sábado, 27 de julio de 2019

Fernweh

No creo en el destino, o por lo menos no en que tengamos uno fijado desde el momento en que nacemos. Hay condicionantes desde ese momento, incluso desde antes de nacer: la condición social de tus padres, las condiciones materiales en las que eres criado, etc. Pero eso, aunque influye, no determina necesariamente lo que va a ser de ti en la vida, o lo que va a ser tu motor, lo que anhelas, lo que consigues. El destino lo vas haciendo tú mismo con cada decisión que tomas, hasta que llega un momento en que sí, después de muchos pasos llegas a donde tenías que llegar, aunque no necesariamente sea donde querías o esperabas. 

Por eso no estoy de acuerdo con lo que suelen decir los que creen en el destino: "las casualidades no existen". Sí que existen, concho. Tú dale miles de millones de años luz al universo (anda, si ya los tiene) y puede pasar cualquier cosa. Incluso que en una piedra redonda que flota en el espacio surja una cosa llamada vida que acabe dando lugar a una tipa pesada que en este mismo momento aporrea el teclado de un portátil y tú acabes leyendo esto. Pero a veces hay coincidencias curiosas que llaman la atención y que hacen que precisamente esa tipa pesada se ponga a aporrear el teclado de su pobre portátil. 

Veréis, hay una palabra en alemán (siempre hay una palabra en alemán) que expresa un concepto que yo he sentido desde hace muchos años pero que no sabía que tenía un nombre hasta hace poco. Esa palabra es fernweh: dícese de "el dolor que experimentamos al no encontrarnos en un sitio lejano", como se explica muy bien en este artículo de un blog que he descubierto al buscar la palabreja en cuestión: Fernweh, la palabra alemana para quien echa de menos estar en tierras lejanas. Ni siquiera hace falta que ya conozcas esas tierras. Es más, el auténtico fernweh es el que sientes cuando anhelas ir a un lugar en el que nunca has estado. Me pasa con muchos sitios, pero si hay uno que añoro especialmente es Irlanda.

Cómo no vas a querer ir a un país en el que está la mismísima Calzada de los Gigantes
Ay, Irlanda de mis amores, en la que nunca he puesto un pie. No sé por qué, pero siempre me ha atraído irremisiblemente. Creo que ese sentimiento comenzó por la música. Mientras que en mi adolescencia me aficioné al heavy, querencia que continúo cultivando hasta hoy, a principios de los 90 empecé a descubrir otra de las músicas que más me gustan: la celta. Y ya sabemos que donde más música celta se produce y se escucha es en Irlanda, aunque se extienda por muchos otros países. Además, no es que ese amor surgiera de la nada: uno de los que siguen siendo mis discos favoritos es "Over the Hills and Far Away" de Gary Moore (irlandés, of course), del que ya me enamoré en el 87, justo cuando empecé a escuchar heavy, y la canción que le daba título era puro rock celta (hasta aparecía Paddy Moloney tocando la gaita, aunque casi no se le notara). Así que una cosa llevó a la otra, y gracias a la música, a películas, a libros y a otras circunstancias como lo rica que está la cerveza Guinness (aunque en realidad mi favorita es la Murphy's, pero ya no la traen a los pubs madrileños, maldita sea Heineken) me acabé enamorando de Irlanda sin haber llegado ni a acercarme. Realmente me atraen en general todos esos países norteños y remotos que han alimentado las leyendas que luego influyeron en la literatura fantástica que tanto me gusta y que a su manera siguen pareciendo surgidos de los cuentos de hadas, poblados por densos bosques y verdes praderas y cubiertos de nieve en invierno y habitados por criaturas misteriosas y mágicas (que vivan sólo en las leyendas es lo de menos, no me seáis aguafiestas): en mi lista de países y territorios a los que tengo que viajar antes de morir, después de Irlanda, están la península escandinava, Islandia, Escocia, y también, ya por extensión, me gustaría viajar a Siberia y a Canadá, incluso a Alaska (Cicelyyyyyy 😍). Es más, esa querencia por los lugares remotos y hasta cierto punto aún salvajes hace que también desee viajar a Australia, Nueva Zelanda (que, al fin y al cabo, es el reflejo austral de las islas británicas: por eso ya me llamaba la atención antes de que se estrenaran las películas de El señor de los anillos, aunque después de su estreno resultaron un aliciente más para querer ir, claro), Chile, del que una amiga que vivió unos años allí me ha contado maravillas sobre su extraordinaria naturaleza, y Japón, que me parece el país más alienígena de nuestro planeta.

Pero primero siempre estará Irlanda. Y últimamente se han dado algunas coincidencias que me han hecho volver a sentir un fernweh terrible por la Isla Esmeralda. Hace no mucho estuvo Loreena McKennit dando un concierto en Madrid, al que no pude ir, para no variar 😒. Loreena es canadiense, pero su familia tiene orígenes irlandeses y escoceses, y yo adoro su música desde esos primeros años 90 en los que descubrí la música celta. Después, surgió la ocasión de quedar con una amiga de Vitoria que justo venía ayer a Madrid para el concierto de Muse (al que tampoco podía ir 😢), y fuimos a ver la exposición de Balenciaga y la pintura española en el Thyseen, que os recomiendo muy mucho. Ella sí ha estado varias veces de viaje en Irlanda, adonde dentro de poco volverá, y contándome sus viajes hizo que el fernweh se apoderara otra vez de mí. Y esta mañana, al encender el ordenador, me ha saltado el Explorer con enlaces a Skellig Michael, la mayor de las islas Skellig. (No sé si os pasa a vosotros, pero a mí siempre me salta el Explorer al encender el portátil, aunque yo normalmente uso el Firefox. Seguramente podría desactivarlo, pero como soy masoca no lo hago porque me gusta cuando me salen páginas de lugares a los que quiero ir pero de momento no puedo por falta de dinero y de vacaciones). Y resulta que no sólo Skellig le da nombre a una de mis canciones favoritas de Loreena McKennit, sino que también fue el escenario en el que se rodaron las escenas de Luke Skywalker en The Last Jedi: como muchos sabréis, esa isla remota en no recuerdo cómo coño se llama el planeta al que va Rey a buscarlo, es en realidad Skellig Michael, en la costa occidental irlandesa, y los achuchables porgs en realidad son frailecillos, ahora mismo los únicos habitantes permanentes de la isla. Así que me he puesto a Loreena en el Spotify (¡aleluya! Por fin está en Spotify, concho, que antes sólo había un par de canciones suyas que aparecían en recopilatorios) y a disfrutar mientras me dejo llevar por el fernweh. Para que os deleitéis, aquí os enlazo un vídeo hecho por un aficionado con imágenes de las islas y la letra, en la que el narrador, un monje irlandés que había vivido en el antiguo monasterio de la isla y ahora vive en otro monasterio italiano, le cuenta a su amigo John, que permaneció en la isla, que sufre de morriña por Skellig (que es precisamente el sentimiento contrario al fernweh, porque te hace añorar tu lugar de origen cuando estás lejos de él).


En fin, aunque no creo en el destino, sí que son curiosas las casualidades que se producen a veces. O eso, o es verdad que Google escucha y vigila todo lo que hago y digo y actúa en consecuencia 😅. Bueno, si es así, me da igual. Algún día iré a Irlanda.  Y desde ese momento pasaré de sentir fernweh a sufrir morriña. Bienvenida sea. Y una primitiva también, para hacerme una casa en Galway, por ejemplo. Un acogedor cottage en Connemara no estaría mal, ¿verdad? También admito donaciones y una remuneración por parte del ministerio de Turismo de Irlanda por hacerles promoción. Just saying. 

Mira tú qué chalecito más majo, oye

Oh, Danny boy, oh, Danny boy.

sábado, 13 de julio de 2019

Santísimas Trinidades

Como podéis ver, estoy en racha. Es lo que tiene procrastinar, que cuando tendrías que estar haciendo otra cosa es cuando te entran ganas de ponerte con alguna otra tarea perfectamente inútil pero que te apetece mucho más. Y como hace un rato se me ha venido a la cabeza una idea que ya tenía de hace tiempo pero nunca había plasmado, pues allá que voy, a daros la brasa con mis idas de olla, para no variar. 

