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viernes, 3 de enero de 2020

Café klachtiano


Esta noche he visto Klaus, la película de animación, y me ha gustado mucho. Es muy bonita, se agradece ver un tipo de animación con una estética distinta a la de Disney para variar y transmite un mensaje simple y reconfortante. El día anterior vi Los dos papas, la película sobre Benedicto XVI y su sucesor, el papa Francisco, de la que el Vaticano estará contento porque es muy buena publicidad para el actual papa, pero también es verdad que es muy buena película y, si non è vero, è ben trovato. El caso es que las dos basan sus historias en parte en el mismo hecho: la creencia en seres imaginarios, y me parece curioso que hayan coincidido más o menos en el mismo tiempo y que las dos me hayan hecho disfrutar mucho al verlas, sin ser creyente ni nada de eso yo.
- Así que está complicada la cosa en la diócesis de Desembarco...
- ¡Buf! No lo sabes tú bien, está que explota.
En Papá Noel, evidentemente, hace muchísimos años que dejé de creer, y en Dios hace algunos menos, pero también bastantes. De niña sí creía, claro. En mi generación, aunque hay algunas (muy escasas) excepciones, normalmente era impensable que no te educaran en la religión dominante: me bautizaron, hice la comunión porque era lo que había que hacer, y aunque después de eso apenas volví a pisar una iglesia, seguí sintiéndome creyente durante unos años más, entre otras cosas porque en el instituto tuve un profesor de religión, José Luis, uno de esos curas progres de los que ya no quedan, que se tiraba mucho el rollo y en vez de enchufarnos aquel vídeo ultra gore sobre el aborto que tanto proliferó por los institutos en los años 80 y 90 nos ponía El muro de Pink Floyd, le gustaba el heavy (se había aficionado gracias a los Stryper) y, sobre todo, era un hombre bueno y razonable con el que podías hablar de todo sin que se escandalizara y te juzgara. Gracias a él y a unos pocos ejemplos más sé que hay gente buena y decente dentro de la Iglesia, igual que tengo algunos amigos creyentes que son sinceros en su fe y que ésta les ayuda a ser mejores personas. Por eso, cuando he visto Los dos papas, he sentido un poco de pena mezclada con el buen sabor de boca que te deja al final la película, porque me ha provocado cierta nostalgia por aquella fe que perdí hace tanto. Cuando todavía me reconfortaba pensar que existía un ente superior que podía escucharme y me importaba lo que un señor vestido de blanco pudiera hacer o decir, ya que pensaba que tenía verdadero poder para contribuir a eliminar lo malo que hay en el mundo en nombre de ese ente superior.  Sí, yo fui otra víctima de Las sandalias del pescador. Echadle las culpas a Anthony Quinn, el hombre que, como decía mi padre, podía interpretar cualquier papel, hasta de mierda, y hacerlo magistralmente.
 
Pero poco a poco fui dejando de tener fe. No mucho después de dejar el instituto ya me empecé a plantear si creía de verdad o sólo creía que creía. Durante bastantes años me consideré agnóstica, pero al final llegué a un punto en el que me pareció que el agnosticismo no era más que una excusa para no admitir que en realidad no creía en ninguna entidad superior, porque admitir eso da un poco de vértigo cuando es lo que te han estado inculcando desde siempre y porque, la verdad, dejar de creer en que hay una especie de padre que te sigue ayudando desde arriba aunque ya seas adulto y admitir que no habrá otra vida más allá de la muerte acojona un poquito. Ya eres adulto, no puedes esperar ayuda ni tampoco vas a poder corregir tus errores, la vida no tiene control+z. Es una putada, pero como buena hobbit soy más bruta que un arado y prefiero la verdad aunque duela. Y joder que si duele. A veces desearía ser más crédula, pero no puedo, no me sale. Qué le voy a hacer.
 
Así que no hay dios, no hay papá Noel, los Reyes son los padres y el amor verdadero es más difícil de encontrar que un votante de Vox que sea buena persona. Y encima no me gustan los bocadillos de cordero, mecachis en la mar. No sé quién será el cabrón que me echó unas gotas de café klachtiano en la copa, pero me jodió más que si me hubieran echado burundanga. En fin, ya no tiene remedio.
 
