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lunes, 1 de diciembre de 2014

1, 2, 3, responda otra vez

Ayer teníamos puesta la tele en Kiss TV, un canal de vídeos que es igual de repetitivo a la hora de programar los vídeos que emite igual que su homólogo radiofónico, pero al menos está un poco más actualizado, así que de vez en cuando lo ponemos para escucharlo de fondo si no nos apetece encender el ordenador para escuchar Spotify. (Sí, lo nuestro con la música es vicio.) En un momento dado, emitieron este vídeo de un tal Cris Cab, que por lo menos a mí no me sonaba de nada (supongo que por eso cuenta con la colaboración del omnipresente Pharrell Williams, o sea, el tío de "Happy" o "el pavo de sombrero ridículo", para que los que no estamos puestos en novedades nos quedemos un poco con la copla), y la canción me llamó la atención. Primero, porque no está mal. Os la enlazo aquí por si la queréis escuchar:

 


Lo segundo que me sorprendió es que, como me está ocurriendo en los últimos meses, pensé: "Otra canción que suena a Police". Me había pasado antes con los Maroon 5 y este otro tema suyo (ojo, el vídeo es un poco fuertecito si eres impresionable)


 


Pero la primera vez que me sucedió fue con una canción que tiene un sonido Police aún más descarado, ésta de Bruno Mars:




La verdad es que Bruno Mars es un reciclador nato de estilos musicales, pero como parece majete y sus canciones tienen gracia, se lo perdono :P. En verdad, prácticamente todos los artistas que hoy día confeccionan las listas de éxitos son auténticos recicladores de estilos anteriores. Ya se sabe que no hay nada nuevo bajo el sol, y es difícil a estas alturas inventar algo que no suene a conocido, pero en los últimos años se reciclan estilos musicales de forma cada vez más descarada. El revival de los 80 ha sido bastante exhaustivo, tanto que hasta los que vivimos nuestra infancia y adolescencia en esa década nos estamos saturando ya :P, pero al fin y al cabo los principales consumidores de estos productos son chicos que podrían ser nuestros hijos y no tienen apenas referencias de esa época, así que lo que hagan artistas y grupos como los que he citado, u otros que no por ser más indies son más originales, lo cual no quita para que sean buenos (me pregunto cuántos chavales de instituto podrían ubicar en sus respectivas décadas a Joy Division y Editors). Pero destaco el caso del reciclaje de The Police porque me parece especialmente significativo, dado el sonido tan distintivo que tenía el grupo de Sting. Tanto que en su momento el éxito que consiguió, por supuesto, generó imitadores, pero estando aún presentes los originales, las imitaciones no prosperaron demasiado, porque cualquier comparación resultaba odiosa. Pero ya han transcurrido suficientes años como para que más de una generación entera no sepa quiénes eran The Police y, si acaso, les suene aquella canción de un tío que vigilaba constantemente a su ex (según unas interpretaciones, según otras podría ser un padre preocupado por su hijo, o vete tú a saber) porque la escuchaban de pequeños en un anuncio de la tele. Sí, os sonará raro, pero si hay chavales de 15 que no saben quién es Bruce Springsteen (atestiguado por un horrorizado amigo mío), pues ¿por qué van a saber qué grupo tocaba "Every Breath You Take"? Prafraseando aquel leit motiv de un famoso concurso que por supuesto esos chavales tampoco conocerán, ni por veinticinco pesetas ni por veinticinco céntimos de euro podrían dar más respuestas que ese ejemplo.



Así que se abre la veda para reinventar el estilo Police y presentarlo como algo novedoso y fresco. Y quien dice Police, dice muchos más grupos emblemáticos. Supongo que es una constante en la Historia que cada generación se crea que ha inventado la rueda (yo también tengo lagunas tan grandes como el lago Baikal antes de que se desecara), pero en la era pop esa constante se ha acelerado tanto que vamos reciclando décadas a razón de una por año, o incluso por estación. Seguramente es una impresión muy subjetiva, pero creo que desde los 90 no se ha inventado nada realmente nuevo; si acaso en estilos como el hip hop o la música electrónica se puede haber innovado algo más, pero lo supongo más por desconocimiento, así que les concedo el beneficio de la duda. En la moda textil ocurre igual: ya dicen que el reinado de los pantalones pitillo de los últimos años, por ejemplo, pronto se verá derrocado por el regreso de las campanas (¡nooooooooooooo, por favooooooooooooor!).

