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martes, 29 de marzo de 2022

Los últimos románticos

Hace no mucho tuve ocasión de volver a ver “Drácula” de Francis Ford Coppola en el cine, gracias a la gente de Tiempo de Culto (podcast que os recomiendo mucho). Es una de mis películas favoritas, y de las pocas que me parecen genuinamente románticas. Pero no tanto por la historia de amor entre Drácula y Mina (que, por si no lo sabéis, en la novela original no existe, se la inventaron totalmente para la película), sino por cómo se relata el origen de Drácula. 

He cruzado océanos de tiempo... y vais y me adelantáis la hora, capullos, que me tengo que levantar del ataúd una hora más tarde

 

Me explico: la mayoría de la gente identifica romanticismo con historias de amor ultra moñas, cuando no tóxicas. Los últimos ejemplos a nivel de masas son Crepúsculo (con un protagonista vampiro que se parece a Drácula como un huevo a una castaña) y su sucedáneo supuestamente transgresor, 50 sombras de Grey; no hace falta que os explique de qué van salvo que hayáis estado viviendo en una cueva completamente aislados del mundo los últimos 20 años.  Salvo por compartir un concepto supuestamente apasionado del amor, que en realidad tampoco tiene que ver mucho con el concepto original de pasión romántica, no tienen nada en común con el romanticismo primigenio.

Cuando estudiaba la carrera, en el último año tenía que elegir una optativa. Ya había decidido que me iba a matricular en paleografía, pero era una de las asignaturas que empezaban a impartirse más tarde, así que podía ir antes de oyente a otras optativas por si descubría alguna que me hiciera cambiar de idea. Una tarde asistí a la primera clase de una asignatura con el rimbombante nombre de “Literatura anglogermánica de finales del siglo XVIII y principios del XIX” y allí me quedé. Sí, habéis adivinado: la asignatura era sobre el Romanticismo. El bueno, el original, el fetén. El de William Blake y el primer Goethe, el de E.T.A. Hoffmann y Lord Byron. Allí leímos el Frankenstein de Mary Shelley, la Rima del Anciano Marinero de Coleridge (sí, la de la canción de Iron Maiden, uno de mis dos temas favoritos del grupo), los alucinados poemas de William Blake, los terroríficos cuentos de Hoffmann, las abracadabrantes aventuras del Estudiante de Salamanca de Espronceda, también nos asomamos un poco por la muralla del castillo de Otranto… Para mí, que era apenas una jovenzuela recién salida de una adolescencia heavy ochentera alimentada por canciones y películas de fantasía y terror que bebían, a veces directamente, a veces de segunda, tercera o cuarta mano, de aquellas fuentes, esa asignatura era una gozada. Parte del mérito hay que atribuírselo al profesor que la impartía, Abraham (no me quedé con su apellido, mecachis), un hombre ya mayor, encantador y sobre todo muy sabio, que sabía transmitirnos su entusiasmo por aquella literatura realmente rompedora, con sus virtudes y sus excesos, pero siempre fascinante. Y gracias a él aprendimos que la verdadera esencia del romanticismo no era ese concepto pasteloso del amor que nos ha quedado como su supuesto legado (en realidad de eso tienen más la culpa los imitadores malos de autores que en realidad eran posrománticos, como Bécquer o Rubén Darío, ya muy posteriores en el tiempo al romanticismo original), sino la rebeldía: primero contra los rígidos cánones artísticos del neoclasicismo, luego contra las reglas en general y las normas morales, sociales y políticas establecidas.  Contra el clasicismo academicista, la creatividad desatada; contra el orden, la libertad; contra la razón que delimita, la pasión que se desborda; contra la contención y el pudor, la exaltación de los sentimientos.

Los primeros románticos eran, en general, reivindicativos, incluso revolucionarios, también en el ámbito político. Sin embargo, a veces se producía el efecto contrario: como consecuencia de la reivindicación del arte y la cultura medievales y barrocos como reacción contra el academicismo clasicista, del que la Edad Media se percibía como su opuesto y el barroquismo de la Contrarreforma como su contrapunto, parte de la producción cultural del romanticismo que miraba con nostalgia el primitivismo medieval y la exaltación barroca derivó a lo largo del siglo XIX en géneros más conservadores como la novela histórica o el teatro histórico, que llegó a unos niveles de ranciedad importantes. Políticamente, la reivindicación de los nacionalismos emergentes que a menudo se conectaban con la visión idealizada de los antiguos reinos medievales también acabó derivando a veces en ideologías y opciones políticas conservadoras y retrógradas. Pero el núcleo de la esencia romántica, aunque luego evolucionara en algunos casos hacia el otro extremo del espectro, era la rebeldía. Contra las normas, contra el orden establecido, contra la moral imperante, incluso contra la religión. Porque, ¿qué mayor acto de rebeldía que rebelarse contra el poder supremo, contra el mismísimo Dios?

