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lunes, 20 de mayo de 2019

Juego de Tronos y el gatillazo de Chéjov

Se acabó.

O, como decían algunos bromistas en las últimas semanas por las redes sociales, Sansacabó. No andaban muy desencaminados.

Efectivamente, esta entrada va sobre Juego de tronos y su final. Ya sabes, si no has visto la serie o por lo menos sus últimos capítulos y tienes intención de verlos, no leas esta entrada, SPOILERS, blablabla. 

Creo que ya lo he comentado más de una vez por aquí. Para mí, lo realmente importante son los libros de la saga Canción de hielo y fuego, la obra de George  R. R. Martin. La serie sigue siendo para mí un producto secundario; interesante, por supuesto, pero secundario. Aunque en los últimos tiempos ha cobrado más relevancia por su gran impacto social, que provoca entre otras cosas que si no quieres comerte spoilers a saco más vale que la veas y cuanto antes, y porque es posible que no conozcamos otro final de la historia que éste. Y eso es lo que de verdad me preocupa.
 
Pero qué bonicos que son *__*
Para empezar, independientemente o no de las diferencias con la obra original y con la posible conclusión que le dé Martin a su obra escrita, el final y toda la última temporada de la serie, salvo el maravilloso capítulo 2 y el primero, bastante correcto, me han decepcionado. Técnicamente están muy bien rodados (apuntad el nombre de Miguel Sapochnik, el director de algunos de los mejores capítulos de la serie y de otros que, a falta de un mejor guión, al menos se ven casi sin respirar de lo bien conducidos que están); los actores, salvo alguna excepción bastante notoria (cof-cof-Kit-cof-cof-Haring-cof-cof), están muy bien, incluso sobresalientes (mención especial a Lena Headey, la mujer que expresa varias páginas de guión con un solo fruncimiento de labios o con alzar una ceja); la fotografía es espectacular; la ambientación ídem... Pero falla el guión. Ya digo que no es porque se alejen más o menos de los parámetros de la historia de Martin; al fin y al cabo, a partir de la sexta temporada la serie ya no tiene libros en los que basarse. Pero sí que continúan unos capítulos anteriores que ya habían establecido una base argumental y de desarrollo de personajes que no podían ignorar alegremente.

El caso más flagrante, probablemente, sea el de Jon Nieve. Dejando aparte que al personaje le ha tocado el actor menos dotado y carismático de todo el elenco (ya es mala puntería, porque es uno de los protagonistas), se veía venir desde varias temporadas atrás que tenía un papel muy relevante con una trama muy específica que le conducía a una conclusión prácticamente ineludible: en la sexta temporada se revelaba lo que ya muchos sospechábamos en los libros, que era el hijo de Rhaegar Targaryen y Lyanna Stark, y que, en palabras de su auténtico padre, "suya es la Canción de Hielo y Fuego". Eso, para los Targaryen, remitía a una antigua profecía, la del Príncipe que Fue Prometido, una especie de  salvador mitológico muy relacionado con otra profecía, la de Azor Ahai, que es tan semejante que si no se trata del mismo personaje poco le falta, y que pronostica el regreso de un héroe mítico que en su momento salvó al mundo de la primera Larga Noche y volverá para derrotar otra vez al sempiterno enemigo oscuro. A lo largo de la serie se van dando pistas, Melisandre lo ve (le cuesta, pero se acaba dando cuenta), lo resucita para que cumpla su propósito, Jon es el que convence a los demás de que el Rey de la Noche y sus acólitos tienen que ser derrotados porque de lo contrario destruirán toda la civilización de Poniente y todo parece indicar que tendrá que ser él quien derrote al Rey de la Noche para cumplir con su destino... Y ya sabemos lo que pasa: al final es Arya la que se carga al Gran Calippo mientras Jon se dedica a berrearle a Viseryon. A lo mejor pretendía rechazarlo con un escudo sónico, yo qué sé.

Que me diréis: "bueno, al final se cargan al Rey de la Noche igualmente y además lo hace Arya que mola millones, ¿qué más da?". Incluso me podríais argumentar que es una forma de truncar las expectativas, algo muy propio de Juego de Tronos, y que por tanto las profecías no tienen por que cumplirse, y blablabla. Perfecto, pero eso también hay que saber hacerlo. Entre otras cosas, porque hay un recurso narrativo que se llama la pistola de Chéjov y que es mucho más común de lo que parece. ¿En qué consiste? Si queréis informaros de forma exhaustiva y muy entretenida, os remito a un programa del Podcast de Hielo y Fuego:  


Pero mientras decidís si lo escucháis o no (si os interesa el tema os lo recomiendo mucho), os resumo en qué consiste esta figura (copio de la Wiki):

