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domingo, 6 de octubre de 2024

Los anillos de poder

 

Como ya sabréis, anoche se emitió el último capítulo de la segunda temporada de esta serie producida por Amazon, a la que “cariñosamente” llamo Los anillos de joder. Ya os podéis imaginar que no le tengo excesivo aprecio. Entonces, os preguntaréis (y con razón): “Nymeria, ¿por qué la sigues?” La verdad: estoy escribiendo esto precisamente para ver si analizándola yo también termino por averiguar por qué coño veo algo que desde casi todos los puntos de vista es un desastre. Porque no es mi costumbre ver series o películas que no me gusten, os lo aseguro. He dejado sin ningún remordimiento a mitad de visionado o incluso antes series que mucha gente alaba y sigue con devoción, como Andor, a la que muchos tildan de “lo mejor que se ha producido de Star Wars en los últimos años” y que a mí me pareció un pestiño insoportable. Me alegro por ellos, que la disfruten, yo tengo cosas mejores que hacer y poco tiempo para perderlo con cosas que no me interesan.

 

Con lo bonitos que eran los anillos de las películas y para la serie me ponen estos anillos de regalo del Kinder Sorpresa

Me faltó el canto de un duro para dejar de ver los dichosos anillos antes de terminar la primera temporada. No es ya por la fidelidad a la obra original de Tolkien: tenía asumido desde antes de que la estrenaran que dicha fidelidad iba a brillar por su ausencia porque en una adaptación prima antes que el producto final sea atractivo para el espectador medio que seguir al pie de la letra la obra original (y es lógico, es un medio distinto y no puedes trasladar a la pantalla con exactitud lo cuenta la narración original) y, por otro lado, dado que aún no están disponibles los derechos de adaptación al cine o a televisión de El Silmarillion, iban a tener que basarse en los Apéndices de ESDLA, que ofrecen una información muy resumida y escasa, así que tendrían que rellenar con argumentos, tramas y personajes directamente inventados para la ocasión. No hay problema. Sólo pedía que al menos lo que contaran fuera entretenido, tuviera coherencia interna y no se diera de patadas directamente con lo que ya conocíamos de la historia que nos contó Tolkien. Ilusa de mí, pensaba que Amazon se ocuparía de contratar a guionistas competentes que hicieran un trabajo mínimamente decente.

 

Craso error.

 

No sé hasta qué punto es culpa de los guionistas y hasta dónde llega la injerencia de los productores haciéndoles cambiar sobre la marcha cosas que en el papel quedaban mucho mejor, en aras de la espectacularidad o de la inteligibilidad (que deben de suponer que tiene que estar al nivel de los tontos de baba, porque parece que eso es lo que nos consideran a los espectadores). Y no, no me vale la excusa de la segunda pantalla. Una cosa es exponer todo muy clarito y repetirlo varias veces para que te enteres por si estás pendiente del puto móvil, y otra es escribir unos diálogos sonrojantes de puro estúpidos, presentar situaciones más trilladas que la estructura de una novelita romántica de quiosco y diseñar personajes que son más tontos que un bocado en… ya sabéis, y que tienen interacciones y reacciones más estúpidas que los personajes de Prometheus de Ridley Scott. Los dos primeros capítulos de la primera temporada, bueno, se podían ver porque visualmente eran espectaculares y los personajes apenas empezaban a mostrar su naturaleza descerebrada y aún daban el pego (aunque esa Galadriel tirándose en mitad del mar para hacer un David Meca ya daba una preocupante pista de por dónde iban a ir los tiros). Por algo le habían encargado dirigirlos a José Antonio Bayona, que te podrá gustar o no, pero sabe hacer su trabajo. Pero en cuanto dejaron a los guionistas sueltos sin un director que les maquillara la vacuidad de los guiones… Ay, madre, qué desastre.

