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sábado, 16 de febrero de 2019

Ábrete de orejas


Ya sabéis que funciono a impulsos y la inspiración para escribir me viene por las vías más inesperadas. Mejor para vosotros, porque llevaba unos días pensando en escribir una perorata sobre nacionalismos y votaciones que no iba a aportar nada nuevo y eso que os ahorráis. En vez de eso, mientras escuchaba una canción de Alter Bridge y, como es habitual, flipaba con la voz de Myles Kennedy, se me ha ocurrido escribir sobre lo que yo llamo las voces polveras. Ya os podéis imaginar por qué las llamo así: servidora personalmente es muy sensible a las voces masculinas profundas y sugerentes. Ojo, el matiz de sugerente es importante: no todas las voces profundas y poderosas son polveras. Mi cantante favorito dentro del heavy metal es Ronnie James Dio, que me impresionaba y me emocionaba, pero no me resultaba excitante en ese sentido (y no porque fuera físicamente poco atrayente, eso es otra historia y además sobre gustos no hay nada escrito, que se lo digan a su mujer). También mi voz favorita en España era la de Constantino Romero y lo admiraba pero no por eso me lo habría zoscado :P. Por otro lado, no es que sea imprescindible que un hombre tenga una voz de locutor de radio de programa nocturno para que me atraiga, pero si la tiene ya lleva ganado un 50% mínimo en mi escala de follabilidad. Como me imagino que a muchas (y a muchos) os pasa lo mismo, voy a recrearme haciendo una lista de mis voces polveras favoritas, tanto de actores como de cantantes y otras profesiones en las que la voz es una herramienta fundamental, y así la gozáis vosotros también. ¡Disfrutadla! 

ALAN RICKMAN. Qué puedo decir, aparte de llorar amargamente cada vez que me acuerdo de que ya no está entre nosotros. La profundidad de su voz, la maestría con que la manejaba, la infinidad de matices que desplegaba… Tenía un talento enorme para la actuación y su voz fue el instrumento perfecto para expresarlo. Con esa voz, ese talento y esa humanidad que desprendía no tenía la más mínima importancia que no tuviera una belleza canónica. Teniendo a Alan Rickman nadie necesita un Brad Pitt. Además, contaba con el mérito añadido de que había trabajado esa voz precisamente para superar la tartamudez que sufrió durante su infancia, y el resultado fue extraordinario. Así que nadie más que él podía ser la voz del mismísimo Dios:



DAVID COVERDALE. Las cosas como son, David Coverdale no ha sabido llevar muy bien el paso de los años y ahora mismo es un ejemplo de aquel meme de “señores que de mayores parecen señoras” de tanto como se ha estirado. Pero en su momento este hombre era un auténtico mojabragas por derecho propio. Según la ocasión y la canción, puede ponerte un nudo en la garganta o hacerte explotar los ovarios, pero si no reaccionas de ninguna manera es que no tienes alma:



PAUL SHORTINO. “¿Quién?”, diréis la mayoría. Pues este señor fue el cantante que sustituyó a Kevin DuBrow al frente de Quiet Riot, uno de esos grupos heavies ochenteros de los que prácticamente sólo me acuerdo yo :P. Muchos de sus fans rechazaron este disco porque iba en una línea más sofisticada que la habitual, pero se trataba de un disco notable con auténticos temazos. En particular, el tema que abría el disco era un auténtico goce auditivo que me hacía entrar en éxtasis, porque la voz de Paul Shortino lucía su cualidad polvera al máximo. Escuchad, que no os arrepentiréis:


ASIER ETXEANDÍA. Lo de este hombre es sobrenatural. No es sólo que sea un gran actor y que esté buenísimo. Es que encima canta de ponerte los pelos y todo lo demás de punta. Tiene una voz preciosa, potente y ligeramente rota que en directo suena como un cañonazo. Tuve la gran suerte de poder verle en su gira de “El intérprete” y es una de esas cosas que no olvidaré mientras viva. Es puro sexo:


RAMÓN LANGA. No podía faltar, por supuesto. La voz de este hombre debería ser proclamada patrimonio nacional y Bruce Willis debería darle gracias todos los días porque seguramente le debe gran parte de la admiración que le profesan sus fans en España:



PETER STEELE. El cantante de Type 0 Negative no sólo era un impresionante armario de 2x2, es que tenía una voz que qué voz, QUÉ VOZ. Y componía unas canciones cojonudas, por supuesto. Así que es oírle y ponerme como una moto. Lástima que se fuera demasiado pronto :'(. 


