos padrazos, eso lo puedo certificar.

¿Cuál es su plus? Que los frikis no han olvidado al niño que llevan dentro. Ellos siguen jugando: a juegos de mesa, de tablero, de rol, a videojuegos de ordenador y de consola, a construir maquetas, a pintar figuras, a lo que sea. Se siguen emocionando con historias universales de aventuras y fantasía, sea por medio de películas, de series, de libros, de canciones... Sobre todo, no han perdido el entusiasmo; lo sienten con la misma intensidad que cuando eran niños, lo aplican en todo lo que emprenden por gusto y lo transmiten. Por eso son los mejores compañeros de juegos para un niño. Puede que al principio les aterrorice que ese pequeño energúmeno que apenas hace dos días ha empezado a andar les alcance esa figurita de Blood Bowl que tanto les costó pintar y se la destroce en dos segundos :P, pero están deseando que se haga un poco más mayor para que puedan echar con él una buena partida con esas mismas figuritas. O para que les pegue una paliza con la Wii, o para construir juntos una ciudad alucinante en el Minecraft o en el Carcassone. O para irse juntos a pegar tiros de mentira en una quedada de Airsoft. Y mientras llega el momento, se divierten tanto como el mismo niño entablando duras batallas de cosquillas y se dejan derrotar por la ternura.

Por eso, y por otras muchas cosas, mi hijo es muy feliz con su padre, y sé que lo seguirá siendo. Carlos, de entre todos los padres frikis tú eres el mejor. Va por ti.

lunes, 1 de diciembre de 2014

1, 2, 3, responda otra vez

Ayer teníamos puesta la tele en Kiss TV, un canal de vídeos que es igual de repetitivo a la hora de programar los vídeos que emite igual que su homólogo radiofónico, pero al menos está un poco más actualizado, así que de vez en cuando lo ponemos para escucharlo de fondo si no nos apetece encender el ordenador para escuchar Spotify. (Sí, lo nuestro con la música es vicio.) En un momento dado, emitieron este vídeo de un tal Cris Cab, que por lo menos a mí no me sonaba de nada (supongo que por eso cuenta con la colaboración del omnipresente Pharrell Williams, o sea, el tío de "Happy" o "el pavo de sombrero ridículo", para que los que no estamos puestos en novedades nos quedemos un poco con la copla), y la canción me llamó la atención. Primero, porque no está mal. Os la enlazo aquí por si la queréis escuchar:

 


Lo segundo que me sorprendió es que, como me está ocurriendo en los últimos meses, pensé: "Otra canción que suena a Police". Me había pasado antes con los Maroon 5 y este otro tema suyo (ojo, el vídeo es un poco fuertecito si eres impresionable)


 


Pero la primera vez que me sucedió fue con una canción que tiene un sonido Police aún más descarado, ésta de Bruno Mars:




La verdad es que Bruno Mars es un reciclador nato de estilos musicales, pero como parece majete y sus canciones tienen gracia, se lo perdono :P. En verdad, prácticamente todos los artistas que hoy día confeccionan las listas de éxitos son auténticos recicladores de estilos anteriores. Ya se sabe que no hay nada nuevo bajo el sol, y es difícil a estas alturas inventar algo que no suene a conocido, pero en los últimos años se reciclan estilos musicales de forma cada vez más descarada. El revival de los 80 ha sido bastante exhaustivo, tanto que hasta los que vivimos nuestra infancia y adolescencia en esa década nos estamos saturando ya :P, pero al fin y al cabo los principales consumidores de estos productos son chicos que podrían ser nuestros hijos y no tienen apenas referencias de esa época, así que lo que hagan artistas y grupos como los que he citado, u otros que no por ser más indies son más originales, lo cual no quita para que sean buenos (me pregunto cuántos chavales de instituto podrían ubicar en sus respectivas décadas a Joy Division y Editors). Pero destaco el caso del reciclaje de The Police porque me parece especialmente significativo, dado el sonido tan distintivo que tenía el grupo de Sting. Tanto que en su momento el éxito que consiguió, por supuesto, generó imitadores, pero estando aún presentes los originales, las imitaciones no prosperaron demasiado, porque cualquier comparación resultaba odiosa. Pero ya han transcurrido suficientes años como para que más de una generación entera no sepa quiénes eran The Police y, si acaso, les suene aquella canción de un tío que vigilaba constantemente a su ex (según unas interpretaciones, según otras podría ser un padre preocupado por su hijo, o vete tú a saber) porque la escuchaban de pequeños en un anuncio de la tele. Sí, os sonará raro, pero si hay chavales de 15 que no saben quién es Bruce Springsteen (atestiguado por un horrorizado amigo mío), pues ¿por qué van a saber qué grupo tocaba "Every Breath You Take"? Prafraseando aquel leit motiv de un famoso concurso que por supuesto esos chavales tampoco conocerán, ni por veinticinco pesetas ni por veinticinco céntimos de euro podrían dar más respuestas que ese ejemplo.