Sí, amigos: el satanismo surgió del romanticismo, con su reivindicación de la figura del ángel caído por intentar levantarse contra Dios (algo de culpa tendría Milton) y de los personajes monstruosos y malditos de la novela gótica. Y el heavy metal, que desde el principio se vinculó con la imaginería satánica y gótica como parte de su trasfondo estético de reacción contra el flower power hippie, entronca así con el romanticismo, de modo que, como nos reveló Abraham, provocando mi asombro alborozado, los heavies somos los últimos románticos auténticos, mira por dónde. En realidad, esa imaginería satánica surgió por puro marketing; los primeros que la utilizaron, los Black Sabbath, admitieron que se dieron cuenta de que las películas de terror a finales de los años 60 tenían mucho éxito entre su público potencial, así que para llamar la atención de ese público tomaron su nombre de una de esas películas y las letras lisérgicas hicieron el resto. Por otro lado, los cultos satánicos de gente como Anton La Vey o Aleister Crowley eran sectas dirigidas por tipos que eran más unos jetas timadores que otra cosa, y los satanistas actuales son realmente ateos más cercanos a la filosofía hedonista que a otra cosa, así que el heavy metal y sus aficionados tienen de satánicos parte de su estética y poco más. Esos grupos noruegos de death metal que en los 90 se dedicaban a quemar iglesias y a cargarse a algún que otro desgraciado no son más que cuatro tarados que recurrieron al satanismo como excusa para hacer el bestia igual que podían haberse identificado con, yo qué sé, el supremacismo sudista de Estados Unidos (oh, WAIT). Y los que creen de verdad en la existencia de Satán y lo adoran son dos tarados y pico.

Aun así, el heavy metal a lo largo de su historia como género se ha identificado en muchos aspectos con esa imaginería satánica que implica una actitud de rebeldía ante el sistema. Como decía más arriba, el mayor acto de rebelión es levantarse contra Dios y sus leyes, y es en ese sentido en el que la película de Francis Ford Coppola es más auténticamente romántica: no ya tanto por la historia de amor entre el conde y su amada reencarnada en una joven inglesa, sino sobre todo por el acto de rebeldía suprema en el que Vlad Tepes reniega de Dios, desolado por la muerte de su amada cuyo Señor no quiso evitar, a pesar de haberle servido fielmente. Mientras que la novela es más heredera del romanticismo por todo el legado de la novela gótica de vampiros y monstruos que le precede, la película es romántica sobre todo por la sublevación de un hombre que había sido siervo de Dios hasta que decidió que ya bastaba de obedecer a un Señor tan desagradecido. Que uno no siembra los campos de batalla de Centroeuropa con miles de empalados para que su pobre novia acabe tirándose al río porque los pérfidos infieles la engañan y encima no la admitan en el camposanto, hombre ya.

Y por todo eso, aunque como buena hobbit no me identifico en absoluto con el cliché del romanticismo que nos vendieron cuando desapareció el auténtico (no soy de celebrar San Valentín ni ninguna moñada de esas, y lo de dejar todo por amor, pues mira, como que me viene mal) y a veces los héroes románticos me cargan mucho con sus tonterías (desde aquí lo digo: Sigfrido, su primo Túrin Turambar y su cuñado Rhaegar Targaryen son unos singermornings), a pesar de todo eso, digo, siento fascinación y admiración por ese romanticismo originario, torturado y rebelde. El caso es que ni soy muy de sentir angustia existencial, ni de torturarme por amores y metas imposibles; en general procuro no comerme mucho la cabeza y no soy negativa ni pesimista por naturaleza. Pero sé que la oscuridad está más presente en nuestro interior de lo que queremos admitir, y que no siempre es mala, sino sólo parte de nuestra naturaleza, y como tal es mejor conocerla que rechazarla. No puedes controlarla si no. Tampoco puedes encerrarla siempre en una jaula de barrotes rectos y lisos. A veces es preferible dejar que se airee un poco paseando por un jardín que no tiene por qué estar perfectamente podado. La maleza también cumple su función. Sobre ella el monstruo puede descansar, tal vez libre por fin de su maldición. Cuando duerme tranquilo es hermoso.

viernes, 5 de noviembre de 2021

MURDER FALCON

 

Anoche terminé de leer Murder Falcon. Por si no lo sabéis, es un cómic escrito y dibujado por Daniel Warren Johnson y coloreado por Mike Spicer, y me atrevo a decir que es una obra maestra. La trama es muy sencilla en apariencia, y para quien no esté acostumbrado a leer cómics ni sea aficionado al heavy metal, puede parecer casi ridícula: Jake, un guitarrista temporalmente retirado, se ve de repente empujado a luchar contra monstruos llegados de otra dimensión que intentan invadir nuestro mundo y absorber la energía vital de los seres humanos, enfrentándose a ellos con el poder de la música y el apoyo de Murder Falcon, Murf para los amigos, un gigantesco halcón antropomórfico más heavy que el viento. Para ello reúne a su antiguo grupo, del que se había apartado por motivos que iremos conociendo poco a poco y que le habían llevado a aislarse en general de su vida anterior.