TOM HIDDLESTON: no podía haber otro Loki mejor que él, porque roba todas las escenas de las películas Marvel en las que aparece. Pero ha hecho otros muchos papeles en los que nos roba el corazón y el aliento, entre otras cosas, porque tiene una voz tan extraordinaria y la modula tan bien que consigue que resulte sexy incluso recitando teoremas matemáticos. ¿No me creéis?:



MYLES KENNEDY. Aunque podría incluir unos cuantos más, cierro ya la lista antes de que se haga demasiado larga con el cantante que citaba al principio y que ha motivado esta nueva entrada del blog. Lo escuché por primera vez en el último festival al que fui hace ya unos años, un Sonisphere en Getafe en el que una de las cabezas de cartel era Slash con su banda. No esperaba gran cosa, pero resultó que a Slash no le hacía falta para nada que le acompañara Axl Rose, porque contaba con un cantante cojonudo que lo mismo se lucía con las canciones del repertorio de Slash en solitario que bordaba las canciones de Guns´n’Roses, porque él lo valía. Salí encantada de aquel conciertazo, pero luego no tuve tiempo de andar investigando quién era ese cantante que tanto me había impresionado. Por casualidad, unos años después oí una canción de Alter Bridge, flipé, investigué y descubrí que su cantante era el mismo con el que había disfrutado tanto en aquel concierto de Slash y me enamoré definitivamente de su voz. Hacía tiempo que no escuchaba una voz con tanta potencia y sentimiento a la vez. El próximo mes vuelve a Madrid con Slash y me temo que me lo voy a perder porque estoy fatal de dinero y de tiempo, sniffff. Pero seguiré disfrutando de sus canciones, aunque sean grabadas. (Aunque si me regaláis la entrada y me pagáis una canguro para la noche que actúan, no os voy a decir que no :P). Disfrutadlo vosotros también:
 

viernes, 15 de enero de 2016

Y la Voz calló

Todos los que habéis leído a Terry Pratchett sabéis que uno de sus mejores personajes, si no el mejor, es Muerte. Pratchett consigue que, a pesar de su desagradable tarea, nos caiga bien y la comprendamos, gracias a su fenomenal manejo del humor paradójico y del desarrollo del personaje. Pero en la vida real la muerte es mucho menos humana que la de Pratchett y a veces se ensaña. Este último mes aproximadamente parece que se ha tomado demasiadas bebidas energéticas y está que se sale: el 28 de diciembre murió Lemmy Kilmister, al que creíamos inmortal por eso de que era Dios, pero se ve que la muerte es seguidora de Nietzsche; el 10 de enero le tocó el turno a David Bowie, con el que la mayoría nos llevamos idéntica sorpresa, y ayer, 14 de enero, nos llevamos otro mazazo con la desaparición de Alan Rickman. Los tres, en casi idénticas circunstancias: a causa del cáncer y alrededor de los 70 años. Como si a la Parca le hubiera dado por hacerse un álbum de cromos con personajes célebres anglosajones de la misma quinta. No, esta Muerte no nos cae bien.

En los tres casos, me dio pena por ellos. Lemmy era un referente en el mundo del heavy metal, un superviviente nato y probablemente uno de los tipos más libres de este planeta. David Bowie era todo un icono para varias generaciones, uno de los mayores genios de la música pop y también disfruté de su música y de sus actuaciones esporádicas pero bien dosificadas en el cine desde la adolescencia. Pero, por motivos y preferencias personales, la que más me ha dolido ha sido la muerte de Alan Rickman. 
El Hombre. Arf.

Para millones de personas, Alan Rickman es y siempre será Severus Snape. Es lógico e irreprochable, fue el papel que le dio auténtica fama mundial por el alcance de la historia de Harry Potter y así quedará para la historia del cine. Yo misma tomé conciencia de la excelencia de ese actor gracias a la perfecta encarnación que logró del personaje de J. K. Rowling. Parecía nacido para él, y eso que antes se barajaron otros nombres, como Tim Roth, por ejemplo, que habría hecho un Snape más que correcto, sin duda. Pero después de ver a Rickman, nadie puede concebir a otro Snape que no sea él. Sin duda, gracias a su interpretación el personaje consiguió muchos más fans de los que habría ganado sólo por medio de los libros del niño mago. No sólo por la simbiosis que se produjo entre él y el personaje, sino sobre todo por el carisma y el magnetismo que Rickman desprendía de forma natural y con los que impregnaba a todos los personajes que encarnaba. Porque el caso es que, aunque casi todos reparamos en este gran actor cuando apareció en Harry Potter y la piedra filosofal, también pensamos: "este hombre me suena de algo". Y antes o después nos dimos cuenta de que ya había aparecido en películas que habían marcado nuestra infancia y juventud: se hizo famoso para el gran público interpretando a Hans Gruber, el sarcástico y elegante villano que se las hacía pasar canutas al mismísimo Bruce Willis en La jungla de cristal. Poco después, en un papel absolutamente histriónico y divertidísimo, le robaba planos sin recato a Kevin Costner como el sheriff de Nottingham en Robin Hood, príncipe de los ladrones. Pero ésa no era más que la punta del iceberg: por supuesto, Rickman no salía de la nada, sino que se había formado en la prestigiosa Royal Academy of Dramatic Art (RADA) y llevaba décadas curtiéndose como actor en la escena inglesa, lo que ya sabemos que son palabras mayores en el mundo de la interpretación. 