La verdad, no sé si este ir y venir de las modas es para mejor o para peor. Para peor, sin duda, por una parte, ya que llega un momento en que te cansas de escuchar tus discos favoritos de toda la vida, pero tampoco encuentras nada nuevo que te motive realmente como antaño. Por otro, dada la aceleración con que se recuperan modas y estilos, puede que llegue un momento en que todo se amalgame y tal vez ocurra el milagro de que hasta en las emisoras más mainstream se escuche todo tipo de música y en las tiendas de ropa haya tal mezcla de estilos que puedas vestir como te pete... Aunque no caerá esa breva, para la industria es mucho más fácil copiar un estilo hasta la saciedad por vez, es mucho más fácil trabajar así para las cadenas de producción. En fin, lo bueno de llegar a cierta edad es que lo que esté de ultimísima moda te la sopla bastante. Además, me temo que durante unos cuantos años en lo que más puesta voy a estar va a ser en los clásicos Disney y las canciones que más tararearé serán las de Pocoyó y Peppa Pig, o lo que toque cuando Eric tenga la edad suficiente XD. Hasta puede ser curioso comprobar cómo está el panorama cuando vuelva a asomarme por ahí fuera dentro de, no sé, quince años :P. A lo mejor hasta me sorprenden con algo nuevo, who knows?

lunes, 27 de octubre de 2014

We are standard

No es una noticia nueva, pero tampoco había encontrado el momento hasta ahora para ponerme a escribir. Supongo que ya os habréis hartado de ver noticias y fotografías sobre la tremenda transformación que, cirugía mediante, se ha infligido Renée Zellweger. Por si aún queda alguien en el planeta que no se haya enterado, he aquí el antes y el después:





La primera vez que vi las fotos, pensé: "No puede ser. Es otra persona, se han equivocado". La explicación principal a una transformación tan radical es el retocado brutal de los ojos: por lo que explican en este artículo: La explicación médica al cambio radical en el rostro de Renée Zellweger, le han practicado lo que se llama una blefaroplastia, esto es, básicamente le han quitado piel de los párpados, supongo que para hacer que los ojos parezcan más grandes y redondos. De paso, se le ha cambiado la posición de las cejas, que también influye bastante en la expresión. También parece que le han retocado más partes de la cara, pero los ojos son los que marcan el cambio definitivo, porque afectan totalmente a su expresión, a su identidad incluso. No sé ella, pero yo me asustaría mucho si me mirara al espejo y viera a otra persona. Porque eso es lo que parece. A lo mejor ella está encantada de la vida con tener una cara nueva, y yo puedo entender que cuando un rasgo en particular que está muy desproporcionado (como una nariz excesivamente aguileña) destaca demasiado, la persona que lo sufre puede tener un gran complejo y la eliminación o el cambio de ese rasgo le puede ayudar bastante. Pero, salvo casos excepcionales, un cambio tan radical a mí me da mucho yuyu. Encima, el cambio, al menos para mi gusto, no ha sido a mejor: no la veo más guapa y además ha perdido justo lo que le daba personalidad. Nunca ha sido un bellezón, pero sí era bastante mona y tenía un algo que le daban justo esos pequeños ojos rasgados, de expresión pícara y llena de vida. Ahora no es más que otra actriz hollywoodiense con los rasgos típicos de cualquiera de esas actrices que salen en una de esas películas de Antena 3 los sábados por la tarde: todas tan parecidas, rubias, monas, rasgos muy equilibrados, muy regulares, muy estandarizados.

Porque ésa es la sensación que me da su nuevo rostro: que es estándar. Supongo que todos habéis oído hablar de las típicas narices de operada, pequeñitas, respingonas, como hechas en un único molde. Como la que se hizo Jennifer Grey, la actriz conocida por Dirty Dancing y por nada más, porque después se operó la nariz y se fastidió la cara y la carrera de actriz que prometía:



 

Veo esto y no puedo evitar acordarme de una de las mujeres más bellas del séptimo arte, Sophia Loren, que una vez contó que de joven, cuando empezaba su carrera como actriz, le habían sugerido que se operara la nariz para aumentar su atractivo (como si le hiciera falta). Ella se negó, alegando que su nariz era una parte fundamental de su rostro y que si la cambiaba, cambiaba todo y dejaba de ser ella. Así que continuó luciendo su rostro hermoso y único. Evitó la estandarización. Porque no es algo nuevo, el afán por uniformizar los rasgos para alcanzar el ideal de belleza de cada época ha estado siempre presente: desde la palidez artificiosa de las estatuas femeninas y la raya de los ojos tan marcada en los egipcios, pasando por el famoso perfil griego de las estatuas clásicas, a los labios finos, los ojos grandes y dulces y las frentes despejadas de las madonnas medievales que reflejaban los gustos de cada momento, o esa costumbre tan cruel de vendar los pies de las niñas chinas de buena familia para que no crecieran de forma natural y se quedaran reducidos a pequeños muñones envueltos en seda.