 

Partiendo de una premisa tan bizarra y tan delimitada, Daniel Warren Johnson desarrolla una historia de dolor, amor y redención profundamente emocionante que reivindica la música, especialmente el heavy metal, como vehículo de trascendencia y superación. Como dice el autor en una breve introducción: “Perdona mi franqueza pero la vida puede ser una mierda a veces, o constantemente, y somos incapaces de pararlo. Incapaces, sí. Pero no hemos de quedarnos callados. […] Toco la guitarra desde que tenía once años. Es parte de mí. Y siempre que siento aproximarse una tormenta, toco la guitarra horas y horas. Atravesé una tormenta mientras dibujaba EXTREMITY. Mucho dolor y muchas noches interminables. Me hizo querer abandonar, dejar de intentarlo. […] Pero mi guitarra siempre estuvo ahí. La música siempre estuvo ahí. No arregló nunca nada, pero hizo que las cosas fueran un poco mejores. Como si aún hubiera esperanza por algo, en alguna parte. Por eso me encanta el estilo de música Metal. Es descarado, es absurdo, y no tiene miedo alguno a gritarle a la nada, incluso en mitad del sufrimiento. Alegría en un mar de oscuridad. ¿Y qué mejor manera de mostrar el dedo corazón a nuestras tragedias que lanzarse a un solo de guitarra?”.

 


Me siento muy identificada con sus palabras. Desde mi adolescencia, la música me ha ayudado a superar los malos momentos. Aunque no solucionara nada por sí misma, me ayudaba a evadirme de esos malos momentos, a evitar la negatividad y me levantaba el ánimo, y así conseguía superar los malos tragos y seguir adelante. Desde los 14 años, cuando empecé a escuchar heavy metal, la música ha sido mi compañera constante. Igual que la lectura, las películas y series y las narraciones de ficción en general que me permitían evadirme y al mismo tiempo me proporcionaban enseñanzas que a la larga me han calado y me han aportado más que la educación reglada y han contribuido decisivamente a convertirme en la persona que soy hoy en día. Todo va unido, y por eso no es raro que muchas veces las personas que escuchan con verdadera devoción determinado tipo de música también sean devotas de otras manifestaciones artísticas, no siempre canónicas, muchas veces enraizadas en una cultura pop poco apreciada y hasta hace no mucho relegada al rincón del “frikismo”. Ni todos los heavies son frikis, ni todos los que son frikis escuchan heavy metal, pero ambas circunstancias coinciden muy a menudo y no creo que sea por casualidad. Son aficiones que, cuando no se adquieren de manera impostada, por seguir la moda, se viven con fervor sincero y nunca te abandonan. Lejos del concepto del arte como algo elitista hay todo un mundo de manifestaciones artísticas populares que a veces pueden resultar horteras o ridículas a ojos de los que no las aprecian ni las sienten, pero son genuinas, e incluso cuando se han mercantilizado porque el capitalismo ha descubierto su rentabilidad, mantienen, aunque sea en el fondo, la esencia que hizo que tantas personas las atesoraran como fuente que eran de las pocas satisfacciones que tenían en sus vidas. Por eso Murder Falcon consigue la cuadratura del círculo, presentándonos una historia universal en un formato tan particular. Cualquiera puede apreciarla, pero si además eres fan del heavy metal, te llegará hondo al corazón. Aparte del final, muy emotivo de por sí, hay momentos de homenaje a figuras clave del heavy metal y el rock duro que me han hecho saltar las lágrimas, literalmente. Además, mis anteriores lecturas han sido precisamente las autobiografías de Lemmy Kilmister y Rob Halford, dos estrellas fundacionales del metal de los que se puede decir con propiedad que la música les salvó la vida (en serio, leedlas, es impresionante el espíritu de superación de ambos), así que estaba especialmente receptiva, y ambos, de maneras bastante curiosas pero patentes, aparecen en Murder Falcon. Igual que otros dos músicos muy relevantes, especialmente el último, que no nombraré por no hacer spoiler, pero cuyas apariciones son las que más me han emocionado. Joder, es que mientras recuerdo esos momentos al escribir se me pone un nudo en la garganta, os lo juro.

 


Pero, ojo, no son los protagonistas. Los verdaderos protagonistas: Jake, Murf, sus compañeros de grupo y otros personajes más secundarios pero muy relevantes también son verdaderamente cautivadores, les tomas cariño y te identificas con ellos y con su dolor y su valor. Unidos a una narración y unas ilustraciones épicas a más no poder, crean una historia que recomiendo mucho, no sólo para los que amáis el heavy metal como yo, sino para cualquiera que quiera disfrutar de una buena historia. Yo la releeré más de una vez y más de dos, seguro.

sábado, 13 de julio de 2019

Santísimas Trinidades

Como podéis ver, estoy en racha. Es lo que tiene procrastinar, que cuando tendrías que estar haciendo otra cosa es cuando te entran ganas de ponerte con alguna otra tarea perfectamente inútil pero que te apetece mucho más. Y como hace un rato se me ha venido a la cabeza una idea que ya tenía de hace tiempo pero nunca había plasmado, pues allá que voy, a daros la brasa con mis idas de olla, para no variar. 

El caso es que hace tiempo me di cuenta (o al menos eso creo, mi percepción puede estar equivocada) de que las grandes bandas de rock duro/heavy metal se podían agrupar en tríadas, las cuales se corresponderían más o menos a razón de una tríada por cada década. Así que procedo a hacer una lista de...