El caso es que hace tiempo me di cuenta (o al menos eso creo, mi percepción puede estar equivocada) de que las grandes bandas de rock duro/heavy metal se podían agrupar en tríadas, las cuales se corresponderían más o menos a razón de una tríada por cada década. Así que procedo a hacer una lista de...

LAS SANTÍSIMAS TRINIDADES DEL METAL 

1. AÑOS 70: LED ZEPPELIN, DEEP PURPLE Y BLACK SABBATH.

He aquí a los padres del invento. En puridad, Deep Purple no son heavy metal sino hard rock, y Led Zeppelin casi se salen de cualquier clasificación: son lo previo al metal, incluso al hard rock, y al mismo tiempo van más allá. Pero da igual: para los que somos heavies clásicos, todo es heavy y punto 😝. Los que sí se puede decir que fueron la primera banda de heavy metal certificada son los Black Sabbath, pero entre los tres grupos sentaron las bases del estilo dominante en toda la década, por lo menos hasta que llegaron los punks en el 77 y la liaron parda. Lo curioso es que a los primeros que escuché fue a los Deep Purple, y en teoría debería preferir a los Sabbath, pero en realidad de los tres mis favoritos y a los que más valoro son los Led Zeppelin.
Igual que los Beatles, Led Zeppelin tenían un quinto miembro: la melena de Robert Plant
Ozzy fue el primer true metal pagan with rebequita de lana
Ritchie Blackmore se dejó bigote para que dejaran de confundirlo con un búho

2. AÑOS 80: JUDAS PRIEST, IRON MAIDEN Y AC/DC.

¡Mi primera camiseta chispas!
Igual que Led Zeppelin y Deep Purple en la santísima trinidad inicial, AC/DC no es heavy metal, pero también aceptamos pulpo. En realidad los tres grupos comenzaron sus carreras en los años 70, pero cuando consolidaron su estilo (bueno, AC/DC ya lo tenía consolidado de sobra; más que consolidado, fraguado en cemento Portland, porque son tan inmutables como Ana Blanco y su peinado) y sobre todo cuando lo petaron todo fue en los 80. Los Judas y los Maiden, en especial, contribuyeron a fijar la estética más clásica del heavy metal: Rob Halford con su cuero y sus tachuelas directamente extraídos de la estética gay leather (siempre me ha encantado esa paradoja de que muchos heavies machistas como ellos solos vistieran igual que los gays más notorios y activos) y las portadas de discos protagonizadas por Eddie, la "mascota" de los Maiden, plasmadas en camisetas negras que con el tiempo acabaron vendiendo hasta en el Bershka, pero que no podían faltar en el armario de ningún heavy de pro. Aunque fuera el único signo de que el heavy en cuestión lo era, porque a muchos sus padres no les dejaban llevar el pelo largo ni los vaqueros elásticos 😆. Con el tiempo fueron los Blind Guardian los que tomaron el relevo en el tema de las camisetas, pero los que sentaron las bases fueron los Maiden.

Y encima graban el vídeo de "Hot Rockin" tal que así. A Halford sólo le faltó salir con la bandera del arcoiris como capa a lo Superman XD
"A nosotros dejadnos de historias y traednos priva"
3. AÑOS 80, SEGUNDA PARTE: METALLICA, ANTHRAX Y MEGADETH.

Los años 80 fueron la edad de oro del heavy, y que tuvieran no una sino dos santísimas trinidades lo demuestra. A mitad de la década, aunque el género estaba en su punto más álgido, la fórmula comenzaba a estancarse. Mientras las discográficas y las radiofórmulas promocionaban a grupos que tiraban más por el hard rock suave, desde grupos de AOR ya veteranos a jovenzuelos hair metal herederos del glam de los 70 (estilos que también me gustan, que algunos de mis primeros grupos favoritos fueron Bon Jovi y Foreigner, por ejemplo) para llegar a más público, algunos nuevos grupos, fans de la segunda santísima trinidad y sus derivados, la NWOFBHM (no he estornudado, son las siglas de la New Wave Of British Heavy Metal) decidieron que la solución estaba en irse al otro extremo: meter más tralla hasta llegar al límite permitido por la capacidad auditiva humana. Los pioneros fueron Metallica, Megadeth (que en realidad era una escisión muy temprana de los Metallica) y Anthrax, que comenzaron por tocar a más velocidad (o sea, a hacer speed) y le dieron además un toque especial a la forma de tocar sus instrumentos, principalmente las guitarras, inventando el thrash (=trillar, y también azotar, golpear; vamos, que les pegaban unas palizas a las cuerdas de las guitarras de flipar). Por supuesto crearon escuela y surgieron cantidad de grupos que sonaban aún más extremos, como los Slayer, y miríadas de nuevos subgéneros: hardcore, grindcore, doom, death, black... Yo ahí fue cuando ya me perdí y renuncié a intentar aprenderme todas esas subdivisiones, porque el árbol genealógico resultante era más complicado que el de la familia de Sirius Black.

Cuando los Metallica aún usaban Clearasil en lugar de Just For Men
Sí, amigos: hasta los heavies más duros se cardaban el pelo
"Somos más malotes que el hermanastro de la pelirroja de Stranger Things"
4. AÑOS 90: PEARL JAM, SOUNDGARDEN Y NIRVANA.

Antes de que me saltéis a la yugular mientras gritáis: "¡Esos no son heaviiiiieeeeeees! ¡Muerte al gruuuuunge!", dejad que me explique: sí, ya lo sé. Como comentaba en el párrafo anterior, a mitad de los 80 el heavy metal clásico comenzó a estancarse y a decaer mientras se subdividía en múltiples subgéneros, como si intentara sobrevivir a base de reproducirse a lo loco. Aun así llegó un momento en que la decadencia está prohibida en tu menteeeeee... Ay, perdón, que se me va. Como decía, la decadencia del heavy metal por puro agotamiento provocó que, con el cambio de década, surgieran nuevos grupos que decidieron hacer borrón y cuenta nueva y crear otros estilos con bases musicales comunes pero con planteamientos y objetivos muy distintos a los metaleros de los años 80. Así surgió el grunge, que en el fondo lo que hizo fue retroceder para tomar impulso desde las raíces setenteras del rock duro, y mientras Nirvana se inspiraban más en el punk y los primeros grupos de garaje, Pearl Jam tiraba más por derroteros hardrockeros, incluso folkies (para mí son los que más me recuerdan a Led Zeppelin) y Soundgarden se inspiraban más en Black Sabbath y el rollo stoner. Muchos declararon el acta de defunción del heavy metal, aunque con el tiempo se podría decir que los rumores sobre su muerte habían sido exagerados. En fin, estos grupos ya eran otra historia, pero sin embargo siguieron reproduciendo el esquema trinitario de las décadas anteriores. 

"Mierda, se ha acabado el papel. Sí, el del váter también"
"Ups, nos han pillado"
"¡Mira, un OVNI! (¡Corre, Chris!)"
Que, por cierto, a mí estos tres grupos me encantan. Es lo que tiene ser politoxicómana, que le doy a todo mientras pueda. Eso sí, con el cambio de siglo llegué a mi límite. Como comentaba el otro día en un hilo de Twitter con Juanma Santiago (holiiiiii), a partir del 2000 ya no me daban más de sí las arterias y tuve que reducir las dosis de nueva música, más que nada porque la que se producía a partir de esas fechas ya estaba demasiado adulterada para mi gusto. Así que volví a la cerveza de toda la vida, permitiéndome sólo en ocasiones algunos chutes de Rammstein y otras hierbas variadas. En realidad, yo también he vuelto a mis raíces, en el sentido de que escucho prácticamente de todo, sea de la época y del estilo que sea, salvo alguna excepción como el reguetón y los triunfitos, porque eso no es drogaína, eso es matarratas. Pero aunque con los años me haya vuelto atea, sigo teniendo mucha devoción por las santísimas trinidades. El rock es mi pastor, nada me falta. Ea, id con Lemmy.

jueves, 11 de julio de 2019

Versión original

Podría escribir una entrada sobre lo bien que lo he pasado esta mañana en el trabajo a pleno sol currando como una gilipollas. Podría escribir muuuuchas cosas sobre las estupendísimas condiciones laborales que sufrimos la mayoría de los curritos y más específicamente sobre las que imperan en cierto hospital madrileño que no mencionaré (total, da lo mismo, en todas partes cuecen habas). Pero bah, pa qué os voy a contar mis penas. Prefiero alegraros un poco la tarde/noche con buena música, porque de eso va esta entrada y porque es una de las mejores ocupaciones que puede tener uno en la vida, disfrutar de la buena música.