Hablando de café klachtiano, me acuerdo cada vez más a menudo de Terry Pratchett. Él se había tomado la cafetera entera, pero le salvaba su sensibilidad extraordinaria y su profundo amor por la vida a pesar de todo. Donde más lo noto es en los libros de Tiffany Dolorido. Sí, esos que en teoría están destinados a un público más juvenil. Ja. Mis ovarios, juvenil. Que sí, claro que lo pueden leer lectores adolescentes (es más, deberían), pero cada libro tiene más cargas de profundidad que el anterior, y con ellos se puede aprender más sobre filosofía y sobre la condición humana que con el programa entero de filosofía de Bachillerato (si es que no la han quitado ya del currículum). La relación que mantienen Tiffany y Yaya Ceravieja es especialmente ilustrativa al respecto. Mi segunda bruja favorita (la primera es Tata Ogg, yo quiero ser como Tata de mayor; de momento ya he tenido un señor Ogg y he ganado unos cuantos kilos, ahora me faltan otros dos señores Ogg y unas merendolas y cervezas más, estoy en ello. Me refiero a las merendolas y a las cervezas, lo de más señores Ogg lo veo chungo), que a primera vista parece una misántropa de mucho cuidado, enseña a Tiffany, más con la práctica que con las palabras, que la tarea de las brujas, lejos de conseguir más poder para dominar a los demás, es ayudar a la gente, incluso a pesar de que la propia gente muchas veces no se lo merezca. No porque espere una recompensa de esas personas a las que ayuda, ni de un ente superior que te vaya a premiar por haber sido buena. Es lo que hay que hacer, y punto. Porque si no, el mundo se va a la mierda, y a pesar de todo lo malo que hay en él, merece la pena. No estoy hablando siquiera de karma, no creo en el karma, ni en esta vida ni en la otra (que ya hemos quedado en que seguramente no exista). Pero sí creo que es necesario cierto equilibrio y debemos respetarlo. Y que ese mismo equilibrio propicia que a veces sí se produzca cierta justicia, aunque sea sólo poética. Muy pocas veces ocurre, pero sí. En ocasiones discuto con mi madre porque ella no concibe el ateísmo, piensa que “en algo hay que creer”, y yo no pienso igual que ella. No pienso que haya que creer en una entidad superior que nos ha puesto aquí porque le ha salido de sus santas gónadas o que nos premie o castigue según nos portemos. Pero sí creo en el amor: no me refiero al tópico romántico, sino al que de verdad te llena y da sentido a la existencia. Yo lo he conocido sobre todo gracias a mis hijos, otros gracias a su familia, a sus amigos, a su pareja, a lo que de verdad les importa. A la vida, en general. Somos lo que somos, no tenemos más. Ni menos. Con eso ya es suficiente. No lo desaprovechemos.
 
Feliz 2020, y los que vengan.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Netflix

Hoy la entrada va de algo a lo que le tenía muchas ganas desde hace tiempo y que, gracias a la inestimable colaboración de una pingüina adorable (al estilo Günter, eso sí :P), ya podemos disfrutar el escocés consorte y yo: Netflix. Dentro de poco lo disfrutará también el minikingo 1 y nosotros lo disfrutaremos un poco menos XD, pero por ahora lo estamos aprovechando todo lo que podemos, y os comentaré las series que hemos visto o estamos en proceso por ahora, para que os hagáis una idea por si estáis pensando abonaros.

Para empezar, tened en cuenta una cosa: en España Netflix no tiene la misma oferta que en Estados Unidos porque varias de las series que ofrece allí aquí ya están adquiridas por otras plataformas digitales. Es decir, no es la panacea, no lo tiene absolutamente TODO, así que si eres de esos que viven para fagocitar series noche y día, se te queda corto. Pero si, como nosotros, tienes vida más allá de la pantalla de tu ordenador, trabajas, crías hijos y esas cosas que ocupan un poquito de tiempo, creo que la oferta es bastante estimable, y seguramente se irá ampliando. Además está muy bien de precio y no te intenta meter morralla a saco como otras plataformas (¿o debería decir OTRA plataforma -monopolioooooo, cof, cof-?). Y, lo que me parece más importante, su producción propia es de una gran calidad, al menos lo que hemos visto hasta ahora. De hecho, voy a empezar comentando lo que me ha parecido su producto estrella de este verano:



Cómo la he disfrutado ^_^. Ya os podéis imaginar que, definiéndome como "friki, heavy y ochentera" me tenía que gustar, sí o sí. De hecho, me pregunto qué les habrá parecido a los Millennials, por ejemplo, que no tienen esas referencias o las han vivido indirectamente; puede que ellos juzguen más objetivamente su calidad. Reconozco que a mí eso me cuesta, pero aun así creo que, como serie, es bastante buena, como mínimo entretenida, y que en cuanto a aprovechamiento de esos recursos ochenteros, es una obra maestra. Mucha gente la definía como "la nueva E.T.", o "los nuevos Goonies", y sí, sobre todo en el primer capítulo te recuerda mucho a ambos títulos y a otros similares de los 80. Pero a medida que transcurre la serie es más evidente que toda ella es un inmenso homenaje, sobre todo, a Stephen King y a su influencia en la cultura popular. El argumento, los personajes, las referencias, todo te remite a las mejores novelas de King, las de los años 70 y principios de los 80, y a las películas y series que en ellas se basaron: The Body (en España la titularon Cuenta conmigo, pero ése es el título original -y el del cuarto capítulo de esta serie, para qué se van a cortar-), Carrie, Ojos de fuego, La zona muerta, El misterio de Salem's Lot... Para los que hemos sido lectores asiduos de King en nuestra adolescencia, ha sido un continuo festival. (Luego ya no, que después de It y La danza de la muerte/Apocalipsis se empezó a repetir como las morcillas y no ha escrito nada digno de mención salvo alguna excepción como Misery y algunos de los volúmenes de La torre oscura en los últimos 30 años, pero eso ya es otra historia de lo que lo mismo hablo otro día).  En fin, en un momento dado hasta un personaje está leyendo Cujo y otro lo comenta con él, así que para qué vamos a decir más; está claro que los Duffer Brothers son fans irredentos del tío Esteban. Lo cual no quita para que haya más referencias a la cultura de la época, con guiños a Alien, Encuentros en la tercera fase, Tiburón, Halloween, Viernes 13... Y otras referencias más ignotas a Lovecraft, por ejemplo (bueno, en cuestión de terror, al final casi todo remite a Lovecraft, pero también eso es otra historia que tengo que comentar; por cierto, tengo pendiente de leer otro libro que me regaló mi buena amiga María, una antología de los herederos de Lovecraft que tiene muy buena pinta), a series del estilo de "Más allá del límite"... Y, por supuesto, el continuo y omnipresente homenaje a los juegos de rol, representado en la partida que los niños juegan de la versión clásica de Dragones y Mazmorras. En fin, un batiburrillo de toda esa cultura ochentera, muy bien asimilado y mezclado, de manera que, siendo reconocibles todas esas influencias, forman un todo muy homogéneo, coherente y fácilmente asimilable.

El argumento en sí, como os podéis figurar, no es el colmo de la originalidad. No lo contaré para no destripároslo a los que aún no habéis visto la serie, pero precisamente por todas esas referencias a la cultura popular de los 80, os sonarán bastante los personajes, las situaciones y su resolución. Pero el ritmo está muy bien administrado, la realización es muy correcta y en general tiene todos los ingredientes necesarios para mantenerte en vilo y desear ver el siguiente capítulo y después otro más aunque al día siguiente tengas que madrugar :P. Las actuaciones en general muy correctas y especialmente sobresalientes en el caso de los niños protagonistas (quiero adoptarlos, sobre todo a Dustin <3). La ambientación es impecable. La banda sonora está exquisitamente escogida; la música propia de la serie es muy buena y las canciones seleccionadas son más variadas de lo que uno cabría esperar y, aparte de ser grandes éxitos y temas de calidad de la época, ayudan a definir situaciones e identifican a los personajes. Es un ejercicio interesante comparar qué tipo de música suena según qué personaje sea el que aparece y cómo lo define (esto se ve muy claro, por ejemplo, en el personaje del hermano de Will, al que le gusta el postpunk británico y se siente marginado respecto a los chicos de su edad, y en el del chulito de la clase, Steve, al que le identifica el hit de un guaperas del momento, Corey Hart).