LAS SANTÍSIMAS TRINIDADES DEL METAL 

1. AÑOS 70: LED ZEPPELIN, DEEP PURPLE Y BLACK SABBATH.

He aquí a los padres del invento. En puridad, Deep Purple no son heavy metal sino hard rock, y Led Zeppelin casi se salen de cualquier clasificación: son lo previo al metal, incluso al hard rock, y al mismo tiempo van más allá. Pero da igual: para los que somos heavies clásicos, todo es heavy y punto 😝. Los que sí se puede decir que fueron la primera banda de heavy metal certificada son los Black Sabbath, pero entre los tres grupos sentaron las bases del estilo dominante en toda la década, por lo menos hasta que llegaron los punks en el 77 y la liaron parda. Lo curioso es que a los primeros que escuché fue a los Deep Purple, y en teoría debería preferir a los Sabbath, pero en realidad de los tres mis favoritos y a los que más valoro son los Led Zeppelin.
Igual que los Beatles, Led Zeppelin tenían un quinto miembro: la melena de Robert Plant
Ozzy fue el primer true metal pagan with rebequita de lana
Ritchie Blackmore se dejó bigote para que dejaran de confundirlo con un búho

2. AÑOS 80: JUDAS PRIEST, IRON MAIDEN Y AC/DC.

¡Mi primera camiseta chispas!
Igual que Led Zeppelin y Deep Purple en la santísima trinidad inicial, AC/DC no es heavy metal, pero también aceptamos pulpo. En realidad los tres grupos comenzaron sus carreras en los años 70, pero cuando consolidaron su estilo (bueno, AC/DC ya lo tenía consolidado de sobra; más que consolidado, fraguado en cemento Portland, porque son tan inmutables como Ana Blanco y su peinado) y sobre todo cuando lo petaron todo fue en los 80. Los Judas y los Maiden, en especial, contribuyeron a fijar la estética más clásica del heavy metal: Rob Halford con su cuero y sus tachuelas directamente extraídos de la estética gay leather (siempre me ha encantado esa paradoja de que muchos heavies machistas como ellos solos vistieran igual que los gays más notorios y activos) y las portadas de discos protagonizadas por Eddie, la "mascota" de los Maiden, plasmadas en camisetas negras que con el tiempo acabaron vendiendo hasta en el Bershka, pero que no podían faltar en el armario de ningún heavy de pro. Aunque fuera el único signo de que el heavy en cuestión lo era, porque a muchos sus padres no les dejaban llevar el pelo largo ni los vaqueros elásticos 😆. Con el tiempo fueron los Blind Guardian los que tomaron el relevo en el tema de las camisetas, pero los que sentaron las bases fueron los Maiden.

Y encima graban el vídeo de "Hot Rockin" tal que así. A Halford sólo le faltó salir con la bandera del arcoiris como capa a lo Superman XD
"A nosotros dejadnos de historias y traednos priva"
3. AÑOS 80, SEGUNDA PARTE: METALLICA, ANTHRAX Y MEGADETH.

Los años 80 fueron la edad de oro del heavy, y que tuvieran no una sino dos santísimas trinidades lo demuestra. A mitad de la década, aunque el género estaba en su punto más álgido, la fórmula comenzaba a estancarse. Mientras las discográficas y las radiofórmulas promocionaban a grupos que tiraban más por el hard rock suave, desde grupos de AOR ya veteranos a jovenzuelos hair metal herederos del glam de los 70 (estilos que también me gustan, que algunos de mis primeros grupos favoritos fueron Bon Jovi y Foreigner, por ejemplo) para llegar a más público, algunos nuevos grupos, fans de la segunda santísima trinidad y sus derivados, la NWOFBHM (no he estornudado, son las siglas de la New Wave Of British Heavy Metal) decidieron que la solución estaba en irse al otro extremo: meter más tralla hasta llegar al límite permitido por la capacidad auditiva humana. Los pioneros fueron Metallica, Megadeth (que en realidad era una escisión muy temprana de los Metallica) y Anthrax, que comenzaron por tocar a más velocidad (o sea, a hacer speed) y le dieron además un toque especial a la forma de tocar sus instrumentos, principalmente las guitarras, inventando el thrash (=trillar, y también azotar, golpear; vamos, que les pegaban unas palizas a las cuerdas de las guitarras de flipar). Por supuesto crearon escuela y surgieron cantidad de grupos que sonaban aún más extremos, como los Slayer, y miríadas de nuevos subgéneros: hardcore, grindcore, doom, death, black... Yo ahí fue cuando ya me perdí y renuncié a intentar aprenderme todas esas subdivisiones, porque el árbol genealógico resultante era más complicado que el de la familia de Sirius Black.

Cuando los Metallica aún usaban Clearasil en lugar de Just For Men
Sí, amigos: hasta los heavies más duros se cardaban el pelo
"Somos más malotes que el hermanastro de la pelirroja de Stranger Things"
4. AÑOS 90: PEARL JAM, SOUNDGARDEN Y NIRVANA.