El arma de Chéjov es un principio dramático que postula que cada elemento en la narración debe ser necesario e irremplazable, o de lo contrario debe ser eliminado.123
Elimina todo lo que no tenga relevancia en la historia. Si dijiste en el primer capítulo que había un rifle colgado en la pared, en el segundo o tercero este debe ser descolgado inevitablemente. Si no va a ser disparado, no debería haber sido puesto ahí.34

Es decir: me estás dando pistas desde varias temporadas atrás que conducen inevitablemente a un final muy concreto... y luego me escamoteas ese final. Así que Jon es una pistola que no se dispara. A cambio, con un par de escenitas de Arya con Bran y con Melisandre que remiten a una escena muy anterior de cuando Arya se encontró por primera vez con Melisandre y que en su momento no tenía el significado que le dan ahora, ya me justificas que sea Arya quien se cargue al Rey de la Noche. No se ha notado que ha sido una improvisación de último momento hecha sólo para dejarnos con el culo torcido sin ningún otro propósito, NOOOOOO, QUÉ VA. (Por cierto, encima ni siquiera aprovechan la mención a los ojos verdes, porque Arya al final no se carga ni a Cersei ni a Daenerys. Es que hasta en eso nos la dan con queso). En conclusión: una cosa es subvertir los tópicos más comunes para sorprender y dar una productiva vuelta de tuerca a la historia, y otra jugar con las estructuras narrativas sin ton ni son.

Pobrecico mío, lo que ha sufrío :'(
En fin, es sólo el ejemplo más evidente para mí de que Benioff y Weiss han rematado una historia muy compleja con un final muy simplón y apresurado, cargándose por el camino la coherencia narrativa y la de los mismos personajes. Jon, que nunca fue muy listo pero al menos tenía una motivación clara y un propósito, ha sido destrozado, despojado de su razón de ser y arrastrado por los suelos como una fregona para acabar siendo el pelele de Poniente. Daenerys, aunque su evolución sí me parece coherente y me la esperaba, ha sido destrozada igualmente porque esa misma evolución se la han ventilado de un episodio para otro cuando habría hecho falta una temporada entera para hacerla verosímil (¿recordáis la última entrada que escribí, precisamente sobre este tema? Me dieron ganas de borrarla después de ver el penúltimo episodio). Por no hablar del destino que han sufrido otros personajes como Jaime, cuya evolución también se ventilan en un arrebato digno de culebrón venezolano, o de la humillación que ha sufrido el personaje de Tyrion en las últimas temporadas, cuando ha visto rebajado su CI hasta tal punto que hasta Sansa le llega a echar en cara que le creía más inteligente. O la absurdez de la batalla de la Larga Noche (esos dothrakis lanzándose a la carga como lemmings suicidas, mientras Jaime, Brienne o Sam sobreviven a una avalancha de zombis que ríete tú de Guerra Mundial Z), la muerte ridícula de Rhaegal, Arya y su plot armor más poderosa que todas las armaduras de Tony Stark juntas, y, en fin, todo el último capítulo que es un puro despropósito. Creo que de éste sólo me han gustado de verdad dos momentos: cuando Jon por fin achucha a Fantasma (demasiado bueno es, yo le había metido un bocado por haberle dejado abandonado) y cuando Brienne completa la hoja de servicio de Jaime en el libro de los lores comandantes de la Guardia Real. Bueno, el destino de Arya tampoco está mal. Es lo que más le pega, ella siempre ha querido ser libre. Ah, y el momento Maléfica de Daenerys también mola mazo. Auguro que lo veremos en los próximos días en muchas fotos de perfil de Twitter y Facebook. Ah, y los que apostaran dinero, unas copas o lo que sea por que Bran iba a ser el futuro ocupante del Trono de Hierro (bueno, no exactamente porque a Drogon le dio un arrebato republicano, pero me entendéis) estarán dando palmas con las orejas XD.