Hoy día los cirujanos plásticos no recurren a técnicas tan brutales e inhumanas, pero pueden cambiar completamente la cara y el cuerpo de una persona. No es el único modo de estandarizarnos: a raíz de la noticia me acordé de una conversación que tuve este verano con Carlos y con una amiga nuestra, Erika. Como en ese momento estábamos sin ordenador, había retomado la costumbre de ver la tele :P (que ahora he vuelto a perder, de hecho todavía no me he molestado en resintonizar los canales digitales). De vez en cuando veía un programa que echaban (supongo que aún seguirá) en ese canal tan peculiar que es Divinity: "Cambio de look". Es una especie de reality que consiste en cambiar de apariencia a una persona de manera más o menos integral, desde su peinado a su forma de vestir, pasando por su maquillaje y lo que haga falta. En muchos casos, las personas (siempre mujeres, parece que los hombres no necesitan ese tipo de cambios o no se sienten presionados para ello) necesitan un verdadero cambio, no sólo porque vayan hechas unos adefesios sino porque esos cambios repercuten en otros aspectos de su vida: un look más adecuado les puede ayudar a encontrar trabajo, lucir menos desaliñadas les ayuda a mejorar su autoestima, lo que repercute en el resto de aspectos de su vida, en sus relaciones... Nos contaba Erika que en algunos casos el cambio era integral y ayudaban a que esas personas superaran graves problemas personales, lo cual me parece bien. Pero había otras personas que en principio llevaban vidas normales y a las que, al ver cómo eran "antes", pensaba: "Pero si tampoco va tan mal; vale que no le vendría mal dejar de usar esa minifalda, o le puede venir bien jubilar ya ese poncho hippy que está ya pasadísimo y no la favorece, pero por lo demás ¿qué problema hay?". Mujeres que tenían su propia imagen, más o menos afortunada, pero no especialmente cantosa ni desfavorecedora. Pero sus familiares y amigos insistían en que tenían que cambiar de look, que era algo imprescindible para que su vida mejorara y que no podían soportar verlas así. A las mujeres que querían cambiar de look les presentaban varias opciones en cuanto a colecciones de prendas de vestir y peinados, seleccionados por los amigos y familiares junto con los estilistas del programa, para que eligieran los que más les gustaban y aplicaran esos cambios. El aliciente del programa, claro, está al final, cuando se muestran el "antes" y el "después", y lo curioso es que en el después siempre aparecían bastante favorecidas, eso no lo niego, pero de una manera similar en todas ellas: a mí la impresión que me da es que las vestían a todas de presentadoras de televisión, por explicároslo de una manera gráfica. Como unas Marilós Montero de la vida, vamos. Y las ves y dices: sí, está guapa, pero ¿va a ir a comprar al supermercado con ese vestidito tan mono y ese peinado de peluquería? ¿Y cuando esa moda se pase dentro de unos años, entonces qué harán?

Modas. Estándares. Tu cara no es igual que la de esas modelos, así que eres fea. Si no te gusta tu cara, en vez de aceptarte tal como eres y mejorar sin perder tu esencia, cámbiatela. Aunque, en realidad, no estés más guapa. Aunque ya no parezcas tú. Aunque veas una mentira frente al espejo todas las mañanas del resto de tu vida.

jueves, 12 de diciembre de 2013

La sartén por el Mango


Desde hace unos días se ha desarrollado una polémica acerca de una línea de ropa recién sacada por la cadena Mango de la que ésta no dice expresamente que sea de tallas grandes, pero el hecho de que abarque desde la talla 40 hasta la 52, que no son tallas habituales en sus tiendas, da a entenderlo. En principio no debería ser malo que Mango empiece a vender tallas más grandes de las que suele comercializar, pero el hecho de que en una línea que parece más enfocada hacia esas tallas grandes se hayan incluido tallas que se consideran normales, como la 40 y la 42, es lo que más ha molestado. ¿Están dando a entender que una mujer que usa una talla 40 ya tiene sobrepeso? 
 