Antes de que me saltéis a la yugular mientras gritáis: "¡Esos no son heaviiiiieeeeeees! ¡Muerte al gruuuuunge!", dejad que me explique: sí, ya lo sé. Como comentaba en el párrafo anterior, a mitad de los 80 el heavy metal clásico comenzó a estancarse y a decaer mientras se subdividía en múltiples subgéneros, como si intentara sobrevivir a base de reproducirse a lo loco. Aun así llegó un momento en que la decadencia está prohibida en tu menteeeeee... Ay, perdón, que se me va. Como decía, la decadencia del heavy metal por puro agotamiento provocó que, con el cambio de década, surgieran nuevos grupos que decidieron hacer borrón y cuenta nueva y crear otros estilos con bases musicales comunes pero con planteamientos y objetivos muy distintos a los metaleros de los años 80. Así surgió el grunge, que en el fondo lo que hizo fue retroceder para tomar impulso desde las raíces setenteras del rock duro, y mientras Nirvana se inspiraban más en el punk y los primeros grupos de garaje, Pearl Jam tiraba más por derroteros hardrockeros, incluso folkies (para mí son los que más me recuerdan a Led Zeppelin) y Soundgarden se inspiraban más en Black Sabbath y el rollo stoner. Muchos declararon el acta de defunción del heavy metal, aunque con el tiempo se podría decir que los rumores sobre su muerte habían sido exagerados. En fin, estos grupos ya eran otra historia, pero sin embargo siguieron reproduciendo el esquema trinitario de las décadas anteriores. 

"Mierda, se ha acabado el papel. Sí, el del váter también"
"Ups, nos han pillado"
"¡Mira, un OVNI! (¡Corre, Chris!)"
Que, por cierto, a mí estos tres grupos me encantan. Es lo que tiene ser politoxicómana, que le doy a todo mientras pueda. Eso sí, con el cambio de siglo llegué a mi límite. Como comentaba el otro día en un hilo de Twitter con Juanma Santiago (holiiiiii), a partir del 2000 ya no me daban más de sí las arterias y tuve que reducir las dosis de nueva música, más que nada porque la que se producía a partir de esas fechas ya estaba demasiado adulterada para mi gusto. Así que volví a la cerveza de toda la vida, permitiéndome sólo en ocasiones algunos chutes de Rammstein y otras hierbas variadas. En realidad, yo también he vuelto a mis raíces, en el sentido de que escucho prácticamente de todo, sea de la época y del estilo que sea, salvo alguna excepción como el reguetón y los triunfitos, porque eso no es drogaína, eso es matarratas. Pero aunque con los años me haya vuelto atea, sigo teniendo mucha devoción por las santísimas trinidades. El rock es mi pastor, nada me falta. Ea, id con Lemmy.

jueves, 11 de julio de 2019

Versión original

Podría escribir una entrada sobre lo bien que lo he pasado esta mañana en el trabajo a pleno sol currando como una gilipollas. Podría escribir muuuuchas cosas sobre las estupendísimas condiciones laborales que sufrimos la mayoría de los curritos y más específicamente sobre las que imperan en cierto hospital madrileño que no mencionaré (total, da lo mismo, en todas partes cuecen habas). Pero bah, pa qué os voy a contar mis penas. Prefiero alegraros un poco la tarde/noche con buena música, porque de eso va esta entrada y porque es una de las mejores ocupaciones que puede tener uno en la vida, disfrutar de la buena música.

Así que la entrada no va de cine, como pudiera parecer por el título, sino de musiquita. Voy a hacer una lista (ni exhaustiva, ni por orden de preferencia, ni na de na, sino de lo que se me vaya ocurriendo y punto) de versiones, originales no porque sean las que crearon sus autores, sino porque son diferentes de las primeras versiones. Porque esas son la clase de versiones que me gustan: hacer una versión casi idéntica a la original no tiene sentido, para eso escucho la original. Las que me molan son las que cambian el estilo para sonar de otra forma, porque bien hechas pueden dar un resultado sorprendente e incluso mejorar la original (sí, se puede, no es una herejía) y porque también sirven a veces para refrescar el gusto por una canción determinada de la que ya te habías cansado un poco. Sí, ya sé que probablemente me haréis mucho menos caso así que si hiciera un hilo en Twitter con una canción por tuit, ya que parece que la mayoría de la gente ahora es capaz de tragarse un hilo de quinientos tuits sin respirar y en cambio cuando ve más de dos párrafos seguidos les da un síncope. Pero me la suda. Prefiero el formato blog a los hilos y, total, ni aquí ni en Twitter me va a leer ni cristo que lo fundó, salvo dos o tres amigos fieles que tienen más paciencia conmigo que Pepper Potts con Tony Stark 😅. Comenzamos:

THE SOUND OF SILENCE - Simon & Garfunkel/The Awakening


Sí, sé que la mayoría de la gente prefiere la versión de Disturbed. Que es una pasada, no lo niego, y también me gusta mucho, pero tengo especial querencia por esta de los sudafricanos (flipa) The Awakening, un grupo siniestro (que no gótico, estos son de la vieja escuela) con muuuuchas reminiscencias de mi grupo favorito de ese estilo, los Sisters of Mercy, con lo cual ya me tenía ganada desde la primera nota. 

SPIDERMAN - Ni Puta Idea/Ramones


Los Ramones precisamente son especialistas en hacer versionacas en su estilo único, así que podría hacer una lista solamente con ellas. Pero, aparte de que este finde iré a ver por fin Spiderman: far from home y supongo que por eso me ha venido a la cabeza esta versión de la célebre canción de los dibujos animados de Spiderman (sí, aquellos tan cutres de los 60), además me mola mucho porque le gusta a mis hijos, y todo sea por educar correctamente a mis churumbeles. Por cierto, atención al cameo de Drew Barrymore.