Así que la entrada no va de cine, como pudiera parecer por el título, sino de musiquita. Voy a hacer una lista (ni exhaustiva, ni por orden de preferencia, ni na de na, sino de lo que se me vaya ocurriendo y punto) de versiones, originales no porque sean las que crearon sus autores, sino porque son diferentes de las primeras versiones. Porque esas son la clase de versiones que me gustan: hacer una versión casi idéntica a la original no tiene sentido, para eso escucho la original. Las que me molan son las que cambian el estilo para sonar de otra forma, porque bien hechas pueden dar un resultado sorprendente e incluso mejorar la original (sí, se puede, no es una herejía) y porque también sirven a veces para refrescar el gusto por una canción determinada de la que ya te habías cansado un poco. Sí, ya sé que probablemente me haréis mucho menos caso así que si hiciera un hilo en Twitter con una canción por tuit, ya que parece que la mayoría de la gente ahora es capaz de tragarse un hilo de quinientos tuits sin respirar y en cambio cuando ve más de dos párrafos seguidos les da un síncope. Pero me la suda. Prefiero el formato blog a los hilos y, total, ni aquí ni en Twitter me va a leer ni cristo que lo fundó, salvo dos o tres amigos fieles que tienen más paciencia conmigo que Pepper Potts con Tony Stark 😅. Comenzamos:

THE SOUND OF SILENCE - Simon & Garfunkel/The Awakening


Sí, sé que la mayoría de la gente prefiere la versión de Disturbed. Que es una pasada, no lo niego, y también me gusta mucho, pero tengo especial querencia por esta de los sudafricanos (flipa) The Awakening, un grupo siniestro (que no gótico, estos son de la vieja escuela) con muuuuchas reminiscencias de mi grupo favorito de ese estilo, los Sisters of Mercy, con lo cual ya me tenía ganada desde la primera nota. 

SPIDERMAN - Ni Puta Idea/Ramones


Los Ramones precisamente son especialistas en hacer versionacas en su estilo único, así que podría hacer una lista solamente con ellas. Pero, aparte de que este finde iré a ver por fin Spiderman: far from home y supongo que por eso me ha venido a la cabeza esta versión de la célebre canción de los dibujos animados de Spiderman (sí, aquellos tan cutres de los 60), además me mola mucho porque le gusta a mis hijos, y todo sea por educar correctamente a mis churumbeles. Por cierto, atención al cameo de Drew Barrymore.

SEVEN NATION ARMY - White Stripes/Ben L'Oncle Soul

Este es un ejemplo claro de lo que os explicaba al principio: una versión muy distinta de la original, pero que sigue siendo reconocible y de una calidad comparable a la versión primigenia. Escuchadla, que además esta es de las que se disfrutan mucho.

JOLENE - Dolly Parton/White Stripes

Y mira, precisamente al enlazar la versión anterior me he acordado de que los mismos White Stripes tienen una versión de poner los pelos como escarpias de una de las canciones emblemáticas de la estrella del country. Ahora toca sacar el paquete de kleenex.

GET LUCKY - Daft Punk/Halestorm

Me encanta la canción original, pero esta versión es de esas que demuestran que con caña casi todo suena mejor. Esta gente también tiene otras versiones muy buenas, como una del Shoot to thrill de AC/DC que, sin ser tan diferente de la original, tiene el mérito de que la cantante le planta cara a Brian Johnson y sale victoriosa. 

THE PROPHET'S SONG - Queen/Cellar Darling

Descubrí el año pasado esta maravillosa versión que recrea el nuevo grupo de la anterior cantante y otros componentes de Eluveitie, y le he cogido casi tanto aprecio como a la original. Una de mis canciones favoritas de Queen (y eso es mucho decir, creedme) con aires (más) heavies y celtas, ¿qué más puedo pedir?

LA NOCHE DE QUE TE HABLÉ/LA NUIT DONT JE T'AI PARLÉ - Leño/Dwomo



Entramos en el terreno de las versiones chanantes que lo molan todo. En este caso, los geniales Dwomo versionan a Leño. Esta es de esas canciones que lo mejor es ponérsela a alguien sin decirle nada y disfrutar del careto que pone cuando la reconoce 😂.

RAPE ME - Nirvana/Richard Cheese


Dentro del palo de versiones chanantes, no podía faltar el inigualable Richard Cheese. Paul Anka le copió la jugada, pero no le salió igual, yo creo que no pilló que esto iba de coña. Eso sí, una coña muy bien producida.

THE GODFATHER - Ennio Morricone y Nino Rota/Tokyo Ska Paradise Orchestra

Por el motivo que sea (seguro que Jaime Altozano lo explicaría estupendamente), el ska y el reggae son estilos que dan buenos resultados a la hora de hacer versiones de temas de casi cualquier otro estilo. Así lo demuestra esta banda de ska que encima son japoneses, toma ya.

THE FOX - Ylvis/Black Ingvars


Durante una temporada estuve muy viciada con Ylvis. Que sí, que es un grupo paródico y las canciones son de coña, pero cojones, qué buenas son y qué bien producidas están. Luego descubrí esta versión de los Black Ingvars (también están especializados en hacer versiones rockeras) y ya se me terminaron de caer las bragas. Los muy cachondos empiezan induciéndote al despiste, haciéndote creer que están tocando Fire Woman de The Cult y... ¡toma! Otra que también les gusta a mis pitufos, por cierto, todavía hay esperanza 😁.

EMERALD - Thin Lizzy/Dare


Creo que de Dare sólo nos acordamos mi amigo Darío Polo y yo. (Hace siglos que no hablo con él, por cierto, soy una descastada). Dare es un grupo de rock irlandés que tuvo cierto éxito a finales de los 80, sobre todo con aquel tema tan maravillosamente moñas titulado Abandon, en cuyo vídeo al cantante le trucaban los ojos para que parecieran más azules como un Legolas de la vida. Yo pensaba que el grupo se habría disuelto hace siglos, pero no, resulta que siguen juntos, han virado a un estilo más céltico (ninguna queja al respecto, of course) y entre otras cosas han hecho esta preciosa versión de uno de los temas más cañeros de Thin Lizzy que lo que pierde en fuerza lo gana en intensidad y belleza.

EVERYBODY KNOWS - Leonard Cohen/Rufus Wainwright


Con Leonard Cohen me pasa como con Bob Dylan: creo que hacen canciones cojonudas, pero me gustan más interpretadas por otros que por ellos. De Leonard Cohen, aparte de idolatrar las versiones que Enrique Morente y Lagartija Nick hicieron de varios de sus temas en Omega, me gusta mucho esta versión que hace Rufus Wainwright. Si hasta el propio Cohen reconoce en el vídeo que les ha quedado mejor a Rufus y a su hermana que a él 😆. Igual que le pasó con la versión de Jeff Buckley de Hallelujah 💖.

HURT - Nine Inch Nails/Johnny Cash


No podía faltar esta versión, claro. Porque hasta el propio Trent Reznor ha reconocido que le da cosica tocar ahora esta canción porque Johnny Cash la versionó de una manera tan insuperable que mejoró la suya propia. La verdad es que los discos de versiones que sacó Johnny Cash no tienen desperdicio. El cabrón de Rick Rubin sabe muy bien lo que se hace.