Podría comentar muchas más cosas, pero no es plan de que os cortéis las venas a mitad de la parrafada. Sólo digo que, aunque en parte se lo haya buscado por haber sucumbido a la atracción del dinero, no me gustaría estar ahora mismo en la piel de George R. R. Martin porque se tiene que estar tirando de los pocos pelos que le quedan en la cabeza. Porque es posible que los guionistas hayan llegado al final que él les contó que tenía planeado, pero la forma en que lo han alcanzado seguro que no es la misma que Martin utilizaría. Ojalá lo podamos comprobar, aunque tengamos que esperar para ello. Porque su obra sí es importante para mí, no sólo por lo que he disfrutado leyéndola, sino porque está asociada a muchos momentos importantes de mi vida. Ya supongo que os parecerá un tópico, pero es verdad que le debo mucho a los libros de Martin. Pero, de nuevo, eso es otra historia que debe ser contada en otra ocasión; de hecho, ya conté algo por aquí hace tiempo. Algún día espero poder escribir otra entrada como ésta, pero para hablar del final de la saga escrita, si Martin llega a publicar A Dream of Spring. Porque la otra opción es que esa entrada sea un obituario dedicado a Martin, y no me hace gracia pensar en el tema, pobre hombre. Entonces podré valorar plenamente y contar lo que significa Canción de Hielo y Fuego para mí. (Spoiler: es mucho). Por eso, a pesar de la decepción que ha supuesto para mí esta última temporada, ha merecido la pena que se produjera Juego de tronos, que me ha dado muchos momentos de satisfacción. Sólo por ver en carne y hueso al gran Tyrion Lannister, que no podía haber tenido mejor representación; a la valerosa Arya, la gran heroína de Poniente; a la mayor superviviente de todos, Sansa, que empecé odiando y he terminado por admirarla; al admirable y añorado Ned; a la odiosa y fascinante Cersei; a Jaime, el hombre único en su especie, a pesar de su final; a Brienne, el mejor caballero de los Siete Reinos... Sólo por ellos ya ha merecido la pena. Y por los dragones. Por los gloriosos dragones. 
 
PERO QUÉ BONICOS QUE SON <3 <3 <3

viernes, 10 de mayo de 2019

Café hirviendo

Antes de nada: si no has visto aún el capítulo 8x04 de Juego de Tronos (o si no has empezado a ver aún la temporada, o ni siquiera la serie y tienes intención de verla) NO SIGAS LEYENDO: ESTA ENTRADA ES OSCURA Y ALBERGA SPOILERS. Avisado/a quedas.

No digas que no te lo advertimos. Aún estás a tiempo de huir.
Esta mañana, un buen amigo con muy pocos defectos, pero que algunos tiene, como ser pro Targaryen :P, ha enviado por Whatsapp este artículo de ese diario del que usted me habla:

Normal que la Khaleesi necesite un "latte"

Si queréis os podéis tomar un par de minutos para leer el artículo, es corto. Si no, os resumo: viene a decir que en el último capítulo de Juego de tronos estrenado hasta ahora, el cuarto de la octava temporada, de repente presentan a Daenerys como una desequilibrada que se enfada con Jon Nieve porque él cae mejor a los demás que ella y porque está recelosa ya que acaba de descubrir que él no es ni más ni menos que Aegon Targaryen, hijo legítimo de su hermano mayor Rhaegar Targaryen y Lyanna Stark, por lo que, si los demás se enteran, él tendría prevalencia sobre ella para ocupar el Trono de Hierro por ser hijo del último príncipe heredero Targaryen y además varón. Qué es eso de querer quitarle el trono, con lo que se lo ha currado ella para que ahora venga el advenedizo este a disputárselo (que Jon reitere que no le interesa el Trono de Hierro y que no quería ni ser rey en el Norte no es un detalle relevante, por lo visto). 

La autora del artículo, Patricia Gosálvez, argumenta que este enfoque del personaje le parece muy injusto porque presenta a Daenerys como la típica histérica de la que se quejan los hombres, que ensalzan a Jon, que no ha hecho casi nada en esta batalla frente al Rey de la Noche, frente a una mujer que ha arriesgado y perdido gran parte de sus efectivos y de sus más allegados por ganar una batalla en la que fue Jon quien le metió, para luego tener que salvarle el culo, tanto ella como las hermanas (ahora, realmente, primas) del susodicho. Que con esta burda maniobra, los guionistas estarían facilitando por la vía exprés que Daenerys salga del mapa para que Jon se quede como el héroe que salvó a Poniente y futuro monarca de los Siete Reinos. 

Dejando aparte que sí estoy de acuerdo en varios puntos con Patricia, como en que la actitud de los que alaban a Jon mientras ningunean a Daenerys es típicamente machista (además de xenófoba, no olvidemos que los norteños no se fían de Dany porque se ha criado en Essos); que Jon tampoco es que se luzca mucho en esta batalla en concreto (la verdad sea dicha, en esta batalla tampoco se luce mucho Daenerys, pero bueno) y son su novia y su hermana pequeña las que, efectivamente, le salvan el culo; que los guionistas tampoco estaban en su mejor día, y que el estereotipo de "ufff, qué pesada esta tía histérica" salta muy a menudo cuando una mujer se enfada porque no le dejan reivindicar sus derechos, debo decir que no estoy de acuerdo con el enfoque que le da al papel de Jon en todo esto ni en la premisa de que la creciente paranoia de Daenerys se la acaban de sacar de la manga para desprestigiarla porque no puede estropearle el enchufe a Jon.