SEVEN NATION ARMY - White Stripes/Ben L'Oncle Soul

Este es un ejemplo claro de lo que os explicaba al principio: una versión muy distinta de la original, pero que sigue siendo reconocible y de una calidad comparable a la versión primigenia. Escuchadla, que además esta es de las que se disfrutan mucho.

JOLENE - Dolly Parton/White Stripes

Y mira, precisamente al enlazar la versión anterior me he acordado de que los mismos White Stripes tienen una versión de poner los pelos como escarpias de una de las canciones emblemáticas de la estrella del country. Ahora toca sacar el paquete de kleenex.

GET LUCKY - Daft Punk/Halestorm

Me encanta la canción original, pero esta versión es de esas que demuestran que con caña casi todo suena mejor. Esta gente también tiene otras versiones muy buenas, como una del Shoot to thrill de AC/DC que, sin ser tan diferente de la original, tiene el mérito de que la cantante le planta cara a Brian Johnson y sale victoriosa. 

THE PROPHET'S SONG - Queen/Cellar Darling

Descubrí el año pasado esta maravillosa versión que recrea el nuevo grupo de la anterior cantante y otros componentes de Eluveitie, y le he cogido casi tanto aprecio como a la original. Una de mis canciones favoritas de Queen (y eso es mucho decir, creedme) con aires (más) heavies y celtas, ¿qué más puedo pedir?

LA NOCHE DE QUE TE HABLÉ/LA NUIT DONT JE T'AI PARLÉ - Leño/Dwomo



Entramos en el terreno de las versiones chanantes que lo molan todo. En este caso, los geniales Dwomo versionan a Leño. Esta es de esas canciones que lo mejor es ponérsela a alguien sin decirle nada y disfrutar del careto que pone cuando la reconoce 😂.

RAPE ME - Nirvana/Richard Cheese


Dentro del palo de versiones chanantes, no podía faltar el inigualable Richard Cheese. Paul Anka le copió la jugada, pero no le salió igual, yo creo que no pilló que esto iba de coña. Eso sí, una coña muy bien producida.

THE GODFATHER - Ennio Morricone y Nino Rota/Tokyo Ska Paradise Orchestra

Por el motivo que sea (seguro que Jaime Altozano lo explicaría estupendamente), el ska y el reggae son estilos que dan buenos resultados a la hora de hacer versiones de temas de casi cualquier otro estilo. Así lo demuestra esta banda de ska que encima son japoneses, toma ya.

THE FOX - Ylvis/Black Ingvars


Durante una temporada estuve muy viciada con Ylvis. Que sí, que es un grupo paródico y las canciones son de coña, pero cojones, qué buenas son y qué bien producidas están. Luego descubrí esta versión de los Black Ingvars (también están especializados en hacer versiones rockeras) y ya se me terminaron de caer las bragas. Los muy cachondos empiezan induciéndote al despiste, haciéndote creer que están tocando Fire Woman de The Cult y... ¡toma! Otra que también les gusta a mis pitufos, por cierto, todavía hay esperanza 😁.

EMERALD - Thin Lizzy/Dare


Creo que de Dare sólo nos acordamos mi amigo Darío Polo y yo. (Hace siglos que no hablo con él, por cierto, soy una descastada). Dare es un grupo de rock irlandés que tuvo cierto éxito a finales de los 80, sobre todo con aquel tema tan maravillosamente moñas titulado Abandon, en cuyo vídeo al cantante le trucaban los ojos para que parecieran más azules como un Legolas de la vida. Yo pensaba que el grupo se habría disuelto hace siglos, pero no, resulta que siguen juntos, han virado a un estilo más céltico (ninguna queja al respecto, of course) y entre otras cosas han hecho esta preciosa versión de uno de los temas más cañeros de Thin Lizzy que lo que pierde en fuerza lo gana en intensidad y belleza.

EVERYBODY KNOWS - Leonard Cohen/Rufus Wainwright


Con Leonard Cohen me pasa como con Bob Dylan: creo que hacen canciones cojonudas, pero me gustan más interpretadas por otros que por ellos. De Leonard Cohen, aparte de idolatrar las versiones que Enrique Morente y Lagartija Nick hicieron de varios de sus temas en Omega, me gusta mucho esta versión que hace Rufus Wainwright. Si hasta el propio Cohen reconoce en el vídeo que les ha quedado mejor a Rufus y a su hermana que a él 😆. Igual que le pasó con la versión de Jeff Buckley de Hallelujah 💖.

HURT - Nine Inch Nails/Johnny Cash


No podía faltar esta versión, claro. Porque hasta el propio Trent Reznor ha reconocido que le da cosica tocar ahora esta canción porque Johnny Cash la versionó de una manera tan insuperable que mejoró la suya propia. La verdad es que los discos de versiones que sacó Johnny Cash no tienen desperdicio. El cabrón de Rick Rubin sabe muy bien lo que se hace.

DON'T FEAR THE REAPER - Blue Oyster Cult/H.I.M.