Así que se abre la veda para reinventar el estilo Police y presentarlo como algo novedoso y fresco. Y quien dice Police, dice muchos más grupos emblemáticos. Supongo que es una constante en la Historia que cada generación se crea que ha inventado la rueda (yo también tengo lagunas tan grandes como el lago Baikal antes de que se desecara), pero en la era pop esa constante se ha acelerado tanto que vamos reciclando décadas a razón de una por año, o incluso por estación. Seguramente es una impresión muy subjetiva, pero creo que desde los 90 no se ha inventado nada realmente nuevo; si acaso en estilos como el hip hop o la música electrónica se puede haber innovado algo más, pero lo supongo más por desconocimiento, así que les concedo el beneficio de la duda. En la moda textil ocurre igual: ya dicen que el reinado de los pantalones pitillo de los últimos años, por ejemplo, pronto se verá derrocado por el regreso de las campanas (¡nooooooooooooo, por favooooooooooooor!).

La verdad, no sé si este ir y venir de las modas es para mejor o para peor. Para peor, sin duda, por una parte, ya que llega un momento en que te cansas de escuchar tus discos favoritos de toda la vida, pero tampoco encuentras nada nuevo que te motive realmente como antaño. Por otro, dada la aceleración con que se recuperan modas y estilos, puede que llegue un momento en que todo se amalgame y tal vez ocurra el milagro de que hasta en las emisoras más mainstream se escuche todo tipo de música y en las tiendas de ropa haya tal mezcla de estilos que puedas vestir como te pete... Aunque no caerá esa breva, para la industria es mucho más fácil copiar un estilo hasta la saciedad por vez, es mucho más fácil trabajar así para las cadenas de producción. En fin, lo bueno de llegar a cierta edad es que lo que esté de ultimísima moda te la sopla bastante. Además, me temo que durante unos cuantos años en lo que más puesta voy a estar va a ser en los clásicos Disney y las canciones que más tararearé serán las de Pocoyó y Peppa Pig, o lo que toque cuando Eric tenga la edad suficiente XD. Hasta puede ser curioso comprobar cómo está el panorama cuando vuelva a asomarme por ahí fuera dentro de, no sé, quince años :P. A lo mejor hasta me sorprenden con algo nuevo, who knows?

lunes, 3 de noviembre de 2014

Ride the comet

He compartido esta noticia antes en Facebook y Twitter, pero me apetecía también comentarla por aquí. No sé si os he comentado alguna vez lo que me gusta desde siempre todo lo relacionado con la astronomía. Es una de mis grandes pasiones desde que era pequeña, y si no hubiera sido por mi manifiesta inutilidad para las matemáticas, es fácil que hubiera estudiado algo relacionado con ella. Mi héroe de la infancia, lo he dicho muchas veces, es Carl Sagan, y "Cosmos" me parece la mejor serie documental sobre astronomía, cosmología y ciencia en general que he visto nunca. Tengo pendiente de ver la serie nueva presentada por Neil De Grasse, me han dicho que aunque distinta no decepciona; ojalá.