La única pega que le pondría es que hay algún agujero de guión bastante gordo. Lo comento en párrafo aparte y tachado para que los que no hayáis visto aún la serie no os traguéis espoilerazos:

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Aparte de lo fácil que es acceder a los cuarteles de la agencia gubernamental de la que se escapa Once/Eleven, la actuación de los malos respecto a la población civil se podría decir que es "aleatoria". Tan pronto se cargan al dueño del bar simplemente porque ha dado de comer a Once, como dejan escapar al sheriff (con lo fácil que habría sido cargárselo atribuyendo su muerte a una sobredosis de lo que fuera), luego a él le ponen micrófono pero en la casa de la madre de Will no, les dejan ir por ahí investigando libremente sin seguirlos, les dejan entrar en la dimensión paralela del Demogorgon, los críos también se les escapan con una facilidad sospechosa... En fin, todo eso me chirría bastante, pero supongo que no encontraron mejor forma de dejar que la trama pudiera avanzar. 

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Pero vamos, dejando eso aparte, por lo demás me ha encantado y os la recomiendo mucho. Lo único que me pregunto es, ya que parece que van a hacer una segunda temporada (el final desde luego lo dejan muy abierto a esa posibilidad), cómo harán para mantener el interés del espectador, porque el gancho que era el misterio de los primeros capítulos ya no es novedoso. Espero que no nos defrauden y sepan innovar.



Esto sí que es una stranger thing: el misterioso parecido entre David Harbour y Lluís Homar





El otro estreno estrella de la temporada veraniega de Netflix. Aparentemente es un producto destinado a un público muy concreto, los aficionados al hip hop, pero os aseguro que cualquiera lo puede disfrutar aunque no sea tu estilo favorito. Es un producto de Baz Lurhmann, y se nota. Si no os suena el nombre, os daré una pista: es el director de Moulin Rouge y el Romeo y Julieta de Leo Di Caprio. ¿A que ahora sí lo ubicáis? Probablemente esto puede echar para atrás a los que no les guste su estilo, que ciertamente es excesivo y arrollador. Pero, en serio, si, como me pasó a mí con Moulin Rouge, consigues superar los arrolladores cinco primeros minutos, que reconozco que me dieron vértigo, vas a pasártelo como un enano con este auténtico espectáculo audiovisual. Y conste que no me suelen gustar los musicales. Pero es que esta serie tampoco es un musical; la música, aunque muy presente, está muy bien dosificada y su presencia está más que justificada, aparte de que es música de calidad comprobada: grandes éxitos del  funky, la música disco y los primeros hits del hip hop de la época. Todo esto combinado, curiosamente, con una historia cuyos protagonistas parecen muy poco glamourosos: negros y puertorriqueños del Bronx de los 70, un barrio que en aquella época tenía más en común con los barrios de ciudades como Bombay o Kinsasa que con los suburbios acomodados de la misma ciudad de Nueva York. La lucha diaria de los protagonistas por sobrevivir  y el conflicto que les supone decidir entre quedarse en su barrio y luchar por él o escapar de él para poder cumplir sus sueños es el núcleo de la historia, y en el proceso vemos cómo se gesta el nacimiento del género musical más influyente de los últimos treinta, ya casi cuarenta años. La historia en sí no es muy original, pero el ritmo, tanto musical como narrativo, te atrapa de tal forma que no puedes dejar de verla. Eso sí, tras el primer capítulo, que es prácticamente una película por sí solo, el ritmo decelera un poco, ya que Lurhmann, aunque sigue produciendo, deja el testigo de la dirección a otros, y se nota. No obstante, el interés no decae. De momento se ha estrenado la primera mitad de la temporada, seis capítulos en total, y habrá que esperar al año que viene para ver cómo concluye. Ansiosa espero. También os la recomiendo muy mucho.