DON'T FEAR THE REAPER - Blue Oyster Cult/H.I.M.


Con esta canción me ocurrió que conocí primero la versión de H.I.M. y luego descubrí que era una versión de la original de Blue Oyster Cult, gracias a que esta (aunque también en otra versión, pero más fiel a la original) salía en la banda sonora de una película que me encanta, The frighteners de Peter Jackson (aquí, cómo no, tradujeron el título al estilo absurdo que les encanta a las distribuidoras españolas y la llamaron "Agárrame esos fantasmas". En fin). Me encanta la parte en que sustituyen el solo de guitarra por uno de órgano al más puro estilo de peli de terror de la Hammer. La verdad es que a los H.I.M. se les da muy bien hacer versiones.

BOYS DON'T CRY/NO LLORAR - The Cure/Los Niños Mutantes


No, no pongo la versión que hicieron del Como yo te amo de Raphael, que mola mucho pero ya cansa, concho 😅. Precisamente a los Niños Mutantes los conocí por este disco de versiones que hicieron, que está cojonudo, y luego escuché más canciones suyas que también me gustaron. Así que fui a un concierto suyo y descubrí que sus teloneros, los Monoral (japoneses, flipa) molaban todavía más, pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión. Otra de mis versiones favoritas de ellos es esta que hacen de Boys don't cry; además, tiene el mérito de que adaptan la letra al español de manera bastante convincente.

I DON'T FEEL LIKE DANCING - Scissors Sisters/Hayseed Dixie



Ya voy terminando la lista, ya, que se me está alargando mucho. Me emociono y pasa lo que pasa... Y, cómo no, tengo que hacerlo con estos cabroncetes que ya son unos clásicos del mundo de las versiones, los Hayseed Dixie. Cogieron la idea de las polkas del genial Weird Al Yankovic y fueron más allá, metiéndonos en vena puro blue grass, que es el equivalente a que aquí un grupo de joteros de Albacete hicieran versiones de Barón Rojo o de Metallica. Estos rednecks fumetas se han hecho famosos sobre todo con sus versiones de AC/DC, pero a mí me gusta mucho esta que hicieron de los Scissors Sisters.

Bueno, pues esto es todo, que ya es bastante. Pero se me han quedado muchísimas versiones en el tintero, por supuesto. Si tenéis curiosidad, por aquí os dejo el enlace a una lista que me hice en el Spotify, que está repletita de versiones curiosas: (Per)versiones


¡Buenas nocheeeeees!

viernes, 5 de julio de 2019

Nunca fui una princesa Disney

Nunca fui una princesa Disney, ni lo quise ser. Me explico: Sicilia, 1840... Digooo, Vallecas, finales de los 70/principios de los 80. En esa época transcurrió mi infancia y preadolescencia. Si eres un millennial o más joven aún, posiblemente esto te sonará a chino (o no tanto, que los babyboomers old-dicks se creen que los millennial son adolescentes y resulta que los millennial de verdad ya están a punto de precipitarse en la crisis de los 40), pero cuando yo era pequeña no había vídeos domésticos en la mayoría de las casas. Y menos en la mía, que mis padres, más que tecnófobos, eran unos desfasados por pura pereza y también un poco por no gastarse los dineros. ¿Para qué iban a comprarse un aparato de vídeo o un radiocassette de doble pletina, si el magnetofón aún funcionaba y la radio que se compraron en Suiza, que sólo llegaba hasta el 104 de la FM (os lo juro por Panduro) aún funcionaban perfectamente? De modo que crecí en una casa sin vídeo. Veías lo que echaban en la tele, y tenías que dar gracias porque tus padres habían comprado por fin una televisión en color. Que todavía tengo traumita porque trajeron nuestra primera tele en color a casa justo al día siguiente de que en TVE emitieran el último capítulo de Banner y Flappy. Sniffffff.

¿Veis qué cuquis eran? Pues en blanco y negro los tuve que ver :'(

¿A qué viene que os cuente toda esta batallita? Pues a que con el tiempo me di cuenta de que, por cuestión de unos pocos años de diferencia, hay un escollo casi insalvable que en ocasiones me separa de mis amigos que son un poco más jóvenes que yo. El caso es que tengo bastantes amigos que, no siendo ni más ni menos frikazos que yo, añaden a su frikismo un ítem del que yo carezco: se han criado viendo películas de Disney gracias a que en sus casas ya tenían vídeo desde que eran pequeños y sus padres les compraron películas de Disney, que era casi lo único que había para los niños. Que no es que eso sea el colmo del frikismo, ni mucho menos; al contrario, Disney siempre ha sido el mainstream por antonomasia (además de ser ahora el auténtico Skynet). Pero ellos tuvieron la oportunidad de verse quinientos millones de veces a la hora de comer Blancanieves, La bella durmiente, El rey león, La sirenita, La bella y la bestia... Películas que se aprendieron de memoria, que llegaron a adorar y que aún siguen recordando con cariño e incluso revisionando, que están deseando ver junto a sus hijos y cuyos mensajes asimilaron hasta la médula, para bien y para mal. 

En cambio, las únicas películas de Disney que yo vi en mi infancia fueron Fantasía y La dama y el vagabundo, de reestreno en el cine que fue mi referente durante la infancia: el cine Excelsior, en la avenida de la Albufera. Nunca se derramarán suficientes lágrimas por él 😭. Películas que me encantaron, por cierto. De hecho, Fantasía fue la primera película que me llevaron mis padres a ver al cine, con cuatro añitos, y me fascinó tanto que se me quedaron grabadas en el recuerdo escenas sueltas, como las hipopótamas bailarinas con tutú y los centauros. (La he vuelto a ver de adulta y he podido corroborar que es una maravilla). Y La dama y el vagabundo la vi con ocho o nueve años y también me encantó. Pero el resto de las películas Disney que he visto ha sido ya de adulta. Algunas, como La bella y la bestia, Aladdin o Tarzán, de estreno en el cine, y debo decir que me gustaron mucho, y otras mucho más tarde, ya en dvd o en streaming, como Blancanieves, que me maravilló por lo bien realizada que estaba para el año en que se estrenó, o La bella durmiente, que me hizo devota de Maléfica y me ayudó a comprender lo innecesaria que es la precuela que hicieron con Angelina Jolie. ¿Pero qué justificación necesita Maléfica para querer cargarse a la princesita, las hadas madrinas y toda la parentela real? ¡¡¡Pero si son todos subnormales profundos!!! ¡¡¡Que si no votan a Vox es porque aún no existía!!! ¡¡¡Se merecen que los masacre hasta que no quede de ellos ni el más leve rastro de ADN ni aun en la sangre que les chupe un mosquito que luego quede fosilizado en ámbar!!! Así que soy fiel admiradora de Maléfica porque está dispuesta a hacerle un enorme favor al planeta. Y porque se transforma en dragón. Porque los dragones lo molan todo, y fun y pin. Y además viste de morado y negro, mis colores favoritos para la ropa. Eso sí, probablemente La bella durmiente sea la película más preciosísima desde el punto de vista formal de todo el catálogo Disney. Pero de verdad que no sé si merece la pena tanto sufrimiento para alegrarse la vista con paisajes al estilo de las vidrieras medievales o la iconografía del Quatrocento. Para eso me voy al Prado, que lo tengo a tiro de metro, para ver La Anunciación de Fra Angelico y me quedo tan a gusto.