Así que, aunque sea de letras, en parte por afición y en parte porque no me queda más remedio, siempre me han interesado las noticias científicas, y dentro de éstas las que informan sobre sucesos y hallazgos astronómicos y sobre la investigación espacial. Por no hablar de la ciencia ficción, claro, pero eso es otro tema que da para otras entradas. Así que hoy he visto enlazado en Twitter una noticia que contenía un cortometraje y, aparte de gustarme mucho el corto en sí, me ha parecido una manera estupenda de promocionar una misión espacial. Se trata de la misión Rosetta (supongo que llamada así por el famoso fragmento que sirvió para descifrar la escritura jeroglífica egipcia). Concretamente, Rosetta es el nombre que se le ha dado a (copio de Wikipedia) "una sonda espacial de la Agencia Espacial Europea (ESA) que fue lanzada el 2 de marzo de 2004.1 La tarea de la sonda es la de orbitar alrededor del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko en 2014 y 2015, enviando un módulo de aterrizaje -Philae- que se situará en la superficie del cometa. Tanto el orbitador como el aterrizador tienen numerosos instrumentos científicos que analizarán minuciosamente el cometa y sus características, uno de los cuales incluso perforará la superficie en busca de muestras internas. [...]
El objetivo principal de la sonda es investigar la composición y características del cometa de destino, lo que puede dar información sobre la formación del sistema solar.6 Existe una muy bien fundada suposición de que los cometas son los objetos menos modificados del sistema solar desde su formación hace 4600 millones de años.
Una hipótesis importante que puede ser confirmada es si el agua de la Tierra procede de los cometas que impactaron contra ella cuando se enfrió y la menor temperatura permitía retener el agua. Se cree que la mayor parte del agua de los océanos tiene esta procedencia, puesto que es difícil que esta agua sea un remanente de la formación original de la Tierra.6
Otra pregunta crucial es si el agua de los cometas tiene materia orgánica y de qué clase.6 La respuesta puede ayudar a entender el origen de la vida en la Tierra."

Y ahora, os enlazo la noticia en la que venía insertado el corto:

La Agencia Espacial Europea crea un corto de ciencia al estilo "Juego de Tronos" para explicar la misión Rosetta

Olvidaos de "Juego de Tronos": el único vínculo con la serie basada en la saga de Canción de Hielo y Fuego es que el actor coprotagonista del corto es Aidan Gillen, que interpreta a Petyr Baelish, Meñique, en la serie. En fin, supongo que buscan dar más tirón a la noticia con un titular de impacto, aunque no me parezca una táctica de periodismo riguroso, pero la cuestión es que el corto es muy bueno. Me parece una forma ingeniosa de promocionar algo que debería interesar a todo el mundo. Ya sé que mucha gente opina que no se debería destinar dinero a la exploración espacial mientras haya otras necesidades más urgentes en la Tierra, como acabar con el hambre, pero no creo que ese argumento tenga validez real. Para empezar, no es que no haya suficiente dinero y recursos como para combatir el hambre y la pobreza y al mismo tiempo impulsar el desarrollo científico y tecnológico, que los hay más que suficientes; otra cosa es que los gobiernos y poderes económicos utilicen esos recursos para otras cosas. Y, por otro lado, la investigación al servicio de la exploración espacial (el subconsciente intenta traicionarme todo el rato y me susurra "carrera espacial", en recuerdo de los años de la Guerra Fría) nos ha proporcionado nuevos materiales y recursos tecnológicos que han resultado muy útiles para la industria y las tecnologías médicas y de otros muchos ámbitos en las últimas décadas. Así que, sí, explorar el espacio en el que vivimos no es sólo una aventura, también es útil y beneficioso para la humanidad. 

Pero, incluso aunque no tuviera utilidad, ¿por qué renunciar a uno de los impulsos más arraigados en el ser humano, como es el de explorar y conocer lo que nos rodea, y maravillarnos con lo que descubrimos? Si la mayor parte de la humanidad que vive al margen de los descubrimientos científicos de los últimos siglos se informara y se interesara por el universo del que somos parte, desde lo más microscópico hasta las galaxias más lejanas, se asombraría y se deleitaría tanto que tal vez dejaran de hacer caso a tanta magufo como hay por ahí suelto y que muchas veces sólo busca su propio beneficio. No me hace falta creer que las pirámides las construyeron los alienígenas. Me parece mucho más fascinante saber cómo se creó el sistema solar, o cómo surgió la vida, y además es cierto.