 

Aviso: a partir de aquí no me voy a cortar con los spoilers. Tampoco es que vaya a destripar las tramas a saco, pero comentaré los detalles que me parezcan necesarios. Si aún no has visto la serie, piensas verla en un futuro y no te gusta que te espoileen, mejor abstente de seguir leyendo. Avisados quedáis. Continúo:

 

Hay tramas que me han interesado entre poco y nada desde el minuto cero, como la de los numenoreanos, que me parecen unos clasistas aislacionistas y supremacistas asquerosos: no sé si era en el segundo o en el tercer capítulo de la primera temporada, había una escena en la que un personaje circunstancial soltaba paridas al más puro estilo trumpiano; ya imagino que la intención de los guionistas era dejar en evidencia ese tipo de pensamiento, pero la sutileza no es lo suyo, desde luego. También me cayó como el culo Isildur, del que ya sabemos que acabará fatal, pero no hacía falta subrayar con rotuladores gordos que es un niñato tan insoportable, de verdad. Los demás numenoreanos no me caen mucho mejor, y para mi gusto sólo se salva de la quema Elendil, tanto por el personaje, que es el único numenoreano con dos dedos de frente y tiene una dignidad inquebrantable, como por el actor, que le da un porte y un carisma impresionantes. Porque, ojo, la mayor parte de los actores no me disgustan: me gusta también la actriz que hace de la reina Míriel, y junto con Elendil forma una pareja estupenda que es lo único de interés que tiene para mí la trama de Númenor, y por suerte han sabido aprovechar esa química. Y aunque sigo opinando que no se les acaba de pillar el punto a los elfos en series y películas de imagen real, me gustan Elrond y Arondir, que me parece muy atractivo y el único que, tal vez por resultar exótico frente a los elfos arquetípicos de larga melena rubia y lisa, tiene un aire realmente élfico, y tanto Gil-Galad como Celebrimbor y el mismísimo Sauron me han terminado gustando en esta segunda temporada (a pesar de comenzar de forma absolutamente vergonzante para un maia supuestamente de los más poderosos), mientras que en la primera sufrían el tremendo lastre de unos guiones que les hacían quedar como imbéciles envarados, como en el caso de Gil-Galad y Celebrimbor, o como mierdecillas que intentaban aparentar lo que no eran, como en el caso de Sauron, que cuando fingía ser un hombre se quedaba en una pobre imitación del Trancos de Viggo Mortensen. Incluso Galadriel me gusta, su actriz sí da el pego como elfa y creo que lo ha hecho lo mejor posible, pero el empeño de los guionistas en hacerla más aborrecible incluso que a Tauriel en las películas de El Hobbit la ha degradado muchísimo. Todos han mejorado en esta segunda temporada, tal vez porque a los guionistas les dieron un toque y les dijeron que dejaran de poner a sus personajes en situaciones estereotipadas y ridículas (no lo acaban de conseguir, pero se nota cierta mejora), y los actores han podido demostrar mejor su valía. En esta segunda temporada Charlie Vickers ha recreado a un Annatar decente, incluso convincente, que destaca como maestro de las mentiras en las que envuelve al pobre Celebrimbor, manipulándolo con técnicas propias de un narcisista consumado y haciéndole una luz de gas brutal. Probablemente la trama de Eregion, junto con la de los enanos de Khazad-dûm, sea la mejor de esta segunda temporada, culminando con la batalla del séptimo capítulo, impresionante.

 

A mí no me miréis, hago lo que puedo con el guión

En cambio, la de los numenoreanos sigue sin interesarme lo más mínimo. Y menos mal que ya prácticamente desapareció la de las tierras del sur, completamente anodinas, como sus personajes: a ver si se cargan de una puñetera vez al niñato este, el Theo, que es incluso más insoportable que Isildur, y ya es decir, y encima van y los juntan en esta segunda temporada… Madre del amor hermoso, que venga ya el maremoto del hundimiento de Númenor y se lo lleve, por favor. Venga, que no os cuesta nada, ya os cargasteis a su madre, que tampoco pintaba nada salvo para inventarle una historia de amor con Arondir menos original que las películas alemanas de los domingos por la tarde en la 1. Hala, dadle mejor trama a Arondir, que esta segunda temporada tampoco le habéis dado gran cosa…

 