Yo de mayor quiero ser como ella. Con casinos y furcias, digo, con dragones y cuervos.
En resumen: que la mayoría de las películas Disney que he visto, me gustaran más o menos (y la mayoría me gustaron), las he visto ya en una edad en la que era difícil que me marcaran emocionalmente como han marcado a mis amigos más jóvenes. Como mucho, la que más me ha podido impresionar en su momento fue La bella y la bestia, por aquello de que la vi en el cine cuando era una tierna jovenzuela que acababa de salir de la adolescencia y todavía tenía el pavo muy subido, así que las historias romanticonas aún me embaucaban. (Así me pasó, que cuando fui a ver Un paseo por las nubes salí del cine agilipollada perdida porque ayyyyy, qué bonita es la película y qué guapísimo es Keanu Reeves, con lo que, cuando volví a ver la peli unos años y un poco menos de tontería después en la tele, el bochorno que sentí fue mayúsculo 😅. Sospecho que si volviera a ver Matrix sufriría un bochorno parecido, aunque por distintos motivos. Keanu, te adoro pero también te temo 😅). Así que, ahora que Disney está aprovechando el filón de que: a) los que crecieron viendo sus películas quieren volver a verlas porque las adoran irracionalmente y b) los que son muy jóvenes y no las han visto aún picarán fácilmente el anzuelo con la espectacularidad visual de las nuevas versiones en imagen real, a mí todo este asunto de los reboots me la refanfinfla bastante, tanto para entusiasmarme como para cabrearme. La versión en imagen real de El libro de la selva la vi en Netflix y esa sí me gustó mucho, me parece una revisión muy bien enfocada al público actual, aparte de lo logradísima que está técnicamente hablando. Pero las demás que se han hecho o están en proyecto me dan igual, la verdad. No me niego a verlas si tengo ocasión, pero no las espero con ansiedad ni tampoco me cabreo cual fan fatal si les han cambiado el más mínimo detalle. La única adaptación que he odiado y seguiré odiando visceralmente hasta que me muera es La historia interminable porque comparada con el libro (que es probablemente mi segundo libro favorito de todos los tiempos tras, of course, El señor de los anillos) es una mierda de elefante empalada en un poste de telégrafos. Goteando y rezumando, además. Pero salvo esa excepción, soy bastante tolerante con las adaptaciones. Total, el original siempre lo tienes ahí; si no te gusta la nueva versión, no vayas a verla/leerla/loquesea. 

Esto es un dragón blanco, no ese puto caniche estirajado de la película que dicen que es Fújur >.<

Por eso me ha llamado la atención la virulencia que se ha desatado por parte de algunos fans contra la versión en imagen real de La sirenita porque la chiquilla que va a hacer de Ariel es negra. Oh, anatema, no es blanca y pelirroja, que como todo el mundo sabe es el fenotipo predominante entre las sirenas. Igual que todos los cangrejos marinos hablan y cantan con acento cubano y hay brujas marinas que se parecen sospechosamente a Divine, claro que sí. En fin, nada nuevo bajo el sol, hay tantos gilipollas como olas en el mar. Pero como el tema ayer estaba bastante candente en Twitter, me entró la curiosidad y me puse a buscar información sobre la muchacha en cuestión, que se llama Halle Bailey (que no Berry, sí, yo también me confundí la primera vez que leí el nombre 😂). Y resulta que es una chica monísima y sobre todo con mucho talento, que se ha hecho famosa cantando a dúo con su hermana y que tiene la edad adecuada, el aire pizpireto de la sirenita de animación y sobre todo la voz perfecta para el papel. Si no la habéis oído aún, escuchadla, por favor, que merece la pena (en el vídeo es la que toca la guitarra):


Así que, aunque nunca quise ser una princesa Disney, lo mismo esta vez sí voy a ver una película protagonizada por una princesa Disney. Porque creo que me va a gustar y por tocar un poco las narices a los gilipollas, por qué no. ¿Que le hago el juego a Disney? Ya lo sé, pero me da igual. Total, desde que compraron Marvel y Star Wars ya me tienen ganada y estoy deseando que saquen su proyectada plataforma en streaming para ver The Mandalorian, la última temporada de Rebels, que no la pude ver en su momento y las nuevas de Las guerras Clon... En fin, como diría Fry, "shut up and take my money", Disney 😅 .

¡Hasta el infinito y más allá! Ah, no, que esa es de otra... Da igual, también es Disney 😝

lunes, 20 de mayo de 2019

Juego de Tronos y el gatillazo de Chéjov

Se acabó.

O, como decían algunos bromistas en las últimas semanas por las redes sociales, Sansacabó. No andaban muy desencaminados.

Efectivamente, esta entrada va sobre Juego de tronos y su final. Ya sabes, si no has visto la serie o por lo menos sus últimos capítulos y tienes intención de verlos, no leas esta entrada, SPOILERS, blablabla. 

Creo que ya lo he comentado más de una vez por aquí. Para mí, lo realmente importante son los libros de la saga Canción de hielo y fuego, la obra de George  R. R. Martin. La serie sigue siendo para mí un producto secundario; interesante, por supuesto, pero secundario. Aunque en los últimos tiempos ha cobrado más relevancia por su gran impacto social, que provoca entre otras cosas que si no quieres comerte spoilers a saco más vale que la veas y cuanto antes, y porque es posible que no conozcamos otro final de la historia que éste. Y eso es lo que de verdad me preocupa.
 
Pero qué bonicos que son *__*
Para empezar, independientemente o no de las diferencias con la obra original y con la posible conclusión que le dé Martin a su obra escrita, el final y toda la última temporada de la serie, salvo el maravilloso capítulo 2 y el primero, bastante correcto, me han decepcionado. Técnicamente están muy bien rodados (apuntad el nombre de Miguel Sapochnik, el director de algunos de los mejores capítulos de la serie y de otros que, a falta de un mejor guión, al menos se ven casi sin respirar de lo bien conducidos que están); los actores, salvo alguna excepción bastante notoria (cof-cof-Kit-cof-cof-Haring-cof-cof), están muy bien, incluso sobresalientes (mención especial a Lena Headey, la mujer que expresa varias páginas de guión con un solo fruncimiento de labios o con alzar una ceja); la fotografía es espectacular; la ambientación ídem... Pero falla el guión. Ya digo que no es porque se alejen más o menos de los parámetros de la historia de Martin; al fin y al cabo, a partir de la sexta temporada la serie ya no tiene libros en los que basarse. Pero sí que continúan unos capítulos anteriores que ya habían establecido una base argumental y de desarrollo de personajes que no podían ignorar alegremente.

El caso más flagrante, probablemente, sea el de Jon Nieve. Dejando aparte que al personaje le ha tocado el actor menos dotado y carismático de todo el elenco (ya es mala puntería, porque es uno de los protagonistas), se veía venir desde varias temporadas atrás que tenía un papel muy relevante con una trama muy específica que le conducía a una conclusión prácticamente ineludible: en la sexta temporada se revelaba lo que ya muchos sospechábamos en los libros, que era el hijo de Rhaegar Targaryen y Lyanna Stark, y que, en palabras de su auténtico padre, "suya es la Canción de Hielo y Fuego". Eso, para los Targaryen, remitía a una antigua profecía, la del Príncipe que Fue Prometido, una especie de  salvador mitológico muy relacionado con otra profecía, la de Azor Ahai, que es tan semejante que si no se trata del mismo personaje poco le falta, y que pronostica el regreso de un héroe mítico que en su momento salvó al mundo de la primera Larga Noche y volverá para derrotar otra vez al sempiterno enemigo oscuro. A lo largo de la serie se van dando pistas, Melisandre lo ve (le cuesta, pero se acaba dando cuenta), lo resucita para que cumpla su propósito, Jon es el que convence a los demás de que el Rey de la Noche y sus acólitos tienen que ser derrotados porque de lo contrario destruirán toda la civilización de Poniente y todo parece indicar que tendrá que ser él quien derrote al Rey de la Noche para cumplir con su destino... Y ya sabemos lo que pasa: al final es Arya la que se carga al Gran Calippo mientras Jon se dedica a berrearle a Viseryon. A lo mejor pretendía rechazarlo con un escudo sónico, yo qué sé.