Me despido con el vídeo de la canción que da título a la entrada. Vedlo y escuchadlo, merece la pena.


viernes, 31 de octubre de 2014

This is Halloween, nanananananana

Ya es 31 de octubre. En España, tradicionalmente, la noche de Todos los Santos. En otros lares, la noche de Halloween. Ahora a mucha gente le ha dado criticar que se celebre la fiesta de Halloween aquí como una moda importada por los todopoderosos Estados Unidos, ajena a nuestra cultura y nuestras tradiciones, y se propagan chascarrillos que comparan celebrar Halloween aquí con que se haga una procesión en honor al Cristo de los Faroles en Wisconsin, por ejemplo. Pero si lo piensas, es curioso que ambas festividades coincidan en la misma fecha, ¿no? Obviamente, como muchos sabéis, es porque tienen el mismo origen: la fiesta de Samhain, el año nuevo del antiguo calendario celta. Como no soy experta en el tema y en este otro blog, muy recomendable por otro lado, lo explican mucho mejor, aquí os enlazo esta entrada para los que queráis informaros del origen de esta celebración: Samhain o el origen de Halloween. Muy resumidamente, Samhain era una fecha clave porque señalaba el comienzo del nuevo año, a mitad de camino entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno, ya que era cuando acababa la temporada de cosechas: empezaba a dominar la oscuridad, llegaba el frío y tocaba recogerse en casa hasta que volviera la primavera. Como marca de la muerte de un ciclo que se extinguía y del comienzo de un nuevo ciclo, la noche de Samhain era un tiempo peligroso en el que las fronteras entre el reino de los vivos y el de los muertos se diluían, propiciando el reencuentro con los familiares fallecidos, a los que se rendía tributo y homenaje, tanto por respeto como por precaución. 




Después llegó la romanización y posteriormente la cristianización de aquellos pueblos celtas que habían poblado gran parte de Europa, y según el grado de ambas influencias sus tradiciones fueron absorbidas y desaparecieron o se transformaron de distintas maneras.  En España terminamos celebrando el 1 de noviembre la festividad de Todos los Santos, en la que es tradición visitar los cementerios para honrar el recuerdo de los familiares fallecidos, y se adecentan y acicalan sus tumbas. Parece, pues, que la celebración oficial se ha trasladado al día, pero durante mucho tiempo se han mantenido en el imaginario popular multitud de leyendas sobre la víspera, la noche de Todos los Santos, como en el caso de la Santa Compaña en Galicia, que no se aparece exclusivamente en esa noche, pero sí es una de las más importantes. Mientras tanto, en Irlanda, que no fue romanizada aunque sí cristianizada, se mantuvieron muchas de sus tradiciones de origen celta con leves transformaciones, y muchas de estas tradiciones viajaron al otro lado del Atlántico con la oleada migratoria de irlandeses en el siglo XIX, mezclándose con otras tradiciones, evolucionando y dando lugar al Halloween que hoy conocemos. Muy mercantilizado, sí, muy banalizado, pero no es ninguna invención moderna (como tampoco la Navidad, por mucho que nos digan que la inventó la Cocacola).

En fin, que aunque ambas tradiciones parezcan muy distintas, tienen un origen común, remoto pero rastreable. Una noche de transición entre la vida y la muerte, en la que aquí se institucionalizó el culto religioso a los familiares muertos como recordatorio de los lazos perdidos y de la fugacidad de la vida, y al otro lado del mar, primero en la Isla Esmeralda y luego en el Nuevo Mundo, decidieron enfrentarse a esa fecha incierta y tenebrosa con picardía y humor, como ese Jack O'Lantern que consiguió burlar al mismísimo diablo. Curiosamente, desde una tradición prehispánica completamente distinta pero que seguramente ha influido también en el mismo Halloween americano, los mexicanos han alcanzado una solución parecida y celebran en estos días una de sus fiestas más importantes, en la que son capaces de reírse de la Muerte con respeto, devoción y jolgorio a partes iguales mientras se ponen morados de calaveritas de azúcar (otra coincidencia curiosa la de los dulces: aquí los huesos de santo, allí las calaveras, en Estados Unidos las calabazas cuyo relleno sirve para hacer pasteles...).