En cuanto a Adar y los orcos, pues tres cuartas de lo mismo. Otro personaje que está desaprovechadísimo, yo creo que Joseph Mawle lo dejó después de la primera porque se dijo “esto es una mierda como un piano y no me lleva a ningún lado, mejor me piro”. El caso es que Sam Hazeldine le ha sustituido muy dignamente, y es otro de esos personajes del que piensas “qué buen vasallo si tuviera buen señor”. Al menos le dan un final trágico con aires shakespearianos bastante decente, como espejo del falso final de Sauron en el primer capítulo de esta temporada, que en cambio era ridículo. Esto de crear situaciones espejo de otras dentro de la serie o de otras de los libros y las películas es un recurso que los guionistas se debieron de aprender a fuego, por cierto, porque lo usan para todo y así de paso se evitan mucho trabajo, que esto de pensar buenas historias es muy cansado; algunas veces les funciona, como en ésta o en el final del rey Durin, y otras no.

 

De las tramas restantes, me interesan personajes sueltos: me gusta mucho el que ya-sabíamos-que-era-Gandalf y también su companion hobbit, Nori, que me parece encantadora en comparación con su parentela. Por lo demás, casi todo lo referente a los protohobbits me parece bastante desastroso. Aunque es verdad que los hobbits de Tolkien, a pesar de su naturaleza bonachona, sin ser unos falsos no dejan de ser bastante desconfiados respecto a los foráneos, los puñeteros pelosos son unos cabroncetes hipócritas de mucho cuidado: la familia y la tribu son lo más importante, pero como se te rompa una pierna y no puedas andar, te jodes, que no te vamos a esperar, ahí te pudras; y los fuertes de Marruecos Rhûn son del mismo palo: tontos, paletos y cerriles. En cuanto al Mago Oscuro, me parece que mucho lirili y poco lerele; nos han puesto la miel en los labios con un supuesto Saruman que parece un malo de segunda de una exploitation de Conan, pero guardándose el as en la manga por si luego tienen que alegar que no, que no era Saruman, que era uno de los magos azules (que es lo que deberían hacer si no quieren darse de hostias no ya con el canon, sino con el hecho de que no tiene sentido que Gandalf ya lo haya conocido y calado y luego en la historia posterior parezca confiar en él sin reservas, aunque ya sabemos que a los guionistas esto se la suda bastante). Espero que en la próxima temporada le den más relevancia, porque si no vaya desperdicio de personaje y sobre todo de actor (reconocedlo, a vosotros también se os cayeron las bragas cuando reconocisteis a Ciarán Hinds). De las brujas Eminem y los jinetes oscuros de todo a 1 euro ya ni hablo. En cuanto a Tom Bombadil… Pues es el pegote que ya nos temíamos que habría sido en las películas de Peter Jackson, se nota que lo han metido no ya con calzador, sino a presión, pero aun así se deja ver, no queda tan ridículo como temía y da lugar a una canción maravillosa, así que al final no me quejo.

Hostias, los donuts. Ah, y Celeborn

 

Supongo que después de todo esto que os cuento seguiréis preguntándoos: “¿Por qué coño nos sueltas esta chapa cuando no te ha gustado casi nada de esta serie?” Bueno, es que sí me han gustado algunas cosas, de las cuales ya he mencionado varias. Algunas incluso me han encantado. La trama de los enanos me pareció interesante desde la primera temporada, y qué queréis que os diga, los enanos lo molan todo, incluso en esta serie. Me gustan mucho el príncipe Durin y Disa, aunque a esta pobre le endilgan una escena Batman que me provocó un ataque de risa de lo ridículo que era, porque no podemos tener nada 100% bonito, pero ella mola y juntos hacen una pareja estupenda, así que vale, aceptamos pareja súper molona de enanos como modelo de relación de pareja sana y súper potita. También me gusta mucho el rey Durin (algo tendrá que ver que lo interprete Peter Mullan) y en general cómo se refleja la idiosincrasia de la sociedad enana, que también era lo mejor de la trilogía del Hobbit. Si es que los enanos son la segunda raza de la Tierra Media que más mola (la primera es la de los hobbits, of course).  Eso incluye también el apartado estético: mención especial a esas flipantes túnicas inspiradas en la iconografía de los cuadros de Gustav Klimt. Y las tramas de los enanos, aunque tenga momentos what the fuck porque guionistas, en general me han gustado, incluso con ese despertar del balrog a mitad de la siesta, que me parece una cagada pero le han dado un final épico, al menos, aunque sea copiado al de Gandalf en La Comunidad del Anillo. Igual que en esta segunda temporada me ha gustado la trama de Eregion, que culmina en una batalla impresionante: ya he leído por ahí que está mal rodada, y puede que así sea, pero como soy una ignorante total en cuestiones de estrategia y tácticas militares, me la suda y ese séptimo capítulo me tuvo enganchada hasta el final; no pido más. ¿Y sabéis lo que me flipa de la serie también? La banda sonora. Bear McCreary no se limita a imitar a Howard Shore, sino que crea una música magnífica con entidad propia, actualizada a la sensibilidad contemporánea y con temazos épicos y emotivos que merecían una serie mejor para estar más acorde con su calidad. Ya está disponible la BSO de la segunda temporada en Spotify, por si queréis echarle un oído:

 Los anillos de poder: BSO

Por último, no puedo obviar el factor más importante en mi empeño en seguir viendo esta serie aunque haya estado a punto de dejarla cada vez que me cabreaba con una nueva cagada de los guionistas: soy una fan fatal de Tolkien. No hasta el punto de apuntarme a la STE o de leerme todos los volúmenes de Historia de la Tierra Media, pero sí como para haberme leído y releído bastantes veces El señor de los anillos, El Hobbit y El Silmarillion, además de otras obras cortas de Tolkien, incluyendo Los hijos de Húrin, y mira que Túrin Turambar me cae fatal porque es un auténtico singermornings, y de haberme visto también varias veces la trilogía de ESDLA de Peter Jackson en sus versiones extendidas e incluso repetir un par de veces con las películas de El Hobbit (es que, ay, Martin Freeman 💜). En resumen, mi amor por la Tierra Media me hace superar el cabreo y seguir viendo esta serie, al menos mientras no la caguen todavía más y mantengan al menos un par de tramas con interés. Y, bueno, también tengo que reconocer un aspecto menos positivo de mí que hasta ahora no conocía, y es que hasta cierto punto me divierte criticar las cagadas de la serie. Se ve que había en mí una pequeña faceta troll que no había tenido oportunidad de salir a la luz hasta este momento. Y también cierto masoquismo, me temo, no lo voy a negar. Pero no os preocupéis, no me voy a poner en plan fan tóxico de Star Wars. Cada uno que haga con la serie lo que quiera: verla, no verla, criticarla, defenderla… No me voy a meter ni con unos ni con otros.  Mientras ellos no se metan conmigo, claro. Bueno, sí me voy a seguir metiendo con alguien relacionado con esta serie porque es una obligación moral: con Jeff Bezos. Porque es tan cabrón como Elon Musk pero nos tiene aún más pillados por los genitales a todos. Y porque se puede permitir el lujo de invertir una millonada indecente en esta serie y dejar que no se molesten en hacerla bien de verdad, coño, que eso es lo que tiene más delito.

 

jueves, 1 de septiembre de 2016

Netflix

Hoy la entrada va de algo a lo que le tenía muchas ganas desde hace tiempo y que, gracias a la inestimable colaboración de una pingüina adorable (al estilo Günter, eso sí :P), ya podemos disfrutar el escocés consorte y yo: Netflix. Dentro de poco lo disfrutará también el minikingo 1 y nosotros lo disfrutaremos un poco menos XD, pero por ahora lo estamos aprovechando todo lo que podemos, y os comentaré las series que hemos visto o estamos en proceso por ahora, para que os hagáis una idea por si estáis pensando abonaros.

Para empezar, tened en cuenta una cosa: en España Netflix no tiene la misma oferta que en Estados Unidos porque varias de las series que ofrece allí aquí ya están adquiridas por otras plataformas digitales. Es decir, no es la panacea, no lo tiene absolutamente TODO, así que si eres de esos que viven para fagocitar series noche y día, se te queda corto. Pero si, como nosotros, tienes vida más allá de la pantalla de tu ordenador, trabajas, crías hijos y esas cosas que ocupan un poquito de tiempo, creo que la oferta es bastante estimable, y seguramente se irá ampliando. Además está muy bien de precio y no te intenta meter morralla a saco como otras plataformas (¿o debería decir OTRA plataforma -monopolioooooo, cof, cof-?). Y, lo que me parece más importante, su producción propia es de una gran calidad, al menos lo que hemos visto hasta ahora. De hecho, voy a empezar comentando lo que me ha parecido su producto estrella de este verano:



Cómo la he disfrutado ^_^. Ya os podéis imaginar que, definiéndome como "friki, heavy y ochentera" me tenía que gustar, sí o sí. De hecho, me pregunto qué les habrá parecido a los Millennials, por ejemplo, que no tienen esas referencias o las han vivido indirectamente; puede que ellos juzguen más objetivamente su calidad. Reconozco que a mí eso me cuesta, pero aun así creo que, como serie, es bastante buena, como mínimo entretenida, y que en cuanto a aprovechamiento de esos recursos ochenteros, es una obra maestra. Mucha gente la definía como "la nueva E.T.", o "los nuevos Goonies", y sí, sobre todo en el primer capítulo te recuerda mucho a ambos títulos y a otros similares de los 80. Pero a medida que transcurre la serie es más evidente que toda ella es un inmenso homenaje, sobre todo, a Stephen King y a su influencia en la cultura popular. El argumento, los personajes, las referencias, todo te remite a las mejores novelas de King, las de los años 70 y principios de los 80, y a las películas y series que en ellas se basaron: The Body (en España la titularon Cuenta conmigo, pero ése es el título original -y el del cuarto capítulo de esta serie, para qué se van a cortar-), Carrie, Ojos de fuego, La zona muerta, El misterio de Salem's Lot... Para los que hemos sido lectores asiduos de King en nuestra adolescencia, ha sido un continuo festival. (Luego ya no, que después de It y La danza de la muerte/Apocalipsis se empezó a repetir como las morcillas y no ha escrito nada digno de mención salvo alguna excepción como Misery y algunos de los volúmenes de La torre oscura en los últimos 30 años, pero eso ya es otra historia de lo que lo mismo hablo otro día).  En fin, en un momento dado hasta un personaje está leyendo Cujo y otro lo comenta con él, así que para qué vamos a decir más; está claro que los Duffer Brothers son fans irredentos del tío Esteban. Lo cual no quita para que haya más referencias a la cultura de la época, con guiños a Alien, Encuentros en la tercera fase, Tiburón, Halloween, Viernes 13... Y otras referencias más ignotas a Lovecraft, por ejemplo (bueno, en cuestión de terror, al final casi todo remite a Lovecraft, pero también eso es otra historia que tengo que comentar; por cierto, tengo pendiente de leer otro libro que me regaló mi buena amiga María, una antología de los herederos de Lovecraft que tiene muy buena pinta), a series del estilo de "Más allá del límite"... Y, por supuesto, el continuo y omnipresente homenaje a los juegos de rol, representado en la partida que los niños juegan de la versión clásica de Dragones y Mazmorras. En fin, un batiburrillo de toda esa cultura ochentera, muy bien asimilado y mezclado, de manera que, siendo reconocibles todas esas influencias, forman un todo muy homogéneo, coherente y fácilmente asimilable.

El argumento en sí, como os podéis figurar, no es el colmo de la originalidad. No lo contaré para no destripároslo a los que aún no habéis visto la serie, pero precisamente por todas esas referencias a la cultura popular de los 80, os sonarán bastante los personajes, las situaciones y su resolución. Pero el ritmo está muy bien administrado, la realización es muy correcta y en general tiene todos los ingredientes necesarios para mantenerte en vilo y desear ver el siguiente capítulo y después otro más aunque al día siguiente tengas que madrugar :P. Las actuaciones en general muy correctas y especialmente sobresalientes en el caso de los niños protagonistas (quiero adoptarlos, sobre todo a Dustin <3). La ambientación es impecable. La banda sonora está exquisitamente escogida; la música propia de la serie es muy buena y las canciones seleccionadas son más variadas de lo que uno cabría esperar y, aparte de ser grandes éxitos y temas de calidad de la época, ayudan a definir situaciones e identifican a los personajes. Es un ejercicio interesante comparar qué tipo de música suena según qué personaje sea el que aparece y cómo lo define (esto se ve muy claro, por ejemplo, en el personaje del hermano de Will, al que le gusta el postpunk británico y se siente marginado respecto a los chicos de su edad, y en el del chulito de la clase, Steve, al que le identifica el hit de un guaperas del momento, Corey Hart).