Que me diréis: "bueno, al final se cargan al Rey de la Noche igualmente y además lo hace Arya que mola millones, ¿qué más da?". Incluso me podríais argumentar que es una forma de truncar las expectativas, algo muy propio de Juego de Tronos, y que por tanto las profecías no tienen por que cumplirse, y blablabla. Perfecto, pero eso también hay que saber hacerlo. Entre otras cosas, porque hay un recurso narrativo que se llama la pistola de Chéjov y que es mucho más común de lo que parece. ¿En qué consiste? Si queréis informaros de forma exhaustiva y muy entretenida, os remito a un programa del Podcast de Hielo y Fuego:  


Pero mientras decidís si lo escucháis o no (si os interesa el tema os lo recomiendo mucho), os resumo en qué consiste esta figura (copio de la Wiki):

El arma de Chéjov es un principio dramático que postula que cada elemento en la narración debe ser necesario e irremplazable, o de lo contrario debe ser eliminado.123
Elimina todo lo que no tenga relevancia en la historia. Si dijiste en el primer capítulo que había un rifle colgado en la pared, en el segundo o tercero este debe ser descolgado inevitablemente. Si no va a ser disparado, no debería haber sido puesto ahí.34

Es decir: me estás dando pistas desde varias temporadas atrás que conducen inevitablemente a un final muy concreto... y luego me escamoteas ese final. Así que Jon es una pistola que no se dispara. A cambio, con un par de escenitas de Arya con Bran y con Melisandre que remiten a una escena muy anterior de cuando Arya se encontró por primera vez con Melisandre y que en su momento no tenía el significado que le dan ahora, ya me justificas que sea Arya quien se cargue al Rey de la Noche. No se ha notado que ha sido una improvisación de último momento hecha sólo para dejarnos con el culo torcido sin ningún otro propósito, NOOOOOO, QUÉ VA. (Por cierto, encima ni siquiera aprovechan la mención a los ojos verdes, porque Arya al final no se carga ni a Cersei ni a Daenerys. Es que hasta en eso nos la dan con queso). En conclusión: una cosa es subvertir los tópicos más comunes para sorprender y dar una productiva vuelta de tuerca a la historia, y otra jugar con las estructuras narrativas sin ton ni son.

Pobrecico mío, lo que ha sufrío :'(
En fin, es sólo el ejemplo más evidente para mí de que Benioff y Weiss han rematado una historia muy compleja con un final muy simplón y apresurado, cargándose por el camino la coherencia narrativa y la de los mismos personajes. Jon, que nunca fue muy listo pero al menos tenía una motivación clara y un propósito, ha sido destrozado, despojado de su razón de ser y arrastrado por los suelos como una fregona para acabar siendo el pelele de Poniente. Daenerys, aunque su evolución sí me parece coherente y me la esperaba, ha sido destrozada igualmente porque esa misma evolución se la han ventilado de un episodio para otro cuando habría hecho falta una temporada entera para hacerla verosímil (¿recordáis la última entrada que escribí, precisamente sobre este tema? Me dieron ganas de borrarla después de ver el penúltimo episodio). Por no hablar del destino que han sufrido otros personajes como Jaime, cuya evolución también se ventilan en un arrebato digno de culebrón venezolano, o de la humillación que ha sufrido el personaje de Tyrion en las últimas temporadas, cuando ha visto rebajado su CI hasta tal punto que hasta Sansa le llega a echar en cara que le creía más inteligente. O la absurdez de la batalla de la Larga Noche (esos dothrakis lanzándose a la carga como lemmings suicidas, mientras Jaime, Brienne o Sam sobreviven a una avalancha de zombis que ríete tú de Guerra Mundial Z), la muerte ridícula de Rhaegal, Arya y su plot armor más poderosa que todas las armaduras de Tony Stark juntas, y, en fin, todo el último capítulo que es un puro despropósito. Creo que de éste sólo me han gustado de verdad dos momentos: cuando Jon por fin achucha a Fantasma (demasiado bueno es, yo le había metido un bocado por haberle dejado abandonado) y cuando Brienne completa la hoja de servicio de Jaime en el libro de los lores comandantes de la Guardia Real. Bueno, el destino de Arya tampoco está mal. Es lo que más le pega, ella siempre ha querido ser libre. Ah, y el momento Maléfica de Daenerys también mola mazo. Auguro que lo veremos en los próximos días en muchas fotos de perfil de Twitter y Facebook. Ah, y los que apostaran dinero, unas copas o lo que sea por que Bran iba a ser el futuro ocupante del Trono de Hierro (bueno, no exactamente porque a Drogon le dio un arrebato republicano, pero me entendéis) estarán dando palmas con las orejas XD.

Podría comentar muchas más cosas, pero no es plan de que os cortéis las venas a mitad de la parrafada. Sólo digo que, aunque en parte se lo haya buscado por haber sucumbido a la atracción del dinero, no me gustaría estar ahora mismo en la piel de George R. R. Martin porque se tiene que estar tirando de los pocos pelos que le quedan en la cabeza. Porque es posible que los guionistas hayan llegado al final que él les contó que tenía planeado, pero la forma en que lo han alcanzado seguro que no es la misma que Martin utilizaría. Ojalá lo podamos comprobar, aunque tengamos que esperar para ello. Porque su obra sí es importante para mí, no sólo por lo que he disfrutado leyéndola, sino porque está asociada a muchos momentos importantes de mi vida. Ya supongo que os parecerá un tópico, pero es verdad que le debo mucho a los libros de Martin. Pero, de nuevo, eso es otra historia que debe ser contada en otra ocasión; de hecho, ya conté algo por aquí hace tiempo. Algún día espero poder escribir otra entrada como ésta, pero para hablar del final de la saga escrita, si Martin llega a publicar A Dream of Spring. Porque la otra opción es que esa entrada sea un obituario dedicado a Martin, y no me hace gracia pensar en el tema, pobre hombre. Entonces podré valorar plenamente y contar lo que significa Canción de Hielo y Fuego para mí. (Spoiler: es mucho). Por eso, a pesar de la decepción que ha supuesto para mí esta última temporada, ha merecido la pena que se produjera Juego de tronos, que me ha dado muchos momentos de satisfacción. Sólo por ver en carne y hueso al gran Tyrion Lannister, que no podía haber tenido mejor representación; a la valerosa Arya, la gran heroína de Poniente; a la mayor superviviente de todos, Sansa, que empecé odiando y he terminado por admirarla; al admirable y añorado Ned; a la odiosa y fascinante Cersei; a Jaime, el hombre único en su especie, a pesar de su final; a Brienne, el mejor caballero de los Siete Reinos... Sólo por ellos ya ha merecido la pena. Y por los dragones. Por los gloriosos dragones. 
 
PERO QUÉ BONICOS QUE SON <3 <3 <3

viernes, 10 de mayo de 2019

Café hirviendo

Antes de nada: si no has visto aún el capítulo 8x04 de Juego de Tronos (o si no has empezado a ver aún la temporada, o ni siquiera la serie y tienes intención de verla) NO SIGAS LEYENDO: ESTA ENTRADA ES OSCURA Y ALBERGA SPOILERS. Avisado/a quedas.

No digas que no te lo advertimos. Aún estás a tiempo de huir.
Esta mañana, un buen amigo con muy pocos defectos, pero que algunos tiene, como ser pro Targaryen :P, ha enviado por Whatsapp este artículo de ese diario del que usted me habla:

Normal que la Khaleesi necesite un "latte"

Si queréis os podéis tomar un par de minutos para leer el artículo, es corto. Si no, os resumo: viene a decir que en el último capítulo de Juego de tronos estrenado hasta ahora, el cuarto de la octava temporada, de repente presentan a Daenerys como una desequilibrada que se enfada con Jon Nieve porque él cae mejor a los demás que ella y porque está recelosa ya que acaba de descubrir que él no es ni más ni menos que Aegon Targaryen, hijo legítimo de su hermano mayor Rhaegar Targaryen y Lyanna Stark, por lo que, si los demás se enteran, él tendría prevalencia sobre ella para ocupar el Trono de Hierro por ser hijo del último príncipe heredero Targaryen y además varón. Qué es eso de querer quitarle el trono, con lo que se lo ha currado ella para que ahora venga el advenedizo este a disputárselo (que Jon reitere que no le interesa el Trono de Hierro y que no quería ni ser rey en el Norte no es un detalle relevante, por lo visto). 