Para empezar, la paranoia y la megalomanía de Daenerys no son de ahora, vienen de lejos. Por lo menos de dos temporadas atrás, o más. Parece que la gente se olvida de que, para bien y para mal, Daenerys es una Targaryen. Dejando aparte el manido asunto de que los Targaryen tienen tendencia a la locura (es lo que tiene la endogamia), y admitiendo que Dany siempre ha tenido buen fondo y buenas intenciones, hay que tener en cuenta cómo ha sido educada. Aunque se criara pensando que su hermano Viserys iba a ser el heredero (y ojito, porque no recuerdo si esto se mencionaba en la serie, la intención de Viserys hasta que cambió de idea y la vendió a Khal Drogo por un ejército de dothrakis, era casarse con ella para continuar la tradición Targaryen de desposarse entre hermanos, con lo que en el improbable caso de que Viserys hubiera llegado a reinar en Poniente, Daenerys habría sido la reina y eso lo sabía desde pequeña), recibió las mismas enseñanzas que él sobre el pasado esplendoroso de su familia y, sobre todo, sobre el derecho inalienable que tenían a gobernar Poniente. Tiene completamente interiorizado que el Trono de Hierro es suyo por derecho y por su trono MA-TA. Literalmente. Tanto como que ya está empezando a pensar que, si es necesario, montará una parrillada monumental en Desembarco para deshacerse por fin de la usurpadora Cersei. No creo que llegue a los extremos de su padre, el Rey Loco; hasta ahora hay que reconocerle que ha hecho lo posible por evitar recurrir al poder mortífero de sus dragones para masacrar al enemigo, pensando en el bienestar de los que van a ser sus súbditos. Pero Tyrion y Varys ya le han tenido que dar más de un toque para que se lo pensara dos veces antes de montar un Apocalypse Now in Westeros. En la temporada anterior ya flambeó unos Tarlys. Y antes, mucho antes, hizo un cosplay curradísimo de la escena final de Espartaco (la de Kubrick, of course) en la carretera a Mereen. Que no digo que los crucificados no se lo merecieran porque antes les habían hecho lo mismo a niños esclavos, pero es una muestra de que Dany no se ha andado con chiquitas nunca. 


Me encanta el olor a fuegodragón por la mañana...

Porque la cuestión es que tampoco le hace falta volverse loca como le pasó a su padre para montar en cólera y ponerse en modo tiránico si ve amenazado su derecho al trono. Como decía antes, los Targaryen han estado imbuidos desde siempre de la idea de que tenían derecho a gobernar sobre Poniente porque ellos lo valían, que para eso tenían pelo Pantene. Incluso los más bienintencionados han pecado de cierta soberbia, al menos los que han llegado a reinar. Por volver a la comparación con Jon, del que ahora algunos echan pestes (en parte merecidas, sobre todo en lo que se refiere al personaje de la serie, por lo mal que lo han llevado los guionistas y lo sosísimo que es el pobre Kit Harington), éste se muestra en ese sentido muy semejante al que hasta ahora creía su padre biológico, y en cualquier caso es su padre a efectos prácticos porque lo crió y porque Jon es calcadito en carácter a Ned Stark, sobre todo en lo que se refiere a su concepto del honor: para Ned, gobernar no era un derecho, sino una responsabilidad para con sus vasallos, incluso una obligación que debía cumplir con la mayor rectitud, ecuanimidad y justicia posibles, sin perder tampoco el sentido de la compasión. Jon tiene ese mismo concepto y por eso (y porque está enchochado con Daenerys, vale, pero creo que habría hecho lo mismo si no) es capaz de hincar la rodilla y renunciar al trono del Norte con tal de conseguir lo que es mejor para los norteños. Jon es capaz de sacrificarse por el bien común; Daenerys, aunque también es capaz de grandes sacrificios y su generosidad para con los suyos es genuina, no da la impresión de que sea capaz de renunciar al Trono de Hierro y morirá, matando si es necesario, antes de llegar a ese punto. 


Por otro lado, me hace mucha gracia que acusen a Jon de que se "chiva" a sus hermanos/primos de su verdadero origen. A ver, repito: es igual que Ned, que era incapaz de mentir incluso aunque decir la verdad le perjudicara, ¿qué esperabais? XD Jon cree que revelar la verdad a sus hermanos es lo correcto, y él siempre hace lo correcto. Si os cae mal, si os parece un Gary Stu, un pagafantas, un calzonazos, un pavisoso, todo lo negativo que se os ocurra sobre él, que sepáis que le da igual: hará lo que tenga que hacer y punto. Hasta llegó a morir por hacer lo que creía correcto, coño. Así que no las ha pasado menos putas que Daenerys y no creo que se le pueda criticar por hacer menos que ella, precisamente.