Otro bombazo. Reconozco que en mi época de lectora de cómics de la Marvel Daredevil no era de mis personajes favoritos y no leí apenas nada suyo, así que empecé a verla por probar y el primer capítulo no me llamó mucho la atención. Pero a medida que avanza la serie, mejora a pasos agigantados, gracias a unos guiones muy currados, una trama que engancha y, sobre todo, unos personajes carismáticos muy bien interpretados. Igual que en el cómic, destacan especialmente Matt Murdock (interpretado por Charlie Cox, que ya prometía en Stardust y aquí cumple con creces) y Wilson Fisk AKA Kingpin (interpretado por Vincent D'Onofrio, síiiiii, el soldado Patoso de La chaqueta metálica y también el paleto cucarachizado de Men in Black, que parece haber nacido para este papel), pero todos los secundarios se lucen. Me encantan el compañero de bufete de Matt, Foggy, y la que por accidente acaba siendo su secretaria, Karen Page, interpretada por Deborah Ann Woll, que se lucía en un estupendo papel en la inefable True Blood y aquí está genial en un papel femenino luchador y valiente; los papeles femeninos en esta serie son bastante destacables: también me gustan mucho el de Claire, que interpreta Rosario Dawson (me cae genial esta mujer) y el de Vanessa Marianna, una galerista de arte que sospecho que esconde más de lo que parece... espero que no desperdicien este personaje, porque le veo un aire a lo Lady Macbeth muy prometedor. Otro secundario muy destacable es Wesley, la mano derecha de Fisk. También tiene un papel destacado Ben Urich, que a mí me sonaba más de Spiderman.

Lo que llama la atención, aparte de las espectaculares coreografías de las luchas de Daredevil contra los malos (qué hostias como panes, oigan. Lo mejor es que Daredevil recibe tanto como da, y eso le hace muy creíble como personaje), es el realismo tan salvaje de la historia. Básicamente, buena parte de Nueva York, y especialmente el barrio de la Cocina del Infierno, tras los acontecimientos de una de las películas de los Vengadores (si no entendí mal, que no estoy enterada de eso) ha quedado hecha trizas, y las grandes corporaciones ven una oportunidad de oro para hacerse con la reconstrucción de la ciudad y de paso forrarse aún más llevándose unas comisiones del copón, y realizando para ello una gentrificación descarada y brutal de los barrios más desfavorecidos. Para ello cuentan con los servicios de las mafias locales e internacionales, que por supuesto quieren sacar tajada, y en medio de todo esto está el misterioso Wilson Fisk. Daredevil, que quiere que su barrio deje de ser explotado y masacrado por esas mafias, se interpone en su camino... y ya no os puedo contar más, porque estoy a poco más de la mitad de la primera temporada, me he quedado en el capítulo 10 XD. Pero estoy enganchadísima y espero que podamos terminar pronto de ver las dos temporadas estrenadas hasta ahora. Seguro que luego engancharemos con Jessica Jones, ya puestos. Y con Luke Cage cuando la estrenen, que también tengo curiosidad, y eso que de ese personaje sólo sé que Nicolas Cage se puso su apellido artístico por él XD. La verdad es que Marvel se lo está montando muy bien en su alianza con Netflix.

En fin, ésta es por ahora mi experiencia con Netflix, bastante positiva. Aparte, también hemos visto otras cosas como Life is too short, una serie cómica del 2012 protagonizada por Warwick Davis (¡¡¡síiii, Willow!!!) absolutamente desternillante; desde entonces admiro aún más al pequeño actor y, sobre todo, ahora ya sé cómo se las gasta Ricky Gervais, del que sólo sabía que la había liado parda en unos Globos de Oro, y me declaro fan total suya. No os la perdáis, de verdad, es para partirte la caja de mala manera. También hay una sección interesante de documentales: estoy siguiendo Planeta Tierra, de la BBC y con David Attenborough como narrador... Por si eso os pareciera poco, encima cuenta con las imágenes más espectaculares que he visto en un documental hasta ahora. Sólo por ver los capítulos dedicados a las montañas y a las cuevas merece la pena, en serio. Y hay más cositas a las que ya les tengo echado el ojo...

Pues eso es todo por ahora. Espero que os haya parecido interesante y, si estáis pensando en apuntaros a Netflix, que os haya sido útil como guía. Por cierto, señores de Netflix, me gusta el jamón. Mucho. Y los bombones de chocolate belga, también.