La autora del artículo, Patricia Gosálvez, argumenta que este enfoque del personaje le parece muy injusto porque presenta a Daenerys como la típica histérica de la que se quejan los hombres, que ensalzan a Jon, que no ha hecho casi nada en esta batalla frente al Rey de la Noche, frente a una mujer que ha arriesgado y perdido gran parte de sus efectivos y de sus más allegados por ganar una batalla en la que fue Jon quien le metió, para luego tener que salvarle el culo, tanto ella como las hermanas (ahora, realmente, primas) del susodicho. Que con esta burda maniobra, los guionistas estarían facilitando por la vía exprés que Daenerys salga del mapa para que Jon se quede como el héroe que salvó a Poniente y futuro monarca de los Siete Reinos. 

Dejando aparte que sí estoy de acuerdo en varios puntos con Patricia, como en que la actitud de los que alaban a Jon mientras ningunean a Daenerys es típicamente machista (además de xenófoba, no olvidemos que los norteños no se fían de Dany porque se ha criado en Essos); que Jon tampoco es que se luzca mucho en esta batalla en concreto (la verdad sea dicha, en esta batalla tampoco se luce mucho Daenerys, pero bueno) y son su novia y su hermana pequeña las que, efectivamente, le salvan el culo; que los guionistas tampoco estaban en su mejor día, y que el estereotipo de "ufff, qué pesada esta tía histérica" salta muy a menudo cuando una mujer se enfada porque no le dejan reivindicar sus derechos, debo decir que no estoy de acuerdo con el enfoque que le da al papel de Jon en todo esto ni en la premisa de que la creciente paranoia de Daenerys se la acaban de sacar de la manga para desprestigiarla porque no puede estropearle el enchufe a Jon.

Para empezar, la paranoia y la megalomanía de Daenerys no son de ahora, vienen de lejos. Por lo menos de dos temporadas atrás, o más. Parece que la gente se olvida de que, para bien y para mal, Daenerys es una Targaryen. Dejando aparte el manido asunto de que los Targaryen tienen tendencia a la locura (es lo que tiene la endogamia), y admitiendo que Dany siempre ha tenido buen fondo y buenas intenciones, hay que tener en cuenta cómo ha sido educada. Aunque se criara pensando que su hermano Viserys iba a ser el heredero (y ojito, porque no recuerdo si esto se mencionaba en la serie, la intención de Viserys hasta que cambió de idea y la vendió a Khal Drogo por un ejército de dothrakis, era casarse con ella para continuar la tradición Targaryen de desposarse entre hermanos, con lo que en el improbable caso de que Viserys hubiera llegado a reinar en Poniente, Daenerys habría sido la reina y eso lo sabía desde pequeña), recibió las mismas enseñanzas que él sobre el pasado esplendoroso de su familia y, sobre todo, sobre el derecho inalienable que tenían a gobernar Poniente. Tiene completamente interiorizado que el Trono de Hierro es suyo por derecho y por su trono MA-TA. Literalmente. Tanto como que ya está empezando a pensar que, si es necesario, montará una parrillada monumental en Desembarco para deshacerse por fin de la usurpadora Cersei. No creo que llegue a los extremos de su padre, el Rey Loco; hasta ahora hay que reconocerle que ha hecho lo posible por evitar recurrir al poder mortífero de sus dragones para masacrar al enemigo, pensando en el bienestar de los que van a ser sus súbditos. Pero Tyrion y Varys ya le han tenido que dar más de un toque para que se lo pensara dos veces antes de montar un Apocalypse Now in Westeros. En la temporada anterior ya flambeó unos Tarlys. Y antes, mucho antes, hizo un cosplay curradísimo de la escena final de Espartaco (la de Kubrick, of course) en la carretera a Mereen. Que no digo que los crucificados no se lo merecieran porque antes les habían hecho lo mismo a niños esclavos, pero es una muestra de que Dany no se ha andado con chiquitas nunca. 


Me encanta el olor a fuegodragón por la mañana...

Porque la cuestión es que tampoco le hace falta volverse loca como le pasó a su padre para montar en cólera y ponerse en modo tiránico si ve amenazado su derecho al trono. Como decía antes, los Targaryen han estado imbuidos desde siempre de la idea de que tenían derecho a gobernar sobre Poniente porque ellos lo valían, que para eso tenían pelo Pantene. Incluso los más bienintencionados han pecado de cierta soberbia, al menos los que han llegado a reinar. Por volver a la comparación con Jon, del que ahora algunos echan pestes (en parte merecidas, sobre todo en lo que se refiere al personaje de la serie, por lo mal que lo han llevado los guionistas y lo sosísimo que es el pobre Kit Harington), éste se muestra en ese sentido muy semejante al que hasta ahora creía su padre biológico, y en cualquier caso es su padre a efectos prácticos porque lo crió y porque Jon es calcadito en carácter a Ned Stark, sobre todo en lo que se refiere a su concepto del honor: para Ned, gobernar no era un derecho, sino una responsabilidad para con sus vasallos, incluso una obligación que debía cumplir con la mayor rectitud, ecuanimidad y justicia posibles, sin perder tampoco el sentido de la compasión. Jon tiene ese mismo concepto y por eso (y porque está enchochado con Daenerys, vale, pero creo que habría hecho lo mismo si no) es capaz de hincar la rodilla y renunciar al trono del Norte con tal de conseguir lo que es mejor para los norteños. Jon es capaz de sacrificarse por el bien común; Daenerys, aunque también es capaz de grandes sacrificios y su generosidad para con los suyos es genuina, no da la impresión de que sea capaz de renunciar al Trono de Hierro y morirá, matando si es necesario, antes de llegar a ese punto. 


Por otro lado, me hace mucha gracia que acusen a Jon de que se "chiva" a sus hermanos/primos de su verdadero origen. A ver, repito: es igual que Ned, que era incapaz de mentir incluso aunque decir la verdad le perjudicara, ¿qué esperabais? XD Jon cree que revelar la verdad a sus hermanos es lo correcto, y él siempre hace lo correcto. Si os cae mal, si os parece un Gary Stu, un pagafantas, un calzonazos, un pavisoso, todo lo negativo que se os ocurra sobre él, que sepáis que le da igual: hará lo que tenga que hacer y punto. Hasta llegó a morir por hacer lo que creía correcto, coño. Así que no las ha pasado menos putas que Daenerys y no creo que se le pueda criticar por hacer menos que ella, precisamente.

En fin, voy concluyendo, que ya toca. Conste que aunque llegué a coger manía a Daenerys mientras leía Danza de dragones porque no sólo ocupaba media novela sino que encima era para alargar hasta la extenuación una trama muy cansina para mi gusto, no le deseo ningún mal al personaje, reconozco sus muchas virtudes y entiendo perfectamente que se rebote cuando ve que puede escapársele lo que tanto deseaba cuando estaba a punto de conseguirlo. Pero de ahí a decir que se han inventado su venazo Targaryen para tener una excusa fácil y volverla mala en cero coma, y que la quieren volver mala porque buuuuh, machismo, no. Es una reducción muy simplista indigna incluso de Benioff y Weiss. Daenerys ha tenido una evolución larga y compleja, gracias sobre todo a la buena base de los libros, pero también en la serie se ha podido notar esa evolución, y que pueda acabar convertida, no digo necesariamente en la villana de la historia, pero sí en la antagonista de Jon Nieve o de quien sea que cumpla el papel de instrumento del destino de Poniente, entra muy dentro de lo posible y es perfectamente coherente con su personalidad. ¿Que no es justo? Bueno, sabemos que precisamente en Poniente la justicia no es lo que prevalece. Aunque diría que en los libros de George R. R. Martin sí hay un tipo de justicia que, aunque no lo parezca, sí creo que acabará prevaleciendo: la justicia poética. Pero con eso ya entramos en otra historia que debe ser contada en otra ocasión. Seguramente, cuando acabe la serie escribiré otra entrada que ya llevo unos días maquinando y tocaré ese tema, entre otros. Hasta entonces, disfrutad de los capítulos que quedan (o por lo menos no sufráis demasiado 😅).