 
Ella no podría comprar en Mango
Esa cuestión es la que más debate ha suscitado, pero a raíz de otros comentarios, como el de este blog: Os consideran inferiores, me he dado cuenta de que nos quedábamos en la superficie del problema nada más. Ya hace tiempo, en este mismo blog, me quejaba de la poca variedad que hay de ropa para embarazadas, ya que la sufrí en mis propias y redondas carnes cuando estaba embarazada de mi hijo. Aunque a mí me parece que por falta de clientela no será, algunas personas me dijeron que a los fabricantes no les merecía la pena esforzarse en producir más variedad de prendas. Si te conformas con apañártelas con tres o cuatro cosas, porque, total, para unos pocos meses que las vas a usar, ¿por qué te vas a complicar la vida y a gastarte un pastón?, pues ellos lo simplifican más aún, y eso que ganan en ahorro de costes. Sé que es posiblemente una forma muy simplificada de contemplar el problema, y no tengo todos los datos disponibles ni soy una experta en el tema. Quiero que esto se entienda como las reflexiones de una lega en la materia, pero que está tan interesada como cualquiera, porque me afecta como a todos.

Ella tampoco, pero porque no le pagan lo suficiente
Creo que de ahí viene toda la cuestión: lo que los empresarios quieren, desde siempre, es conseguir el máximo rendimiento de sus productos con la mínima inversión. Y esto se extiende a todos los ámbitos: desde la producción en países tercermundistas, en los que millones de personas producen en masa productos de calidad mínima a cambio de salarios de miseria en condiciones de esclavitud (y no creo que ninguna multinacional, y por supuesto dentro de esas multinacionales ninguna cadena de tiendas de ropa, se salve de la quema), hasta la venta de esos productos, por los que te cobrarán el máximo precio posible, o al menos un precio que a ti te parecerá asequible para que piques más fácilmente pero seguirá reportándoles ganancias, pasando por el diseño de dichos productos, que busca minimizar y rentabilizar todo lo posible esos gastos de producción: patrones muy simples que no contemplan variaciones antropométricas para no tener que complicar la producción, tejidos de baja calidad y por tanto más baratos, y, por supuesto, pocas tallas disponibles, para que seas tú quien se moleste en embutirse en la talla que más cercana esté a la forma real de tu cuerpo, en vez de producir más variedad de tallas a riesgo de que algunas se vendan en poca cantidad y den menos ganancias.

Me diréis que eso no explica por qué, si se trata de fabricar las menos tallas posibles y que nos adaptemos a ellas (en lugar de al revés, como sería lógico), se fabrican más precisamente las tallas que aparentemente menos se usan, esto es, las pequeñas. ¿No sería lo normal que, ya que, por constitución y por la vida sedentaria que llevamos, la mayor parte de las mujeres (hablo de mujeres porque son las que más dinero gastan en ropa habitualmente, aunque es una generalización, por supuesto) tenemos más tendencia al sobrepeso que a la delgadez, se fabricaran más tallas grandes que pequeñas, para que las empresas tuvieran más mercado disponible al que vender sus productos? Ah, pero no se trata simplemente de vender, o de vender más. Hay que convencer a la gente de que tiene que comprar, de que lo necesita, de que lo DESEA. Está en la naturaleza humana desear lo que no se tiene. Así sucede que, en épocas de escasez (es decir, durante una buena parte de la historia de la humanidad) las mujeres eran consideradas más deseables si estaban más entradas en carnes, y ahora que en el primer mundo ocurre al revés y la abundancia de alimentos propicia la gordura, lo raro, y por tanto lo deseable, es la delgadez. Así pues, si la mayor parte de las mujeres desean estar delgadas, los fabricantes producirán más tallas pequeñas, para que las mujeres las compren, quepan o no en ellas: si no caben, ya harán lo posible por caber. De paso, también otros fabricantes y empresarios hacen negocio con productos de adelgazamiento, gimnasios, etc. Una mujer satisfecha con su cuerpo probablemente no tenga tanta ansia por comprar ropa, porque ya está contenta con la que tiene, ya que se ve bien con ella. Y si la ropa es de buena calidad, se puede tirar años sin comprarse prendas nuevas.