Yo llevaré el pelo cardado, pero tú estás cartoniano, Kevin...
 
Gracias a ese bagaje, a su talento natural y a una voz prodigiosa que, irónicamente, en parte debía a sus esfuerzos por superar una disfunción del habla que sufrió en su infancia, se fue labrando una reputación más que merecida que le hizo ser valorado por la industria de Hollywood como el actor ideal para interpretar a villanos carismáticos y después a todo tipo de personajes, principalmente en la cinematografía anglosajona, pero también en múltiples papeles en películas hollywoodienses. En éstas no solía ser el protagonista, pero ni falta que le hacía, porque cada vez que salía en pantalla se apropiaba de la escena. En el Reino Unido, menos prejuiciosos al respecto y por supuesto más conscientes de que tenían un tesoro nacional, muchos directores de primera fila contaron con él en papeles protagonistas. Obviamente, la fama mundial que le dio Severus Snape le supuso el espaldarazo definitivo y ganó millones de fans por todo el orbe. Así, le pudimos ver como un Rasputín enérgico e irresistible en una película sobre la vida del controvertido monje ruso (en la que, por cierto, coincidió, como ocurriría más veces, con Ian McKellen); como el marido de Emma Thompson en Love Actually; como el adorable coronel Brandon en Sentido y sensibilidad, donde como tantas otras veces volvería a coincidir con la Thompson, a la que le unía una gran amistad; como el patéticamente divertido Alexander Dane de Galaxy Quest, una entretenida parodia de Star Trek; como Eamon de Valera, el rival de Michael Collins en la película homónima; como Antoine Richis, el atribulado padre de la jovencita objeto de deseo del protagonista de El perfume; como el corrupto juez Turpin que le amarga la vida a Johnny Depp en Sweeney Todd (y donde demostraba que cantar tampoco se le daba mal); o como el genial Metatrón en Dogma, de Kevin Smith, un papel que me es especialmente querido porque deja ver el gran sentido del humor que este hombre lucía en la vida real y porque lo ganó por derecho gracias a esa espléndida voz que fue la causante de que rara vez haya vuelto a ver las películas de Harry Potter en otra versión que no sea la original. Escuchad, escuchad la voz del mismísimo Dios si no lo habéis hecho antes, y juzgad vosotros mismos:

 

Por supuesto, donde os podéis deleitar a gusto es con su interpretación de Severus Snape, en la que demostraba su saber hacer a la hora de manejar esa voz, impregnándola de esa ironía con que repartía su impecable desprecio a todo el mundo, aunque reservaba sus mejores registros para el niñato con gafas:

Atención especial al minuto 1:13. Ese "Mr. Potter... our new celebrity" es absolutamente impagable.

Esa misma voz le valió también para conseguir papeles en los que él no aparecía en persona pero doblaba a personajes tan variopintos como el depresivo y achuchable Marvin, el robot de Guía del autoestopista galáctico, la oruga de la Alicia de Tim Burton (por cierto, en la segunda parte que se estrena este año será la última vez que escuchemos su voz) o el malvado Joe de la película de animación ¡Socorro, soy un pez! En fin, hizo infinidad de papeles en muchas más películas menos conocidas pero también muy estimables, como El beso de Judas, La isla de la niebla, y también hizo sus pinitos como director en El invitado de invierno y A Little Chaos

Ays. No me digáis que no os daban ganas de collejear repetidamente a Kate Winslet cada vez que lo friendzoneaba en Sentido y sensibilidad.


Así que, recordad: Alan Rickman será para siempre Severus Snape, sí, pero también es mucho, mucho más: un genio de la actuación y, según testimonio unánime de todos los que le conocían, una gran persona que derrochaba, además de talento, bonhomía y un espléndido sentido del humor. Por todo esto, y porque su pérdida me ha dolido especialmente, es por lo que necesitaba dedicarle esta entrada en el blog. Espero que no se os haya hecho muy pesada; ya sabéis que soy una rollista, sobre todo con lo que me entusiasma. Y Rickman se merecía todo el entusiasmo del mundo.

Descansa en paz, Alan. Hasta luego, y gracias por tus películas.