Valar morghulis!



sábado, 4 de mayo de 2019

Sin orden ni conciertos

Aquí estoy otra vez. Si alguien aún me lee y se ha fijado, he cambiado el fondo y los colores del blog. Llevaba años con los mismos y ya me aburrían, así que tocaba un cambio. Espero que os guste, y que a mí me convenza y no me dé por cambiarlo dentro de dos días. Bueno, tampoco pasa nada si lo cambio otra vez, ¿no? El blog es mío :P.

Desde hace poco tiempo estoy volviendo a tener vida social, pero todavía ando un poco descoordinada. Hoy quería haber ido a ver a los Corvus Corax, que actúan en la fiesta medieval de El Álamo, pero se me ha cruzado un compromiso previo del que no me había enterado bien a qué hora lo tenía (típico caso de teléfono escacharrado) y no ha podido ser. Me da pena no verlos, pero bueno, otra vez será, y si no, más se perdió en la guerra. El caso es que me ha dado por pensar en otros conciertos a los que en su momento no pude ir por diversos motivos, así que se me ha ocurrido escribir sobre esos conciertos a los que me encantaría ir si pudiera viajar en el tiempo. Unos son conciertos históricos, otros no tanto pero sí me dolió perdérmelos, pero con todos habría deseado tener ese giratiempos tan útil que le prestaron a Hermione Granger en "El prisionero de Azkaban" (bueno, para ir a conciertos y para tantas otras cosas...). En fin, sin más preámbulos, ahí voy con los 

CONCIERTOS QUE ME PERDÍ 

1. Festival Monsters of Rock: Donington, 1987 y 1988.   

Ahora hay festivales de metal en todas partes, pero en los años 80 sólo había un festival para los amantes del heavy: el Monsters of Rock que se celebraba en Donington Park, un circuito automovilístico del Reino Unido. Todos los años que se celebró presentó carteles espectaculares, pero me habría hecho especial ilusión ir en esos dos años. Al lorito los grupos que se reunieron en esas ediciones:


El año 88 fue un poco nefasto. Se produjo una avalancha durante el concierto de Guns'n'Roses y dos chicos murieron, por lo que las autoridades locales prohibieron que al año siguiente se celebrara el festival, que volvió en 1990. Para entonces todo había cambiado, la gente empezó a preferir a nuevos grupos musicales con estilos diferentes y el último festival se celebró en 1996. Pero a pesar de todo, no me digáis que no molaría ver a Iron Maiden, Dio, Metallica, Helloween o Bon Jovi en la cumbre de sus carreras. Ays. A mí me pilló muy jovencita, aún era menor de edad y no tenía dinero (por no hablar de permiso paterno) para ir a conciertos. Pero soñaba con ir algún día a Donington. En fin.

2. Conciertos de Queen en el estadio de Wembley, 11 y 12 de julio de 1986.


Otros dos conciertos míticos donde los haya. Como sabéis, el año anterior Queen triunfaron en el Live Aid celebrado en el mismo estadio, tal como se refleja en "Bohemian Rhapsody", pero donde me gustaría haber estado de verdad es en estos dos conciertos, que fueron apoteósicos, como se puede ver en las grabaciones. Fue la última gira del grupo con Freddie Mercury. No habría podido ir a esos conciertos por el mismo motivo que no fui a los de Donington, qué le vamos a hacer.  Lo peor es que ya nunca será posible ver a Freddie en directo. Puta vida.

3. Todos los conciertos de Whitesnake en España.

En serio, creo que tengo una maldición con este grupo. Aunque ya esté muy cascadito y parezca una señora mayor, David Coverdale sigue siendo uno de mis cantantes favoritos, pero nunca he podido ir a ver un concierto suyo. La primera vez fue la que más me dolió: en agosto de 1990 los Whitesnake actuaron en el Rockódromo, pero mis padres me prohibieron ir. Y eso que yo había estado trabajando todo el verano cuidando a una niña por las mañanas, trabajo por el cual me pagaron una miseria, pero esa miseria me bastaba para pagarme la entrada. ¿Os he contado ya alguna vez cuánto daño hizo el subnormal de la base americana de Torrejón que apuñaló a un chaval en aquel concierto de los Scorpions en el Rayo? Pues eso. En 1990 mis padres todavía se negaban a que fuera a conciertos de heavy por si me pasaba lo mismo. Quiero mucho a mis padres, pero ésta se la guardaré siempre.

El resto de ocasiones que han venido a España, no he podido ir a verlos por motivos laborales: buena parte de mi vida laboral se ha desarrollado en el turno de tarde. Bueno, el último, si no recuerdo mal, no pude asistir porque acababa de tener a mi hijo mayor y no tenía el chichi para farolillos, literalmente. Esa vez me dolió también especialmente porque venían en una gira con Def Leppard y Europe, otras dos bandas especialmente queridas para mí. Pero a mi hijo no le podía echar la culpa, pobrete. Así que no sé si alguna vez tendré oportunidad de poder ir a un concierto de Whitesnake... Este año hacen gira, pero no pasan por España. Y no tengo dinero ni para irme un finde a la playa, así que como para irme a otro país a ver un concierto... Snifffff.


4. Concierto de Gary Moore en la Casa de Campo: Madrid, 11 de mayo de 1987.

Todos los testimonios sobre aquella noche coinciden en que fue un conciertazo. Gary Moore, mi guitarrista favorito aún hoy día, tocó esa noche con Barón Rojo de teloneros, que también estaban todavía en su mejor momento. Bueno, también tocaron un par de canciones los Shy (que no era un mal grupo) antes de que la gente los echara porque el cantante iba pedo perdido y se enfrentó al público, que respondió con un auténtico bombardeo de litros de cerveza y otros objetos contundentes al escenario. Por suerte eso no impidió que los Barones primero y Gary después dieran sendos conciertos magistrales que quedaron para la posteridad. Por aquella época yo apenas acababa de descubrir el heavy, pero al poco tiempo me enteré de que había acontecido aquel evento y me dio mucha pena habérmelo perdido. Hoy me sigue dando pena porque ya nunca podremos volver a ver a Gary Moore en directo. Murió en 2011, precisamente cuando estaba de vacaciones en España. Pero nunca lo olvidaré y seguirá siendo mi guitarrista preferido.


5. Hedningarna, cualquier concierto en cualquier lugar.

Los descubrí en aquel maravilloso programa, Diálogos 3, que presentaba Ramón Trecet en Radio 3, cuando Radio 3 molaba, y flipé. Pero de nuevo me pilló con el pie cambiado y me enteré demasiado tarde de que daban un concierto en el 2003 en la sala Arena (donde sí he visto, en cambio, y dos veces además, a otro grupo que me encanta, los In Extremo). También han actuado en otras ocasiones en España, pero hace años que se separaron, así que deberé conformarme con sus discos y sus vídeos. Sniffff.



6. Héroes del Silencio, Sevilla, 2007.

Ay, otros que me quedé con las ganas... El de Sevilla fue uno de sus últimos conciertos y compañeros míos de trabajo pudieron ir y volvieron contando maravillas, pero yo no podía porque, para no variar, no me sobraba el dinero como para irme a Sevilla un finde y tampoco pude pillar entradas a tiempo. Los han parodiado y vilipendiado hasta la extenuación, y entiendo que su estilo no tiene por qué gustar a todo el mundo, pero para mí fueron y seguirán siendo un grupazo y Bunbury un pedazo de cantante, aunque en solitario se le haya ido aún más la pinza. 


7. Ramoncín en el Viña Rock, Villarrobledo, 2006.

Es coña, claro XD. Es que me estaba quedando la entrada demasiado tristona... Pero no diréis que no habría molado estar ahí tirándole huevos y minis XD XD XD. Sólo he encontrado un vídeo en Youtube de tan magno acontecimiento en el que no se ve una mierda, pero unas amigas mías que estuvieron ese año fueron testigos XD. 

En fin, espero que hayáis disfrutado de la entrada y, sobre todo, de los vídeos. Un besazo y hasta la próxima :).