Eshto es una fieshtaaaaaaaaaaaaaaaa


En fin, que Halloween no nos es tan ajeno como podríamos creer. Y, por otra parte, ¿desde cuándo que una fiesta no sea autóctona ha sido un impedimento para adoptarla? Como si nos hiciera falta una excusa para irnos de parranda siempre que tenemos ocasión :P. Personalmente estoy encantada de adoptar todos los Halloween, Oktoberfest y demás fiestas que haga falta, hasta el Día de la Marmota XD. Que a tus seres queridos los puedes recordar y honrar siempre que quieras, no sólo una vez al año, y las fiestas no hacen daño :P. Por circunstancias personales, este año más que Halloween lo que voy a celebrar es la recogida de níscalos, para la que también ésta es fecha muy propicia, pero os deseo a todos los que queráis celebrarlo un feliz y divertido Halloween, Samhain o lo que os apetezca en la compañía que os sea más grata. Para vosotros va dedicado este vídeo, ya un auténtico clásico:



Nos vemos el mes que viene ;).

lunes, 27 de octubre de 2014

We are standard

No es una noticia nueva, pero tampoco había encontrado el momento hasta ahora para ponerme a escribir. Supongo que ya os habréis hartado de ver noticias y fotografías sobre la tremenda transformación que, cirugía mediante, se ha infligido Renée Zellweger. Por si aún queda alguien en el planeta que no se haya enterado, he aquí el antes y el después:





La primera vez que vi las fotos, pensé: "No puede ser. Es otra persona, se han equivocado". La explicación principal a una transformación tan radical es el retocado brutal de los ojos: por lo que explican en este artículo: La explicación médica al cambio radical en el rostro de Renée Zellweger, le han practicado lo que se llama una blefaroplastia, esto es, básicamente le han quitado piel de los párpados, supongo que para hacer que los ojos parezcan más grandes y redondos. De paso, se le ha cambiado la posición de las cejas, que también influye bastante en la expresión. También parece que le han retocado más partes de la cara, pero los ojos son los que marcan el cambio definitivo, porque afectan totalmente a su expresión, a su identidad incluso. No sé ella, pero yo me asustaría mucho si me mirara al espejo y viera a otra persona. Porque eso es lo que parece. A lo mejor ella está encantada de la vida con tener una cara nueva, y yo puedo entender que cuando un rasgo en particular que está muy desproporcionado (como una nariz excesivamente aguileña) destaca demasiado, la persona que lo sufre puede tener un gran complejo y la eliminación o el cambio de ese rasgo le puede ayudar bastante. Pero, salvo casos excepcionales, un cambio tan radical a mí me da mucho yuyu. Encima, el cambio, al menos para mi gusto, no ha sido a mejor: no la veo más guapa y además ha perdido justo lo que le daba personalidad. Nunca ha sido un bellezón, pero sí era bastante mona y tenía un algo que le daban justo esos pequeños ojos rasgados, de expresión pícara y llena de vida. Ahora no es más que otra actriz hollywoodiense con los rasgos típicos de cualquiera de esas actrices que salen en una de esas películas de Antena 3 los sábados por la tarde: todas tan parecidas, rubias, monas, rasgos muy equilibrados, muy regulares, muy estandarizados.

Porque ésa es la sensación que me da su nuevo rostro: que es estándar. Supongo que todos habéis oído hablar de las típicas narices de operada, pequeñitas, respingonas, como hechas en un único molde. Como la que se hizo Jennifer Grey, la actriz conocida por Dirty Dancing y por nada más, porque después se operó la nariz y se fastidió la cara y la carrera de actriz que prometía:



 