Con esta canción me ocurrió que conocí primero la versión de H.I.M. y luego descubrí que era una versión de la original de Blue Oyster Cult, gracias a que esta (aunque también en otra versión, pero más fiel a la original) salía en la banda sonora de una película que me encanta, The frighteners de Peter Jackson (aquí, cómo no, tradujeron el título al estilo absurdo que les encanta a las distribuidoras españolas y la llamaron "Agárrame esos fantasmas". En fin). Me encanta la parte en que sustituyen el solo de guitarra por uno de órgano al más puro estilo de peli de terror de la Hammer. La verdad es que a los H.I.M. se les da muy bien hacer versiones.

BOYS DON'T CRY/NO LLORAR - The Cure/Los Niños Mutantes


No, no pongo la versión que hicieron del Como yo te amo de Raphael, que mola mucho pero ya cansa, concho 😅. Precisamente a los Niños Mutantes los conocí por este disco de versiones que hicieron, que está cojonudo, y luego escuché más canciones suyas que también me gustaron. Así que fui a un concierto suyo y descubrí que sus teloneros, los Monoral (japoneses, flipa) molaban todavía más, pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión. Otra de mis versiones favoritas de ellos es esta que hacen de Boys don't cry; además, tiene el mérito de que adaptan la letra al español de manera bastante convincente.

I DON'T FEEL LIKE DANCING - Scissors Sisters/Hayseed Dixie



Ya voy terminando la lista, ya, que se me está alargando mucho. Me emociono y pasa lo que pasa... Y, cómo no, tengo que hacerlo con estos cabroncetes que ya son unos clásicos del mundo de las versiones, los Hayseed Dixie. Cogieron la idea de las polkas del genial Weird Al Yankovic y fueron más allá, metiéndonos en vena puro blue grass, que es el equivalente a que aquí un grupo de joteros de Albacete hicieran versiones de Barón Rojo o de Metallica. Estos rednecks fumetas se han hecho famosos sobre todo con sus versiones de AC/DC, pero a mí me gusta mucho esta que hicieron de los Scissors Sisters.

Bueno, pues esto es todo, que ya es bastante. Pero se me han quedado muchísimas versiones en el tintero, por supuesto. Si tenéis curiosidad, por aquí os dejo el enlace a una lista que me hice en el Spotify, que está repletita de versiones curiosas: (Per)versiones


¡Buenas nocheeeeees!

sábado, 4 de mayo de 2019

Sin orden ni conciertos

Aquí estoy otra vez. Si alguien aún me lee y se ha fijado, he cambiado el fondo y los colores del blog. Llevaba años con los mismos y ya me aburrían, así que tocaba un cambio. Espero que os guste, y que a mí me convenza y no me dé por cambiarlo dentro de dos días. Bueno, tampoco pasa nada si lo cambio otra vez, ¿no? El blog es mío :P.

Desde hace poco tiempo estoy volviendo a tener vida social, pero todavía ando un poco descoordinada. Hoy quería haber ido a ver a los Corvus Corax, que actúan en la fiesta medieval de El Álamo, pero se me ha cruzado un compromiso previo del que no me había enterado bien a qué hora lo tenía (típico caso de teléfono escacharrado) y no ha podido ser. Me da pena no verlos, pero bueno, otra vez será, y si no, más se perdió en la guerra. El caso es que me ha dado por pensar en otros conciertos a los que en su momento no pude ir por diversos motivos, así que se me ha ocurrido escribir sobre esos conciertos a los que me encantaría ir si pudiera viajar en el tiempo. Unos son conciertos históricos, otros no tanto pero sí me dolió perdérmelos, pero con todos habría deseado tener ese giratiempos tan útil que le prestaron a Hermione Granger en "El prisionero de Azkaban" (bueno, para ir a conciertos y para tantas otras cosas...). En fin, sin más preámbulos, ahí voy con los 

CONCIERTOS QUE ME PERDÍ 

1. Festival Monsters of Rock: Donington, 1987 y 1988.   

Ahora hay festivales de metal en todas partes, pero en los años 80 sólo había un festival para los amantes del heavy: el Monsters of Rock que se celebraba en Donington Park, un circuito automovilístico del Reino Unido. Todos los años que se celebró presentó carteles espectaculares, pero me habría hecho especial ilusión ir en esos dos años. Al lorito los grupos que se reunieron en esas ediciones:


El año 88 fue un poco nefasto. Se produjo una avalancha durante el concierto de Guns'n'Roses y dos chicos murieron, por lo que las autoridades locales prohibieron que al año siguiente se celebrara el festival, que volvió en 1990. Para entonces todo había cambiado, la gente empezó a preferir a nuevos grupos musicales con estilos diferentes y el último festival se celebró en 1996. Pero a pesar de todo, no me digáis que no molaría ver a Iron Maiden, Dio, Metallica, Helloween o Bon Jovi en la cumbre de sus carreras. Ays. A mí me pilló muy jovencita, aún era menor de edad y no tenía dinero (por no hablar de permiso paterno) para ir a conciertos. Pero soñaba con ir algún día a Donington. En fin.