En fin, voy concluyendo, que ya toca. Conste que aunque llegué a coger manía a Daenerys mientras leía Danza de dragones porque no sólo ocupaba media novela sino que encima era para alargar hasta la extenuación una trama muy cansina para mi gusto, no le deseo ningún mal al personaje, reconozco sus muchas virtudes y entiendo perfectamente que se rebote cuando ve que puede escapársele lo que tanto deseaba cuando estaba a punto de conseguirlo. Pero de ahí a decir que se han inventado su venazo Targaryen para tener una excusa fácil y volverla mala en cero coma, y que la quieren volver mala porque buuuuh, machismo, no. Es una reducción muy simplista indigna incluso de Benioff y Weiss. Daenerys ha tenido una evolución larga y compleja, gracias sobre todo a la buena base de los libros, pero también en la serie se ha podido notar esa evolución, y que pueda acabar convertida, no digo necesariamente en la villana de la historia, pero sí en la antagonista de Jon Nieve o de quien sea que cumpla el papel de instrumento del destino de Poniente, entra muy dentro de lo posible y es perfectamente coherente con su personalidad. ¿Que no es justo? Bueno, sabemos que precisamente en Poniente la justicia no es lo que prevalece. Aunque diría que en los libros de George R. R. Martin sí hay un tipo de justicia que, aunque no lo parezca, sí creo que acabará prevaleciendo: la justicia poética. Pero con eso ya entramos en otra historia que debe ser contada en otra ocasión. Seguramente, cuando acabe la serie escribiré otra entrada que ya llevo unos días maquinando y tocaré ese tema, entre otros. Hasta entonces, disfrutad de los capítulos que quedan (o por lo menos no sufráis demasiado 😅).

Valar morghulis!



lunes, 17 de marzo de 2014

Oh, happy day


Hoy, esta entrada está, por primera vez, escrita a medias con otra persona: mi pareja, Carlos. Cuando lo leáis, entenderéis perfectamente por qué. La ocasión merece la pena :). 

Allá por 1998, mientras estudiaba Informática en la Universidad Politécnica de Madrid, fui a hacer unas prácticas de “Ajedrez por Computadora” (sí, teníamos ese tipo de asignaturas) a casa de un compañero. Lo primero que me llamó la atención de su cuarto fue una colección de miniaturas de unos alienígenas muy coloridos. Me explicó que eran parte de su ejercito de Tiránidos de Warhammer 40k, un juego de miniaturas donde distintas razas se peleaban por el control de la galaxia. Me llamó tanto la atención que empecé a coleccionar mi propio ejército: Necrones (terminators del futuro).

Jugábamos cuatro amigos: Roberto (compañero de mi facultad), Juanma, Ricardo y yo, y la verdad es que el juego resultó ser bastante adictivo (lo he seguido manteniendo hasta hace poco, y ha llovido ya). Pero se hacía monótono jugar entre cuatro, así que Ricardo, el que tenía más espíritu emprendedor de los cuatro, decidió abrir un foro para poder hablar con otra gente sobre el juego.

Y poco a poco nos fuimos juntando un grupete bastante majo de personas variopintas, cada uno con nuestras distintas situaciones personales, pero que teníamos en común la afición por ese juego. Al principio todo era un poco frío, así que decidimos hacer una quedada para conocernos en persona. Y conectamos de mil maravillas.

Estuvimos varios años jugando en tiendas casi todos los fines de semana, incluso organizamos algún viaje en conjunto. Salíamos de marcha todos juntos y éramos bastante salvajes, así que nos ganamos a pulso un mote: “La Jauría”. Uno de los miembros, Borja, comenzó a trabajar para una tienda que vendía miniaturas, Atlántica.

Pero las tiendas empezaron a cerrar, y necesitábamos algún sitio donde poder jugar más a gusto, así que nos hicimos socios del Club Dragón, y nuestro grupo se vio incrementado con algunos miembros de dicho club.

En un momento dado, Borja empezó a jugar al World of Warcraft, un Multijugador Masivo de Rol por ordenador que poco a poco nos fue enganchando a varios. Empezamos a cambiar el salir de marcha por quedar a jugar en conjunto a dicho juego, con lo que algunos de nosotros pudimos ahorrar algo de dinerito.

En uno de esos famosos “No hay huevos” que tenemos los tíos a veces, un compañero de juego y yo empezamos a pensar en hacer un viaje largo. Y pensamos en ir al lugar más alejado posible: Nueva Zelanda. Y lo que empezó como una broma acabó convirtiéndose en realidad: al final nos marcamos 26 horas de vuelos y aeropuertos para plantarlos en la otra punta del mundo.

Fueron tres semanas de andar por una mezcla entre la comarca y el mundo perdido, descubriendo sitios salvajes y haciendo millones de fotografías. Al ir a etiquetar una de esas fotografías, pensé en una frase de la primera película de El señor de los anillos, pero no lograba recordar como era exactamente, así que la busqué en Google: “Montañas, Gandalf, montañas”. Y la segunda entrada que me aparecía era de un blog, que por curiosidad seguí leyendo.