Veo esto y no puedo evitar acordarme de una de las mujeres más bellas del séptimo arte, Sophia Loren, que una vez contó que de joven, cuando empezaba su carrera como actriz, le habían sugerido que se operara la nariz para aumentar su atractivo (como si le hiciera falta). Ella se negó, alegando que su nariz era una parte fundamental de su rostro y que si la cambiaba, cambiaba todo y dejaba de ser ella. Así que continuó luciendo su rostro hermoso y único. Evitó la estandarización. Porque no es algo nuevo, el afán por uniformizar los rasgos para alcanzar el ideal de belleza de cada época ha estado siempre presente: desde la palidez artificiosa de las estatuas femeninas y la raya de los ojos tan marcada en los egipcios, pasando por el famoso perfil griego de las estatuas clásicas, a los labios finos, los ojos grandes y dulces y las frentes despejadas de las madonnas medievales que reflejaban los gustos de cada momento, o esa costumbre tan cruel de vendar los pies de las niñas chinas de buena familia para que no crecieran de forma natural y se quedaran reducidos a pequeños muñones envueltos en seda.

Hoy día los cirujanos plásticos no recurren a técnicas tan brutales e inhumanas, pero pueden cambiar completamente la cara y el cuerpo de una persona. No es el único modo de estandarizarnos: a raíz de la noticia me acordé de una conversación que tuve este verano con Carlos y con una amiga nuestra, Erika. Como en ese momento estábamos sin ordenador, había retomado la costumbre de ver la tele :P (que ahora he vuelto a perder, de hecho todavía no me he molestado en resintonizar los canales digitales). De vez en cuando veía un programa que echaban (supongo que aún seguirá) en ese canal tan peculiar que es Divinity: "Cambio de look". Es una especie de reality que consiste en cambiar de apariencia a una persona de manera más o menos integral, desde su peinado a su forma de vestir, pasando por su maquillaje y lo que haga falta. En muchos casos, las personas (siempre mujeres, parece que los hombres no necesitan ese tipo de cambios o no se sienten presionados para ello) necesitan un verdadero cambio, no sólo porque vayan hechas unos adefesios sino porque esos cambios repercuten en otros aspectos de su vida: un look más adecuado les puede ayudar a encontrar trabajo, lucir menos desaliñadas les ayuda a mejorar su autoestima, lo que repercute en el resto de aspectos de su vida, en sus relaciones... Nos contaba Erika que en algunos casos el cambio era integral y ayudaban a que esas personas superaran graves problemas personales, lo cual me parece bien. Pero había otras personas que en principio llevaban vidas normales y a las que, al ver cómo eran "antes", pensaba: "Pero si tampoco va tan mal; vale que no le vendría mal dejar de usar esa minifalda, o le puede venir bien jubilar ya ese poncho hippy que está ya pasadísimo y no la favorece, pero por lo demás ¿qué problema hay?". Mujeres que tenían su propia imagen, más o menos afortunada, pero no especialmente cantosa ni desfavorecedora. Pero sus familiares y amigos insistían en que tenían que cambiar de look, que era algo imprescindible para que su vida mejorara y que no podían soportar verlas así. A las mujeres que querían cambiar de look les presentaban varias opciones en cuanto a colecciones de prendas de vestir y peinados, seleccionados por los amigos y familiares junto con los estilistas del programa, para que eligieran los que más les gustaban y aplicaran esos cambios. El aliciente del programa, claro, está al final, cuando se muestran el "antes" y el "después", y lo curioso es que en el después siempre aparecían bastante favorecidas, eso no lo niego, pero de una manera similar en todas ellas: a mí la impresión que me da es que las vestían a todas de presentadoras de televisión, por explicároslo de una manera gráfica. Como unas Marilós Montero de la vida, vamos. Y las ves y dices: sí, está guapa, pero ¿va a ir a comprar al supermercado con ese vestidito tan mono y ese peinado de peluquería? ¿Y cuando esa moda se pase dentro de unos años, entonces qué harán?