2. Conciertos de Queen en el estadio de Wembley, 11 y 12 de julio de 1986.


Otros dos conciertos míticos donde los haya. Como sabéis, el año anterior Queen triunfaron en el Live Aid celebrado en el mismo estadio, tal como se refleja en "Bohemian Rhapsody", pero donde me gustaría haber estado de verdad es en estos dos conciertos, que fueron apoteósicos, como se puede ver en las grabaciones. Fue la última gira del grupo con Freddie Mercury. No habría podido ir a esos conciertos por el mismo motivo que no fui a los de Donington, qué le vamos a hacer.  Lo peor es que ya nunca será posible ver a Freddie en directo. Puta vida.

3. Todos los conciertos de Whitesnake en España.

En serio, creo que tengo una maldición con este grupo. Aunque ya esté muy cascadito y parezca una señora mayor, David Coverdale sigue siendo uno de mis cantantes favoritos, pero nunca he podido ir a ver un concierto suyo. La primera vez fue la que más me dolió: en agosto de 1990 los Whitesnake actuaron en el Rockódromo, pero mis padres me prohibieron ir. Y eso que yo había estado trabajando todo el verano cuidando a una niña por las mañanas, trabajo por el cual me pagaron una miseria, pero esa miseria me bastaba para pagarme la entrada. ¿Os he contado ya alguna vez cuánto daño hizo el subnormal de la base americana de Torrejón que apuñaló a un chaval en aquel concierto de los Scorpions en el Rayo? Pues eso. En 1990 mis padres todavía se negaban a que fuera a conciertos de heavy por si me pasaba lo mismo. Quiero mucho a mis padres, pero ésta se la guardaré siempre.

El resto de ocasiones que han venido a España, no he podido ir a verlos por motivos laborales: buena parte de mi vida laboral se ha desarrollado en el turno de tarde. Bueno, el último, si no recuerdo mal, no pude asistir porque acababa de tener a mi hijo mayor y no tenía el chichi para farolillos, literalmente. Esa vez me dolió también especialmente porque venían en una gira con Def Leppard y Europe, otras dos bandas especialmente queridas para mí. Pero a mi hijo no le podía echar la culpa, pobrete. Así que no sé si alguna vez tendré oportunidad de poder ir a un concierto de Whitesnake... Este año hacen gira, pero no pasan por España. Y no tengo dinero ni para irme un finde a la playa, así que como para irme a otro país a ver un concierto... Snifffff.


4. Concierto de Gary Moore en la Casa de Campo: Madrid, 11 de mayo de 1987.

Todos los testimonios sobre aquella noche coinciden en que fue un conciertazo. Gary Moore, mi guitarrista favorito aún hoy día, tocó esa noche con Barón Rojo de teloneros, que también estaban todavía en su mejor momento. Bueno, también tocaron un par de canciones los Shy (que no era un mal grupo) antes de que la gente los echara porque el cantante iba pedo perdido y se enfrentó al público, que respondió con un auténtico bombardeo de litros de cerveza y otros objetos contundentes al escenario. Por suerte eso no impidió que los Barones primero y Gary después dieran sendos conciertos magistrales que quedaron para la posteridad. Por aquella época yo apenas acababa de descubrir el heavy, pero al poco tiempo me enteré de que había acontecido aquel evento y me dio mucha pena habérmelo perdido. Hoy me sigue dando pena porque ya nunca podremos volver a ver a Gary Moore en directo. Murió en 2011, precisamente cuando estaba de vacaciones en España. Pero nunca lo olvidaré y seguirá siendo mi guitarrista preferido.


5. Hedningarna, cualquier concierto en cualquier lugar.

Los descubrí en aquel maravilloso programa, Diálogos 3, que presentaba Ramón Trecet en Radio 3, cuando Radio 3 molaba, y flipé. Pero de nuevo me pilló con el pie cambiado y me enteré demasiado tarde de que daban un concierto en el 2003 en la sala Arena (donde sí he visto, en cambio, y dos veces además, a otro grupo que me encanta, los In Extremo). También han actuado en otras ocasiones en España, pero hace años que se separaron, así que deberé conformarme con sus discos y sus vídeos. Sniffff.



6. Héroes del Silencio, Sevilla, 2007.

Ay, otros que me quedé con las ganas... El de Sevilla fue uno de sus últimos conciertos y compañeros míos de trabajo pudieron ir y volvieron contando maravillas, pero yo no podía porque, para no variar, no me sobraba el dinero como para irme a Sevilla un finde y tampoco pude pillar entradas a tiempo. Los han parodiado y vilipendiado hasta la extenuación, y entiendo que su estilo no tiene por qué gustar a todo el mundo, pero para mí fueron y seguirán siendo un grupazo y Bunbury un pedazo de cantante, aunque en solitario se le haya ido aún más la pinza. 


7. Ramoncín en el Viña Rock, Villarrobledo, 2006.

Es coña, claro XD. Es que me estaba quedando la entrada demasiado tristona... Pero no diréis que no habría molado estar ahí tirándole huevos y minis XD XD XD. Sólo he encontrado un vídeo en Youtube de tan magno acontecimiento en el que no se ve una mierda, pero unas amigas mías que estuvieron ese año fueron testigos XD. 

En fin, espero que hayáis disfrutado de la entrada y, sobre todo, de los vídeos. Un besazo y hasta la próxima :).