Resultó ser un blog bastante interesante, de una tal Nymeria Solo, donde hablaba de sus aficiones y su forma de ver el mundo con la que yo estaba bastante de acuerdo. Me gustó tanto lo que leí, que empecé a pensar en como podría localizarla (en su blog sólo podía comentar gente que ya tuviera otro blog, y no quería hacerme uno sólo para eso). Casualmente entre la gente que le comentaba encontré a alguien conocido: Mario, compañero de trabajo de Borja en Atlántica.

Así que busqué en el facebook de Mario a ver si por casualidad la tenía como amiga. Y ahí estaba, en una foto que me había llamado mucho la atención, hecha por su buena amiga María: con la melena al viento bailando Metallica. La mandé un mensaje para felicitarla por el Blog... y el resto es historia ;).




Cuando tenía catorce años, leí por primera vez El señor de los anillos. La historia me fascinó tanto como para convertirse en mi libro favorito, que fui releyendo a lo largo de los años. Con el tiempo, se estrenaron las películas de Peter Jackson. Fui a ver la primera de ellas con mis amigos del barrio de toda la vida y recuerdo que salimos fascinados del cine: habíamos estado en la Tierra Media, y todavía seguíamos inmersos en el hechizo.

Estaba tan entusiasmada que deseaba compartir esa euforia con más gente, así que, cuando instalaron Internet en casa de mis padres, me registré en un foro sobre Tolkien y su obra: Elfenómeno. Hace tiempo que dejé de escribir en ese foro (ya no escribo en ninguno, la verdad, la falta de tiempo es lo que tiene :P), pero gracias a él conocí a gente estupenda con la que seguí manteniendo contacto. Algunos de ellos crearon a su vez otra web con su propio foro, Asshai, para poder hablar sobre otros libros que habían descubierto hacía poco y que les tenían fascinados: la saga de Canción de Hielo y Fuego, de George R. R. Martin,

En un principio no había pensado leer esos libros, pero una amiga común de esos foreros de Asshai a la que también conocido en Elfenómeno, Hara Lannister, me convenció de que los empezara a leer. Por probar, cogí prestado Juego de tronos en una biblioteca de mi barrio, no fuera a ser que no me gustara, que no me quería gastar una pasta en un ladrillo de libro para tenerlo luego acumulando polvo en un estante. Pero me gustó, vaya si me gustó. Me enganchó como hacía mucho tiempo que no me enganchaba un libro. Así que, como sabía que había algunas librerías en el centro de Madrid que estaban especializadas en literatura fantástica y no me apetecía meterme en el mogollón de la FNAC (apenas soporto las aglomeraciones), una mañana cogí el metro, salí a la Gran Vía, me metí por la calle de los Tudescos y, después de comprobar que en Madrid Cómics no vendían libros, me metí en la siguiente tienda que encontré al entrar en la plaza de la Luna: Atlántica Juegos, que entonces estaba en el lado opuesto de la plaza a donde se encuentra ahora. Vi libros en el escaparate, entré y pregunté a unos chicos muy amables (luego supe que se llamaban Mario y Borja).

Me explicaron que no tenían Juego de tronos porque se había agotado y de momento no habían sacado otra edición, pero que tenían el siguiente, Choque de reyes, y que en poco tiempo, para la próxima Feria del Libro (esto era por febrero o marzo, si no recuerdo mal) iban a sacar la tercera parte, Tormenta de espadas. Me hice con Choque de Reyes (más tarde me compraría Juego en una nueva edición), y decidí que cuando me leyera Tormenta me apuntaría a Asshai para poder por fin comentar los libros en los foros sin comerme spoilers. Allí me reencontré con mis viejos amigos foreros, y también coincidí con Mario, el de Atlántica; como él y sus compis son tan majos, seguí siendo cliente de Atlántica, y a día de hoy todavía son mis proveedores oficiales de los libros de Canción y de otras drogas :P. 

Como decía Javier Krahe, no todo va a ser follar :P (en este caso, leer por placer), así que, mientras todo esto ocurría, en uno de mis interregnos entre trabajo y trabajo empecé un curso de gestión y producción editorial en Alcalá de Henares, en el que coincidí con un grupo de chicas, casi todas alcalaínas. El curso no nos sirvió para encontrar trabajo en el ramo, pero sí para crear y luego consolidar una amistad que todavía mantenemos. Tanto que, unos años después, me fui a vivir a Alcalá, compartiendo piso con mi amiga Bego. Durante casi año y medio compartimos piso y mucho más. Tanto, que ayer sábado por la noche lo comentábamos otra de mis mejores amigas, María, y yo, en la boda de otra amiga nuestra, Bea: ¡cuántas cosas hemos vivido juntas, cuántas noches de marcha por Alcalá! Una de las noches más memorables acabó a las tantas de la mañana, como era habitual, en el Ego, uno de los garitos con música más potable de la ciudad complutense. Hay testimonio gráfico en el Facebook, conmigo meneando la melena al son de una canción de Metallica (la versión de “Whiskey in the jar”, si no recuerdo mal).