Eso no interesa, por supuesto. Para que la maquinaria consumista funcione, tenemos que mantenernos permanentemente ansiosas por comprar lo que creemos que nos va a favorecer, aunque a la hora de la verdad no sólo no nos favorezca sino que nos siente como el culo. Imagino que también el cambio de modas a toda velocidad está relacionado con eso. De hecho, en los últimos años se ha disparado a extremos ridículos: como ya no se producen apenas ideas nuevas, se han ido reciclando sucesivamente los años setenta y ochenta en cuestión de unas pocas temporadas, y ya estamos empezando a reciclar los noventa, que ya reciclaban a los setenta... Dentro de dos temporadas, vaticino que se llevarán los miriñaques combinados con casacas rusas repletas de tachuelas, o alguna mezcla semejante. En cualquier caso, se trata de crear constantemente nuevas “necesidades”. Dentro de eso, el promover un modelo estético basado en la delgadez es un mecanismo más para conseguir que la maquinaria consumista siga rodando. Lo peor de todo es que ni siquiera han tenido que inculcarlo descaradamente; no hace falta buscar teorías conspiranoicas sobre diseñadores homosexuales que odian a las mujeres y chorradas semejantes. La semilla de la insatisfacción está en nuestra propia naturaleza, y los comerciantes, sean grandes o pequeños, sólo tienen que explotarla a su favor.

Entonces, me diréis, ¿qué hacemos? ¿Renunciamos a comprar ropa y nos la fabricamos nosotros mismos? Cada vez hay menos gente que sepa confeccionarse su propia ropa, o que no tiene tiempo para ello porque ya están ocupados con sus trabajos todo el día (el que aún lo tiene, claro). ¿Recurrimos entonces al pequeño comercio y a los artesanos que producen su ropa de forma más artesanal, ética y ecológica? Ah, pero cuesta más producir ropa de esa manera y por lo tanto sale más cara, y no sólo es posible que no nos la podamos permitir, es que aunque pudiéramos ya nos hemos acostumbrado a los precios de saldo de las tiendas de chinos, o a las rebajas de las tiendas de ropa de las cadenas más conocidas, y pagar más por una prenda, aunque sea de mejor calidad, ya se nos antoja un abuso, tan mal acostumbrados estamos a no valorar el trabajo. Por cierto, que la situación está a punto de dar otra vuelta de tuerca, si las previsiones se cumplen y no hacemos nada para evitarlo: dado que el fin último de la crisis y las reformas laborales y sociales que se han legislado en los últimos años para, en teoría, solucionarla, parece que es que nos convirtamos en otro país productor al estilo chino, con obreros no cualificados, el futuro de los españoles se perfila como el de unos canis con aspiraciones a poder volver a consumir como pijos de antes de la crisis: la situación perfecta para mantenernos atrapados en una espiral de consumismo low cost, dando vueltas como hámsters que corretean encerrados en sus bolas sin llegar a ninguna parte, agobiados como están sin ver más allá de su minúsculo horizonte. Todo está calculado, todo encaja.

¿Cuál es la solución, entonces? Lo de tirarse al monte nos tienta a muchos, pero a la hora de la verdad muy poca gente está dispuesta. Pero tampoco nos sentimos cómodos dejando que el sistema siga como está. No puedo daros una solución, desde luego. No estoy capacitada para ello, poca gente lo estaría; hay tantos factores implicados que la situación es demasiado compleja para resolverla de un plumazo. Es más, seguro que podéis rebatirme con argumentos mucho mejor razonados que los míos lo que he escrito a vuelapluma en dos ratos que he tenido libres. Pero creo que, por lo pronto, podríamos empezar por preocuparnos menos por la talla que usemos. Es mejor para nosotros en todos los sentidos, y será un eslabón menos que añadir a la cadena consumista.

lunes, 22 de octubre de 2012

La tripa también tiene glamour

En la entrada anterior, anunciaba mi embarazo. Soy muy feliz y en líneas generales no me puedo quejar, pero sí hay algo con lo que no estoy conforme: la ropa premamá. Si a alguien que tenga unos kilos de más ya le cuesta encontrar ropa atractiva y no parecer que viste de su señora madre (sé de lo que hablo, mi talla habitual es la 44, aunque con el cachondeo de tallaje que hay en este país tengo prendas desde la 40 hasta la 46), el panorama de la embarazada es más desolador de lo que me esperaba.