La única pega que le pondría es que hay algún agujero de guión bastante gordo. Lo comento en párrafo aparte y tachado para que los que no hayáis visto aún la serie no os traguéis espoilerazos:

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Aparte de lo fácil que es acceder a los cuarteles de la agencia gubernamental de la que se escapa Once/Eleven, la actuación de los malos respecto a la población civil se podría decir que es "aleatoria". Tan pronto se cargan al dueño del bar simplemente porque ha dado de comer a Once, como dejan escapar al sheriff (con lo fácil que habría sido cargárselo atribuyendo su muerte a una sobredosis de lo que fuera), luego a él le ponen micrófono pero en la casa de la madre de Will no, les dejan ir por ahí investigando libremente sin seguirlos, les dejan entrar en la dimensión paralela del Demogorgon, los críos también se les escapan con una facilidad sospechosa... En fin, todo eso me chirría bastante, pero supongo que no encontraron mejor forma de dejar que la trama pudiera avanzar. 

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Pero vamos, dejando eso aparte, por lo demás me ha encantado y os la recomiendo mucho. Lo único que me pregunto es, ya que parece que van a hacer una segunda temporada (el final desde luego lo dejan muy abierto a esa posibilidad), cómo harán para mantener el interés del espectador, porque el gancho que era el misterio de los primeros capítulos ya no es novedoso. Espero que no nos defrauden y sepan innovar.



Esto sí que es una stranger thing: el misterioso parecido entre David Harbour y Lluís Homar





El otro estreno estrella de la temporada veraniega de Netflix. Aparentemente es un producto destinado a un público muy concreto, los aficionados al hip hop, pero os aseguro que cualquiera lo puede disfrutar aunque no sea tu estilo favorito. Es un producto de Baz Lurhmann, y se nota. Si no os suena el nombre, os daré una pista: es el director de Moulin Rouge y el Romeo y Julieta de Leo Di Caprio. ¿A que ahora sí lo ubicáis? Probablemente esto puede echar para atrás a los que no les guste su estilo, que ciertamente es excesivo y arrollador. Pero, en serio, si, como me pasó a mí con Moulin Rouge, consigues superar los arrolladores cinco primeros minutos, que reconozco que me dieron vértigo, vas a pasártelo como un enano con este auténtico espectáculo audiovisual. Y conste que no me suelen gustar los musicales. Pero es que esta serie tampoco es un musical; la música, aunque muy presente, está muy bien dosificada y su presencia está más que justificada, aparte de que es música de calidad comprobada: grandes éxitos del  funky, la música disco y los primeros hits del hip hop de la época. Todo esto combinado, curiosamente, con una historia cuyos protagonistas parecen muy poco glamourosos: negros y puertorriqueños del Bronx de los 70, un barrio que en aquella época tenía más en común con los barrios de ciudades como Bombay o Kinsasa que con los suburbios acomodados de la misma ciudad de Nueva York. La lucha diaria de los protagonistas por sobrevivir  y el conflicto que les supone decidir entre quedarse en su barrio y luchar por él o escapar de él para poder cumplir sus sueños es el núcleo de la historia, y en el proceso vemos cómo se gesta el nacimiento del género musical más influyente de los últimos treinta, ya casi cuarenta años. La historia en sí no es muy original, pero el ritmo, tanto musical como narrativo, te atrapa de tal forma que no puedes dejar de verla. Eso sí, tras el primer capítulo, que es prácticamente una película por sí solo, el ritmo decelera un poco, ya que Lurhmann, aunque sigue produciendo, deja el testigo de la dirección a otros, y se nota. No obstante, el interés no decae. De momento se ha estrenado la primera mitad de la temporada, seis capítulos en total, y habrá que esperar al año que viene para ver cómo concluye. Ansiosa espero. También os la recomiendo muy mucho.