Mi vida social, desde luego, era intensa entonces: conservaba a mis amigos de toda la vida, salía con mis amigas de Alcalá y también por Madrid con los gnomos de Asshai (lo de “gnomos” es otra historia que debe ser contada en otra ocasión) y seguía bastante activa aún por los foros. Como algunos de los gnomos contaban sus experiencias e idas de olla en sus propios fotologs (como sabéis, el Fotolog es como un blog para pobres :P, cutrecillo pero muy fácil de usar, y si sus administradores no la hubieran cagado grandemente poniéndolo patas arriba sin ton ni son, habría seguido utilizándolo), para poder hacerles comentarios me abrí una cuenta en Fotolog y también acabé dando la brasa con mis propias idas de olla por esa vía. Hablaba de todo un poco, igual que hago ahora en este blog. Un día subí una foto de mi última escapada a la sierra, que había ocurrido hacía ya varios meses, y comenté lo que me apetecía volver a subir. “¡Montañas, Gandalf, montañas!”, exclamaba en el título de esa entrada, emulando al querido tío Bilbo en la película de Peter Jackson.

Y entonces fue cuando, pasados unos meses, un tipo desconocido me mandó un mensaje por Facebook. Resulta que, buscando esa frase de la película, había dado con mi blog. Le había gustado lo que había leído, y como daba la casualidad de que había visto que teníamos un amigo en común, Mario de Atlántica, había decidido mandarme un mensaje. No me fiaba mucho, la verdad, y estuve a punto de no contestarle, pero como vi que conocía a Mario (luego supe que también a Borja y a toda la plantilla de Atlántica), pensé “bueno, supongo que será de fiar”, y le pregunté por qué buscaba esa frase. Me dijo que era para poner un pie a una foto que había hecho en Nueva Zelanda, porque en ese momento estaba subiendo las fotos del viaje a su facebook, y que podía agregarle para verlas... Y ahí me picó, porque me pudo mi lado friki de El señor de los anillos :P. Así que le agregué... y el resto es historia :P.

Por eso a nuestro hijo lo llamamos Eric Ringhammer: porque es hijo del Anillo Único y del Martillo de Guerra. Si su padre no hubiera conocido a aquel compañero de facultad que tenía en su casa unas figuritas muy molonas... Si su madre no se hubiera entusiasmado leyendo El señor de los anillos... Si no hubieran coincidido en frecuentar cierta tienda donde trafican con drogas peligrosas como libros y figuras de juegos de tablero... Si a su padre no le hubiera dado por ir a Nueva Zelanda y subir fotos del viaje a su facebook, y a su madre no le hubiera dado también por subir otras fotos de viajes no tan lejanos pero casi igual de frikis en su fotolog... Si no hubiera ocurrido todo lo que os hemos contado, hoy no celebraríamos el primer año de vida de nuestro vikinguito. Un vikingo con querencias celtas, ya que tenía que haber nacido un 6 de marzo pero decidió esperar hasta el 17, día de San Patricio, santo patrón de Irlanda; en vez de un pan bajo el brazo, prefirió traer una Guinness. Digno hijo de sus padres :P. Feliz cumpleaños, hijo. Eres nuestro pequeño milagro:



lunes, 16 de abril de 2012

Diógenes mental

Hay personas que tienen lo que se dice "una cabeza bien amueblada". Luego estamos los que tenemos la cabeza repleta de trastos amontonados sin orden, jerarquía ni sentido alguno. Así ocurre que las asociaciones de ideas se convierten en saltos erráticos, como si nos teletransportáramos de una habitación a otra dentro de una mansión enorme y llena de muebles viejos y baratijas, sin pasar por las puertas. Es la forma más aproximada que encuentro para explicar mi desbarajuste mental. Es lo que me hace capaz de cometer aberraciones como la que se ha producido en mi mente en las últimas horas. Intentaré haceros comprender el proceso, aunque es difícil, lo sé. 

Todo empezó por un tráiler promocional de la segunda temporada de Juego de tronos (muchas cosas empiezan por Juego de tronos, pero no me remontaré a cómo llegué a Canción de hielo y fuego porque entonces se producirían suicidos colectivos). El vídeo en cuestión era éste:


Me llamó la atención la canción que suena en el tráiler; gracias a un comentario de Vesta en el Facebook (qué informada de todas las novedades está esta chica, lo podéis comprobar en su blog, El cajón desastre) me entero de que la canción es Seven Devils, de Florence and the Machine. ¿Y quién es la tal Florence, me pregunto?