A ella se lo hacen exclusivo, claro, así cualquiera.
Ya estoy acostumbrada a buscarme la vida para encontrar ropa que me guste y que me siente bien. Soy consciente de que no todo me tiene por qué sentar bien y tengo unos gustos bastante particulares, pero no me parece que unos pocos kilos de sobrepeso justifiquen que me tenga que vestir como una señora de medio luto. Ya hace un tiempo (algunos lo recordaréis) me quejé de que me costó encontrar un bañador de natación que no fuera negro. Me encanta vestir de negro, desde luego, pero cuando yo quiero, no cuando me lo impongan los diseñadores y los fabricantes. Lo mejor fue cuando el dependiente de una tienda de deportes me soltó tan pancho que "es que la gente que tiene tallas grandes suelen pedir bañadores de color oscuro". Es decir, que: a) me estaba llamando gorda por todo el morro (con todos mis respetos a las chicas gordas de verdad, pero es que no lo estoy, joder, sólo tengo un poco de sobrepeso y no mucho) y además: b) daba a entender algo que me pareció desolador: tenemos tan asumido que si te sobra algún kilo ya no tienes derecho a vestirte como te dé la gana que la mayor parte de la gente con sobrepeso se resigna a vestirse con sobriedad (es decir, en toda la gama de grises, marrones y azules marinos -argh, los odio- y con hechuras dignas de una monja de clausura) y ni se les ocurre comprarse algo llamativo. Ni qué decir que no volví a esa tienda.

El caso es que, como decía, me he acostumbrado a buscar las tiendas donde puedo encontrar ropa que me guste, que no parezca sacada del armario de mi señora madre (otro asunto es que las señoras tengan que vestir como señoras, pero eso ya da para otra entrada) y que me siente bien. En los últimos años la moda se ha vuelto más variada en cuanto a colores y hechuras, por suerte, así que más o menos he ido surtida. También, como estoy en el límite difuso entre talla grande y normal (ya digo que para mí la 44 no es una talla grande, aunque para algunos fabricantes sí lo sea, pero para otros, afortunadamente, no), me solía apañar con las tallas L de la mayoría de los establecimientos. De modo que cuando vi que me tenía que empezar a comprar ropa premamá porque los pantalones, mallas y faldas que tengo me habían dejado de valer, pensé que no me costaría mucho encontrar la misma variedad. Craso error. Si la sección de tallas grandes de la mayoría de las tiendas de ropa y grandes almacenes ya es poco variada tirando a deprimente, la de embarazadas es, por añadidura, casi inexistente. Ni siquiera la marca más conocida entre las especializadas en ropa premamá y para bebés, que no citaré para no hacer publicidad, tiene un gran catálogo. Obviamente, no es que vaya a comprarme mucha ropa, porque para usarla unos meses nada más no me merece la pena gastarme un pastizal, y por otro lado todavía puedo tirar con vestidos amplios que tengo de otras temporadas. Pero ésos me durarán como mucho hasta el séptimo mes o así, cuando mi tripón alcance un volumen considerable y ya no me sirvan mis vestiditos y blusones de talla L. Tampoco es que cuente con muchas opciones en la ropa de tallas grandes, que además no sienta igual al no estar confeccionada específicamente para un cuerpo cuyo rasgo distintivo es un vientre voluminoso, pero no necesariamente el resto del cuerpo tiene por qué adquirir el mismo volumen. Entonces, ¿qué? ¿Estoy condenada a vestirme de forma anodina y no según mis propios gustos? ¿Me tendré que plantar un poncho andino si quiero lucirme con algo de color? ¿Me tendré que hacer yo la ropa si quiero algo distinto? ¿Las gordas y las embarazadas no tenemos derecho al glamour? ¿Por qué? ¿Porque no somos perchas humanas que cubrir con un vestido para que se luzca el diseño, sino que, al contrario, es la ropa la que se tiene que adaptar a nosotras? ¿Porque no parecemos sexis? (Por cierto, aparte de que a muchos hombres no les importan unos kilos de más, sino al contrario, sé de buena tinta que a no pocos hombres les provocan bastante morbo las embarazadas... y no digo más :P.) ¿Es que no hay mercado para todos los millones de mujeres gordas y embarazadas que hay en el mundo? Porque digo yo que poquitas precisamente no somos. Esto de intentar que sea el cliente el que se adapte al producto que se ofrece y no al revés me sigue pareciendo un sinsentido.
Supongo que a Karl Lagerfeld le dará un pasmo si ve esto.

Al final me apañaré, me buscaré la vida por Internet si es necesario, y tiraré con tres o cuatro prendas básicas pero que espero que al menos me gusten. Nada fuera de lo habitual, por otro lado. Pero quería dejar constancia de algo que, claro, hasta que no te afecta directamente no te das cuenta de ello, pero una vez que te percatas, da bastante por saco, la verdad.