Otro bombazo. Reconozco que en mi época de lectora de cómics de la Marvel Daredevil no era de mis personajes favoritos y no leí apenas nada suyo, así que empecé a verla por probar y el primer capítulo no me llamó mucho la atención. Pero a medida que avanza la serie, mejora a pasos agigantados, gracias a unos guiones muy currados, una trama que engancha y, sobre todo, unos personajes carismáticos muy bien interpretados. Igual que en el cómic, destacan especialmente Matt Murdock (interpretado por Charlie Cox, que ya prometía en Stardust y aquí cumple con creces) y Wilson Fisk AKA Kingpin (interpretado por Vincent D'Onofrio, síiiiii, el soldado Patoso de La chaqueta metálica y también el paleto cucarachizado de Men in Black, que parece haber nacido para este papel), pero todos los secundarios se lucen. Me encantan el compañero de bufete de Matt, Foggy, y la que por accidente acaba siendo su secretaria, Karen Page, interpretada por Deborah Ann Woll, que se lucía en un estupendo papel en la inefable True Blood y aquí está genial en un papel femenino luchador y valiente; los papeles femeninos en esta serie son bastante destacables: también me gustan mucho el de Claire, que interpreta Rosario Dawson (me cae genial esta mujer) y el de Vanessa Marianna, una galerista de arte que sospecho que esconde más de lo que parece... espero que no desperdicien este personaje, porque le veo un aire a lo Lady Macbeth muy prometedor. Otro secundario muy destacable es Wesley, la mano derecha de Fisk. También tiene un papel destacado Ben Urich, que a mí me sonaba más de Spiderman.

Lo que llama la atención, aparte de las espectaculares coreografías de las luchas de Daredevil contra los malos (qué hostias como panes, oigan. Lo mejor es que Daredevil recibe tanto como da, y eso le hace muy creíble como personaje), es el realismo tan salvaje de la historia. Básicamente, buena parte de Nueva York, y especialmente el barrio de la Cocina del Infierno, tras los acontecimientos de una de las películas de los Vengadores (si no entendí mal, que no estoy enterada de eso) ha quedado hecha trizas, y las grandes corporaciones ven una oportunidad de oro para hacerse con la reconstrucción de la ciudad y de paso forrarse aún más llevándose unas comisiones del copón, y realizando para ello una gentrificación descarada y brutal de los barrios más desfavorecidos. Para ello cuentan con los servicios de las mafias locales e internacionales, que por supuesto quieren sacar tajada, y en medio de todo esto está el misterioso Wilson Fisk. Daredevil, que quiere que su barrio deje de ser explotado y masacrado por esas mafias, se interpone en su camino... y ya no os puedo contar más, porque estoy a poco más de la mitad de la primera temporada, me he quedado en el capítulo 10 XD. Pero estoy enganchadísima y espero que podamos terminar pronto de ver las dos temporadas estrenadas hasta ahora. Seguro que luego engancharemos con Jessica Jones, ya puestos. Y con Luke Cage cuando la estrenen, que también tengo curiosidad, y eso que de ese personaje sólo sé que Nicolas Cage se puso su apellido artístico por él XD. La verdad es que Marvel se lo está montando muy bien en su alianza con Netflix.

En fin, ésta es por ahora mi experiencia con Netflix, bastante positiva. Aparte, también hemos visto otras cosas como Life is too short, una serie cómica del 2012 protagonizada por Warwick Davis (¡¡¡síiii, Willow!!!) absolutamente desternillante; desde entonces admiro aún más al pequeño actor y, sobre todo, ahora ya sé cómo se las gasta Ricky Gervais, del que sólo sabía que la había liado parda en unos Globos de Oro, y me declaro fan total suya. No os la perdáis, de verdad, es para partirte la caja de mala manera. También hay una sección interesante de documentales: estoy siguiendo Planeta Tierra, de la BBC y con David Attenborough como narrador... Por si eso os pareciera poco, encima cuenta con las imágenes más espectaculares que he visto en un documental hasta ahora. Sólo por ver los capítulos dedicados a las montañas y a las cuevas merece la pena, en serio. Y hay más cositas a las que ya les tengo echado el ojo...

Pues eso es todo por ahora. Espero que os haya parecido interesante y, si estáis pensando en apuntaros a Netflix, que os haya sido útil como guía. Por cierto, señores de Netflix, me gusta el jamón. Mucho. Y los bombones de chocolate belga, también.