Pues la tal Florence resulta ser una cantante con una voz prodigiosa y un estilo muy particular, ni indie, ni folk, ni soul, ni rock, sino todo a la vez y alguna cosa más. Me he enamorado de canciones como ésta:


O ésta: 


Aparte de llevar varios días machacando el Spotify con canciones suyas, también llevo esos mismos días con una idea en la cabeza: ¿de qué me suena esta mujer? ¿A quién se parece? Pronto di con la respuesta: me recuerda muchísimo a la que fue la principal musa de los pintores prerrafaelitas, uno de mis estilos pictóricos favoritos: Jane Burden (después de casarse, Jane Morris). Juzgad, si no, la semejanza:

  

Ya conocía algunos datos sobre la vida de Jane Burden Morris, pero buscando en Internet he encontrado más información. Tuvo una vida bastante interesante y azarosa; como sabréis, nació en una familia muy humilde pero su belleza poco convencional llamó la atención de algunos de los pintores prerrafaelitas, que la utilizaron como modelo para muchos de sus cuadros. Se casó con uno de ellos, William Morris, pero al parecer también mantuvo durante muchos años una relación extramatrimonial con otro de ellos, Dante Gabriel Rosetti. Gracias a su matrimonio, su posición social mejoró y, sobre todo, adquirió una cultura que de otra forma habría sido difícil que consiguiera y se relacionó con los artistas más relevantes de su época. Si os interesa, aquí podéis leer más sobre ella: Egoteca del antipático: Jane Burden Morris.

No podía parar ahí, claro. Cuando me encisco con algo, no tengo freno. Así que, como esta tarde no podía hacer gran cosa en casa porque, a todo esto, el fontanero de la comunidad estaba arreglando una gotera que no hemos provocado nosotros, por suerte, pero que afecta al bar que tenemos justo debajo y para ello tenía que abrirnos un agujero en el baño y trastear por él, mientras he estado saltando por la Wikipedia de un prerrafaelita a otro. Como buena parte de la temática de sus pinturas era medieval, he recordado un cuadro que no estaba segura de que perteneciera a su estilo (ahora sé que no), y del que no recordaba el título, pero sí sabía que había ilustrado la cubierta de un libro sobre Leonor de Aquitania (no tengo claro si era una novela histórica o una biografía novelada). Busco por Leonor de Aquitania y me llevo el susto de la tarde: La habitación de Ana: mis reinas 

Me parece estupendo que a mucha gente le gusten las muñecas. Incluso las Barbies. Y que haya gente que se entretenga haciéndoles vestiditos y  las customice es un hobby digno de elogio cuando lleva tanto trabajo como éstas. Pero, de verdad, buscar un cuadro de Leonor de Aquitania y encontrarte con la Barbie occitana es superior a mí XD. Loca me he quedado, aunque reconozco que la minuciosidad de los detalles es impresionante: Barbie Leonor

Obviamente había llegado a un callejón sin salida, así que no me ha quedado más remedio que retroceder. Al final, he conseguido encontrar el dichoso cuadro, que ni estaba dedicado realmente a Leonor de Aquitania, ni es prerrafaelita, aunque se inspire bastante en ese estilo. Se trata de una pintura de Edmund Blair Leighton titulada The Accolade:



Es de 1901, muy posterior al movimiento prerrafaelita, y el estilo es mucho más academicista, pero aun así tiene su encanto. Mientras, ya de paso he estado leyendo sobre Leonor de Aquitania. No es que no hubiera leído ya sobre su vida; es un personaje histórico que me ha fascinado desde que, hace muchos años, vi una película titulada El león en invierno. Os la recomiendo, los protagonistas son nada menos que Katherine Hepburn en el papel de Leonor y Peter O'Toole como Enrique II de Inglaterra, con un Anthony Hopkins muy joven como Ricardo Corazón de León (era uno de sus hijos). También hay una versión moderna para televisión, por cierto, en la que Leonor es Glenn Close y Enrique es Patrick Stewart, no está mal tampoco. Pero nunca me aburre releer algo sobre ella; tengo que buscar una buena biografía suya, se admiten sugerencias.

En fin, aquí estoy al cabo de tanta divagación. Tal vez no debería contar estas cosas. La gente puede empezar a apartarse de mí. No se lo reprocharía, una mente tan errática debe de asustar. Aunque, si lo pienso, en cierto modo sí hay un hilo común:  la presencia de mujeres que destacan por su inteligencia, su belleza, su talento. Puede que hagan Barbies de ellas, pero mientras las futuras generaciones sepan que también son de carne y hueso, algo quedará. Espero. 

Y ahora no me queda otra que ponerme de una vez a pasar la aspiradora y fregar bien el baño... Qué le vamos a hacer, no gobierno la Aquitania, sólo un pisito. Pero mi mente abarca reinos enteros. Aunque sea de forma caótica XD.