Modas. Estándares. Tu cara no es igual que la de esas modelos, así que eres fea. Si no te gusta tu cara, en vez de aceptarte tal como eres y mejorar sin perder tu esencia, cámbiatela. Aunque, en realidad, no estés más guapa. Aunque ya no parezcas tú. Aunque veas una mentira frente al espejo todas las mañanas del resto de tu vida.

martes, 21 de octubre de 2014

Video killed the radio star

¡Hola de nuevo! Mi inspiración caprichosa ha vuelto para daros la brasa otra vez. Hoy la culpa es de un vídeo que vi compartido hace poco en el Caralibro, un vídeo ochentero donde los haya. Ya se sabe que se suele decir que los ochenta fueron la edad de oro de los videoclips, y no por nada: es cierto que fue cuando se sentaron las bases definitivas de la manera estándar de grabar videoclips tal como estamos acostumbrados a visionarlos ahora, y se crearon verdaderas obras maestras como el archicitado "Thriller" de Michael Jackson, sin olvidar otras joyitas como "Wild boys" de Duran Duran, "Sledgehammer" de Peter Gabriel o "Take on me" de A-Ha, y vídeos tan entrañablemente gamberros como el "We're not gonna take it" de Twisted Sister. Luego llegarían los años 90, tan feos y sosos, en los que se pusieron de moda los vídeos en blanco y negro de atmósfera depresiva, pero eso es tema para otra entrada. Aun así, no han logrado borrar el recuerdo de los vídeos de los 80, tan expresivos y divertidos.

Pero también, como no podía ser menos en una época de estética tan extrema como los 80, hubo desvaríos rayantes, a medio camino entre el terror y el ridículo más desopilantes. Vídeos que te provocan desde la risa cómplice y nostálgica de cuando éramos jóvenes y horteras (ahora sólo somos sosos :P) hasta el deseo de arrancarte los ojos por no sufrir más. En concreto, el vídeo que me ha impulsado a escribir sobre el lado oscuro de los clips ochenteros ha sido éste, que además mereció su "versión literal", con la que gracias al descojono que provoca se puede superar el horror estético que te induce:






Si habéis sobrevivido al shock, podemos continuar. Otro clásico de los vídeos cutres de la época es el "Tarzan boy" de Baltimora. No sólo por el abuso del chroma y ese efecto raro que hacían con los colores, sino porque el pobre Baltimora iba vestido y maquillado como si se hubiera encargado de ello su sobrina de cinco años con el maletín de la señorita Pepis. No llega al nivel de WTF del vídeo de Bonnie Tyler, pero es que eso es casi imposible. A cambio, es una buena muestra de cómo se las gastaban en tan gloriosa década:




Y, cómo no, siendo una como es una heavy con solera, no puedo dejar de recordar algunos de los vídeos más impactantes del metal ochentero. Hay mucho donde elegir, pero lo primero que se me viene a la cabeza es este inefable vídeo que perpetraron los Mötley Crüe al comienzo de su carrera. Algo así sólo se podía producir en los 80, sin duda.


En una línea parecida, a medio camino entre la estética de los primeros videojuegos y la de las imitaciones de Mad Max y de la imaginería fantástica de cartón piedra a lo "Señor de las bestias" (que ya tiene tela), se atrevieron a producir su primer vídeo conocido los Queensryche, banda que luego se volvió bastante más sobria (y produjo discos cojonudos como "Operation: Mindcrime" o "Empire"). Pero antes de eso, el metal ochentero corría fuerte por sus venas y les impelía a crear vídeos como este "Queen of the Reich" (por otra parte, canción muy en la onda de la NWOBHM y entrañablemente powermetalera que me sigue gustando aunque ya haya perdido un poco la costumbre de tolerar que me perforen los tímpanos con esos chillidos, y conste que Geoff Tate me parece un cantante genial).
  
Podría seguir con muchos ejemplos, pero no quiero cansaros. Si la entrada tiene éxito, me podría plantear escribir otra con más vídeos horribles/cutres/hilarantes. O mejor todavía, proponed vosotros los vídeos que queráis: aquellos que, a pesar de su estética bizarra y sangraojos, o precisamente por ella, os hace sonreír cuando los volvéis a ver o escucháis las canciones que escenificaban. Por ahora, me despido con un vídeo absolutamente icónico de los 80; no es exactamente horrible (de hecho, seguramente a muchos les alegrará la vista), pero a su manera es un clásico digno de esta improvisada lista, y ha sido imitado y parodiado hasta la saciedad: "Simply irresistible" de Robert Palmer. Que lo disfrutéis.